ANDARES POLÍTICOS: Poncho Romo, otro “ponchado” en Palacio

Benjamín TORRES UBALLE

Alfonso Romo Garza es uno de los fieles creyentes en el sermón de Andrés Manuel López Obrador. Acompañó el proyecto político que colocó al tabasqueño de manera abrumadora en el poder. Pero a la euforia de la campaña presidencial, del triunfo aplastante, de las multitudes delirantes que aclamaban a López Obrador, siguió la realidad: una realidad muy diferente a las altas expectativas.

El desencanto no tardó en llegar. Romo aseguró a empresarios e inversionistas que sin importar el resultado de la “consulta”, la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco continuaría. Sucedió lo que todo mundo sabe: una encuesta patito fue el pretexto presidencial para tumbar el proyecto.

Desde ese momento, la imagen del jefe de la Oficina de la Presidencia quedó en entredicho. Había incumplido su palabra porque su jefe se empecinó en dar al traste con una obra necesaria para el país donde ya se habían invertido miles de millones de pesos. El mensaje a los inversionistas nacionales y extranjeros encendió las alarmas. Desde Palacio Nacional se podía atentar en contra de los acuerdos, de los contratos establecidos, igual que en las peores naciones tercermundistas.

Pero eso representó sólo el primer paso de un camino inextricable para el acaudalado empresario metido a la política. Los constantes pleitos, insultos y descalificaciones de López Obrador a la clase empresarial, a la que calificó de” minoría rapaz”, empezaron a socavar rápidamente el pretendido puente entre el Presidente y los empresarios; también, la credibilidad de Alfonso Romo.

Miembro de la élite empresarial, Romo Garza sabe que la victoria del candidato López Obrador en julio de 2018 se dio sin el apoyo de los grandes empresarios mexicanos, pero está consciente que sin ellos es harto complicado gobernar. Por ejemplo, se estima que, en conjunto, la iniciativa privada genera alrededor del 80% de la actividad económica nacional, tiene aproximadamente 70% de los empleos formales y contribuye con al menos 50% del PIB. Por lo tanto, un sector indispensable.

Desde luego que nadie está de acuerdo en que haya abusos de la clase empresarial. Muchas de las grandes fortunas en el país se han hecho a través de conductas cuestionables en contubernio con integrantes del poder en turno. El contratismo ha enriquecido a muchos empresarios y políticos.

No obstante, es desafortunado, y políticamente un suicidio, que se aplique a rajatabla el mismo trato a todo empresario por el simple hecho de serlo. Es imperativo separar y hasta castigar, si se tienen pruebas, a quien transgreda la ley –como las manufactureras-, evada el pago de impuestos o utilice estrategias perniciosas que afecten a los trabajadores. Eso debe sancionarse sin excusa.

Empero, no obstante la relevancia de la actividad empresarial en la vida de la República, la tirria del presidente López Obrador, acrecentó el distanciamiento hasta grados de rompimiento. Las consecuencias llegaron pronto: en 2019, primer año de la administración lopezobradorista, el PIB fue negativo en 0.1%, lo cual no ocurría desde el 2009. La economía experimentó el craso error.

Y en el desencuentro presidente-empresarios, Alfonso Romo era el pagano. Quedaba en medio de la reyerta sin poder convencer al mandatario de la imprescindible importancia empresarial para sacar del abismo económico –que va de la mano del social- a México; el efecto es que involuntariamente dejó de ser el interlocutor que la cúpula de empresarios creyó ver en él.

Entonces el Jefe de la Oficina de la Presidencia hubo de soportar el desdén de los organismos empresariales y la grilla interna en Palacio Nacional. Hombre bien intencionado, a Romo se le terminó demasiado rápido su vasto capital ganado desde 2012 con AMLO. Sin desearlo, se convirtió en otro florero de los varios que hay en el Gabinete. Pero el hartazgo explota e hizo imposible que “Poncho” se guardará una lapidaria crítica a su jefe y amigo:

“No podemos manejar un país que está decreciendo a 9%, como si estuviéramos creciendo a 9%”, afirmó durante la inauguración de la XLII Convención del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas, el pasado 19 de noviembre.

Dos semanas después, casualmente, el presidente López Obrador, anunció la salida de Alfonso Romo. Todo indica que, a diferencia de lo sucedido con las renuncias de Carlos Urzúa, en Hacienda; de Germán Martínez al IMSS y de Víctor Toledo a la Semarnat, donde hubo severas críticas al gobierno de AMLO, la relación terminó en buenos términos, pues Romo, dijeron, seguirá como enlace con la IP. Por lo pronto, usando el lenguaje presidencial: a Pancho Romo lo batearon.

STATU QUO

El repunte en los contagios por Covid-19 está imparable. Las cifras a nivel nacional en las últimas semanas muestran la terrible realidad. Algunos estados han tenido que regresar al color rojo del semáforo epidemiológico; en la Ciudad de México las cifras son de terror. Aun así, el presidente López Obrador se atreve a decir, una vez más, que el cubrebocas no es indispensable.

@BTU15  

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