ANDARES POLÍTICOS: Mujeres mexicanas: ¿el Waterloo del Presidente?

Benjamín TORRES UBALLE

De manera sistemática, Andrés Manuel López Obrador ha mostrado de manera abierta una actitud misógina desde que asumió el poder en México. Al Presidente le resulta muy difícil ocultar que las mujeres no son prioridad en su agenda de gobierno. No obstante que actualmente existen nueve secretarias de Estado. El menosprecio es evidente y está a flor de piel en el titular del Ejecutivo.

Ya lo aclaró el 6 de marzo del 2020, previo al Día Internacional de la Mujer, que reunió en diversas marchas a cientos de miles en la República, en las que también participaron hombres: no soy feminista, “soy humanista”. Ahí quedó plasmada la impronta del inocultable desdén presidencial. México es un país donde en promedio se cometen 10 feminicidios al día, según organismos feministas y protectores de los derechos humanos; la ONU es uno de ellos (bit.ly/2PGAXWk).

Asegura respetar a las mujeres, pero tal afirmación no es sino una desgastada y demagógica frase de López Obrador. En los hechos, el profundo desaire incide a que la violencia en contra de niñas, jóvenes, adultas y hasta adultas mayores no cese. Al contrario. Los feminicidios en lo que va del sexenio obradorista aumentaron, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. En 2018, último año de la administración del priista Enrique Peña Nieto, dichos asesinatos totalizaron 893. Ya con AMLO, en 2019 sumaron 943 y 939 en el 2020.

Han sido muy desafortunadas las declaraciones de López Obrador cuando se refiere a los movimientos feministas que protestan en contra del ensañamiento hacia ellas y la falta de seguridad por parte de las autoridades, obligación que, por cierto, es un mandato ineludible señalado en la Constitución, el cual no se ha cumplido. Una omisión grave e inmoral que tiene responsables.

Las descalificaciones del tabasqueño a tales exigencias son recurrentes. Pone en duda la legitimidad de las mismas, arguye que detrás están los conservadores, los fifiís, los enemigos de su gobierno; también quienes se oponen a su imaginaria transformación de México. Así, con una vasta cantidad de excusas y palabrería, en lugar de acciones concretas y positivas a favor del sector femenino, el Presidente intenta evadir la responsabilidad que tiene con 64.5 millones de mujeres que representan nada menos que 51.2% de la población total en la república mexicana.

El pernicioso ejemplo del presidente de México respecto a las mujeres, es secundado por ciertos funcionarios y políticos serviles que, en aras de quedar bien, también desprecian, ofenden y agreden a las ciudadanas que se atreven a protestar por una negligencia del gobierno en sus tres niveles. Si bien no es aceptable que grupos perfectamente identificados por las autoridades, cometan desmanes y vandalicen bienes públicos o privados, los movimientos feministas son, en esencia, absolutamente legítimos, justos, además de imprescindibles ante un gobierno que no los escucha.

Y tan no los escucha, ni desea verlos, que la muestra más concreta e incontrovertible es el “amurallamiento” que, en víspera de la marcha del próximo lunes en que se conmemorará el Día Internacional de la Mujer, hizo el gobierno en torno al Palacio Nacional –ahí, donde vive espléndidamente Andrés Manuel López Obrador- y demás edificios públicos.

Cuando un gobierno debe esconderse tras una serie de vallas para recurrir al grotesco y vergonzoso “ni los veo, ni los oigo”, al más puro estilo del priismo –donde se formó el hoy Presidente-, exhibe su miedo patológico al sector mayoritario del “pueblo bueno”, ese al que tanta referencia hace López Obrador y con el cual tiene una enorme deuda, que cada día aumenta.

Con muchos y muy graves problemas por solucionar a cuestas – pandemia, inseguridad, crisis económica, desempleo, negocios quebrados, masacres, pleitos con la prensa, polarización social- el presidente López Obrador decidió, en un monstruoso error político y personal, defender a capa y espada a un infame incondicional que ansía ser gobernador de Guerrero.

Sostener desde la investidura presidencial, la abyecta candidatura de Félix Salgado Macedonio, un presunto violador, es, en los hechos, una afrenta más y una abierta provocación a las mujeres de todo el país. De este tamaño es la calidad moral de quienes se vanaglorian respetar a las mexicanas.

Pero en política, como en tantas cosas de la vida, todo tiene consecuencias. El brutal yerro que está cometiendo Andrés Manuel López Obrador no pasará desapercibido en su quimérico y febril deseo de trascender como uno de los mejores presidentes de México. La historia no se equivoca y señalará con precisión el trato erróneo, injusto e inmoral que da a sus gobernadas.

La factura ciudadana se cobrará el próximo 6 de junio. Mientras, este lunes #8M, los gritos de miles de mujeres y la sangre indeleble de las víctimas de feminicidios en todo el territorio nacional, que claman justicia, sólo justicia, retumbarán hasta lo más recóndito de Palacio Nacional y de la conciencia de un abrumado Andrés Manuel López Obrador que se dirige a un Waterloo femenino.  

@BTU15

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