ANDARES POLÍTICOS: No un dictador, sino dos

Benjamín TORRES UBALLE

Un dictador no bastó para profanar el suelo de la gran patria mexicana. Además del repulsivo Miguel Díaz-Canel, a última hora arribó el repudiado autócrata venezolano, Nicolás Maduro, para participar en la cumbre de la Celac celebrada en Palacio Nacional. El par de sátrapas son ofensa para México.

Ninguno de esos abyectos tiranos son bienvenidos en la república mexicana. El dolor y la sangre de sus víctimas les escurre de forma abundante por las manos. Son auténticos verdugos de sus pueblos a los que han llevado a la miseria, a padecer hambruna, a pauperizar el nivel de vida. Con sus demenciales afanes para eternizarse en el poder, arrasaron con la democracia y las libertades.

Díaz-Canel y Nicolás Maduro encarnan a plenitud la vileza humana. Gobiernan a punta de terror y si es necesario, con balas. En el eje diabólico al que pertenecen, se protegen y procuran; tratan de ayudarse unos a otros y tienen como enemigo común al “imperio estadunidense” al que culpan del origen de todos sus males. En tanto, dichos autócratas y sus familias viven como reyes en palacetes.

La incongruencia es otra de sus tantas virtudes. Hablan de progreso y bienestar para sus pueblos pero los matan de hambre, aniquilan las libertades, socavan las instituciones, terminan con la libertad de expresión, someten a los opositores y practican con fervor su doctrina favorita: la represión. Así es el comportamiento ruin de los infames dictadorzuelos de Cuba y Venezuela.

Por eso no extraña que en la referida cumbre de la Celac ambos autoritarios recurran a justificaciones falaces con tal de victimizarse ante la comunidad internacional. Sistemáticamente lo hacen Díaz-Canel y Maduro al precisar que las sanciones y condenas del exterior son una “campaña de descrédito”. Empero los millones de cubanos y venezolanos que han huido de sus países son muestra fehaciente del peligro y desesperanza de permanecer bajo la bota de aquellas dictaduras.

Más aún, Maduro y Díaz-Canel no sólo son repudiados, sino que carecen de legitimización ante otras naciones y sus respectivos líderes, y así se los hicieron saber puntualmente los presidentes de Uruguay y Paraguay durante la cumbre de este sábado.

» Mi presencia en esta cumbre, en ningún sentido ni circunstancia, representa un reconocimiento al gobierno del señor Nicolás Maduro. No hay ningún cambio de postura de mi gobierno y creo que es de caballeros decirlo de frente», afirmó Mario Abdo Benítez, presidente de Paraguay ante las miradas incómodas del canciller Marcelo Ebrard y del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Luego, el mandatario paraguayo lanzó un misil a más de un participante en la reunión:

“La legitimidad democrática se da no sólo por acceder al poder a través de las urnas, sino construyéndola día a día, en el ejercicio del poder, honrándola con nuestro actuar, no inmiscuyéndonos en otros poderes, no manipulando la justicia para perseguir a quienes piensen diferente a nosotros”. Muchos de los presentes pasaron saliva, y se removieron en sus asientos.

Tras de su lapidario discurso, Mario Benítez abandonó Palacio Nacional. El que entendió, entendió.

Sin embargo las incomodidades para AMLO y Ebrard no terminaron ahí, llegó el turno del mandatario uruguayo Luis Lacalle Pou y también arremetió en contra de la dupla diabólica Madero-Díaz-Canel.

“Cuando uno ve que en determinados países no hay una democracia plena, cuando no se respeta la separación de poderes, cuando desde el poder se usa el aparato represor para callar las protestas, cuando se encarcelan opositores, cuando no se respetan los derechos humanos (…) debo decir con preocupación, que vemos gravemente lo que ocurre en Cuba, en Nicaragua y en Venezuela”.

Desde luego que el muy indignado Díaz-Canel respondió con una serie de falsedades que intentaron negar lo evidente. Pero el golpe demoledor estaba dado ante el berrinche del “delicadito” dictador.

Obvio que estas cosas se salieron del script palaciego donde se esperaba que todo fuese miel sobre hojuelas y se arropara de manera unánime a una pareja de granujas que bien debería pagar por sus crímenes de lesa humanidad. Los dos impresentables, más allá de que en algún momento rendirán cuentas por sus crímenes y la historia habrá de juzgarlos sin contemplaciones, mancillaron el territorio mexicano, sitio donde jamás debieron ser aceptados por el gobierno obradorista.

Si los anhelos de López Obrador son liderar en América, no es invitando y consintiendo a déspotas como va a lograrlo. Está en el camino equivocado y es tiempo de corregir… si lo desea.

STATU QUO

Tal parece que los sueños guajiros de socavar a la OEA fueron desactivados desde Washington. Sólo hay que voltear hacia Argentina para ver la crisis que “casualmente” le estalló a Alberto Fernández; además, la “extraña” ausencia de los presidentes de Brasil, Chile y Colombia. ¿Casualidades?

Por cierto, AMLO acostumbrado a ser el centro del protagonismo, fue opacado por sus funestos invitados Maduro y Diaz-Canel. Por momentos se le vio con el rostro desencajado.

@BTU15

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