ANDARES POLÍTICOS: México: el doble semáforo rojo

Benjamín TORRES UBALLE

Teñida de doble rojo permanece la república mexicana, no sólo por la violencia que el gobierno, en todos sus niveles, ha sido incapaz de erradicar, sino que ahora se reafirmó ese color por el semáforo que las autoridades sanitarias establecieron en el país como consecuencia de la pandemia desatada por el SARS-CoV-2. Por cierto, un semáforo que varios gobernadores amenazaron con ignorar.

Concluida la jornada de “sana distancia” el pasado 30 de mayo, la gente, comercios e industrias están ávidos de reintegrarse a una “nueva normalidad”, normalidad que está muy lejos del concepto y práctica que la población tenía hasta antes de la crisis sanitaria. La dudosa información que transmiten las instancias gubernamentales cada noche, profundiza las inquietudes de la sociedad.

Si las autoridades de Salud federal han reiterado que a excepción de Zacatecas, todo el país se encuentra en el supuesto del “semáforo rojo”, con los contagios y fallecimientos por la Covid-19 en su máximo nivel, resulta incomprensible, desde el punto de vista médico, que ciertas actividades no esenciales arranquen este lunes primero de junio. Esto es sólo explicable desde la óptica económica.

Las armadoras de autos reanudarán operaciones debido a las presiones del gobierno estadunidense que vio interrumpida la cadena de producción de su industria automotriz. En tanto las cerveceras también recibieron luz verde para continuar producción y venta del codiciado producto. Al mismo tiempo, el castigado ramo de la construcción podrá reanudar actividades, igual que la minería.

Es obvio que la ciudadanía no puede estar encerrada en sus casas de manera permanente, pocos lo soportarían. Es imprescindible volver al trabajo, a las actividades productivas de cada quien, pues cada día que transcurre, la economía en la mayoría de los hogares se erosiona rápidamente, de manera especial y peligrosa en aquellos que viven al día o perdieron su fuente de ingresos.

Al gobierno se le ha criticado con insistencia el manejo errático e inapropiado de la crisis causada por la nueva versión del coronavirus. Especialistas en epidemiología persisten en advertir que no es momento de relajar las medidas para prevenir los contagios ya que aún estamos en la etapa de crecimiento, pero todo indica que a la administración morenista ya claudicó ante el empuje social.

Pero ha sido el propio presidente de México, quien decidió aprovechar el fin del  “aislamiento social” y se marchó por carretera a Cancún para regresar a su actividad  favorita: los mítines a modo y banderazos o inauguraciones de obras; es decir, retomar su interminable campaña electoral.

Los números en las encuestas recientes no son precisamente los mejores para Morena y Andrés Manuel López Obrador; se entiende, hay mucha inconformidad en el pueblo bueno por los severos días de “aislamiento” y los miles que se quedaron sin trabajo. AMLO lo sabe y está con plena conciencia de que todo ello redundará necesariamente en las urnas el próximo año.

Muchas presiones aumentarán exponencialmente para el tabasqueño –las de los gobernadores, entre otras- en esta coyuntura sanitaria y política. Adversarios y malquerientes huelen la oportunidad de disminuir la imagen y popularidad del Presidente. Por lo pronto, el llamado movimiento FRENA (Frente Nacional contra Andrés Manuel López Obrador) convocó a una protesta automovilística en la ciudad capital que se realizó este sábado la cual se extendió  a 62 ciudades de México y EE.UU. El objetivo: exigir la renuncia de López Obrador (Proceso https://bit.ly/2TXjurP).

El golpeteo hacia el máximo líder de Morena cada vez será mayor conforme se acerque el inicio del proceso electoral rumbo al 2021 y aunque él ya respondió a sus “adversarios” diciéndoles que “no coman ansias” pues la revocación de mandato es hasta el 2022 y “(…) no voy a estar en el gobierno si el pueblo no me apoya, si el pueblo no me respalda”, el complicado entorno político, económico y social apremia, como nunca antes, la gestión gubernamental de López Obrador.

Da la impresión de que el titular del Ejecutivo cedió sin remedio a la urgencia de reactivar la economía que ha devastado casi un millón de empleos formales y con ello las finanzas y seguridad de otros tantos hogares. La base electoral de AMLO ha sido drásticamente golpeada por los efectos de la pandemia y esto no garantiza el valioso sufragio que permitiría, en principio, conservar la estratégica mayoría en la Cámara de Diputados. El sagaz político lo sabe, por eso salió de gira.

Resulta evidente, de acuerdo a los números oficiales, que la pandemia en México está lejos de alcanzar su punto máximo, algunos modelos matemáticos estiman que esto pudiera suceder alrededor del 27 de junio; mientras, los muertos por la Covid-19 totalizaron este domingo 10 mil y los contagiados confirmados superan ya 90 mil. El camino es aún muy tortuoso para los mexicanos.

Si para la mayoría de los ciudadanos la pandemia ha resultado un auténtico infierno que está lejos de terminar, para el presidente López Obrador las cosas no son diferentes. Tiene muchos frentes abiertos que debe solucionar de buena manera so pena de que el paso de Morena por el poder sea efímero. Si bien hay muchas voces que piden su renuncia, aún tiene el tiempo para corregir y enmendar el camino, pero para ello necesita aplicar un golpe de timón y la voluntad de escuchar.

@BTU15

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