ANDARES POLÍTICOS: México, ¿un paraíso de “tranquilidad, armonía y gobernabilidad”?

Benjamín TORRES UBALLE

En plena incertidumbre mundial causada por la aparición del coronavirus, México tiene sus propias y grandes preocupaciones. La violencia es, sin duda, más que un muy fuerte dolor de cabeza para los ciudadanos, sencillamente es la principal mortificación de todos los estratos sociales. Desde luego que existen excepciones al respecto. Magnates, políticos, funcionarios y quienes puedan pagar seguridad privada, ven reducido de manera significativa el riesgo de un acto violento.

Pero no es el caso para el grueso del llamado “pueblo y sabio” que se juega la vida todos los días al salir de un banco, de un cajero automático, en el transporte público, en un restaurant, comercio, o simplemente en las calles. Los criminales acechan en cada esquina ante la ineficacia gubernamental.

Ya no hay asombro por la frecuencia con la que en la república mexicana se cometen toda clase de ilícitos. La barbarie por tanta sangre, muertos, asaltos, narcobloqueos, ejecuciones, extorsiones, levantones y las actividades del llamado crimen organizado tienen postrado a México en un infierno.

2019 se convirtió en el año más violento del que se tenga memoria en tiempos modernos. La inercia que venía desde gobiernos anteriores, acentuada en la administración calderonista y continuada por el peñismo no pudo ser revertida por el nuevo gobierno morenista. Entre su manifiesta incapacidad para planear una estrategia eficiente y el afán de culpar ociosamente también por ello a sus antecesores, influyó para que la incidencia delictiva se elevará a niveles de terror.

Lo mismo caen periodistas bajo las balas, que políticos, activistas, deportistas, artistas y lamentablemente, gente de a pie, esa que trabaja duro para sobrevivir en un país que los tiene atrapados en la pobreza y en una desigualdad que también mata. Es la realidad de una nación devorada a grandes trozos por la violencia e inseguridad, pero igualmente por la ineptitud, demagogia, cerrazón, voracidad y caprichos de quienes hoy ostentan el poder pero lo ejercen de modo irresponsable y desastroso. Nada más triste y decepcionante que atestiguarlo.

Presenciar una especie de circo provinciano donde se rifará un avión luego de haber fracasado estrepitosamente durante un año para venderlo, es una pérdida de tiempo y un distractor del tamaño del Universo. Que el titular del Ejecutivo federal dedique horas de su valioso tiempo a promocionar, justificar y pelearse con aquellos que lo critican por la dichosa rifa, es un despropósito.

Si la economía, está demostrado con datos del INEGI, retrocedió el año pasado 0.1% en lo que puede considerarse una recesión técnica, es imposible decir que se tienen otros datos. El desarrollo requiere, obligadamente, recursos para impulsarlo. Si no se genera la riqueza para distribuirla, pronto no habrá dinero público para seguir regalándolo o destinándolo a proyectos inviables.

Para el Presidente “No hay un ambiente en México para conflictos, hay una atmósfera de tranquilidad y de armonía, hay gobernabilidad”, de esto se infiere entonces que no está enterado  de que en 2019 -su primer año de gobierno- se registraron 2,015,641 delitos, según cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, es decir, unos 5,522 actos criminales diarios. Las cifras, por contundentes, sepultan el injustificado optimismo presidencial.

Resulta imposible hablar de tranquilidad, armonía y sobre todo, de gobernabilidad, si lo sucedido en Culiacán el año pasado mostró lo contrario, si en la UNAM la insistencia por sembrar la anarquía y reventar a la máxima casa de estudios del país es evidente, si maestros de la CNTE bloquean vías del ferrocarril cuando se les pega la gana, incluso, si tres destacados miembros del Cartel de Sinaloa escapan del Reclusorio Sur bajo el manto protector de las autoridades y custodios del penal.

Igualmente es utópico presumir gobernabilidad si en la Ciudad de México las extorsiones a comerciantes del Centro Histórico, de la Condesa, la Roma o Polanco se convirtieron en un tributo paralelo a los fijados por el Estado. Y las extorsiones telefónicas desde las cárceles ahí siguen, erosionando las economías familiares de las víctimas y trastocando el sosiego de la gente.

Desde luego que está muy lejos de la verdad afirmar que hay tranquilidad en México, si, por ejemplo, Guanajuato dejó de ser el estado apacible para convertirse en un campo de guerra, en una carnicería donde las muertes dolosas es una rutina macabra impuesta por los grupos criminales que cada día muestran su poderío a punta de balas sin que el gobierno federal y estatal logren frenar la atrocidad.

Y como Guanajuato, hay más regiones donde el Estado de derecho es una quimera. El Estado de México, Tamaulipas, Chihuahua, Baja California, Guerrero y la propia Ciudad de México bien caben en tan ignominioso listado. El señor presidente está convencido de que en el país de todos, prevalece la gobernabilidad, armonía y tranquilidad; desde luego que respetamos su punto de vista, aunque una parte muy amplia de los 130 millones de ciudadanos tenga “otros datos”.

@BTU15


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