Benjamín TORRES UBALLE
Ha dicho el papa Francisco que viene a México como misionero de paz. Al ser el líder de la Iglesia católica, ésa es una de las tareas fundamentales que debe privilegiar. Sin embargo, es innegable su enorme influencia política y social en todo el mundo, incluso en aquellas naciones que se dicen alejadas del Vaticano. Toda gira del Pontífice genera efectos, a los cuales hay que estar atentos.
El enorme carisma y habilidad del obispo de Roma no lo ha exentado de ciertos “roces” con algunos países, tal como sucedió con México en febrero del año pasado, cuando preocupado por el aumento del narcotráfico en Argentina, mediante correo electrónico, comentó a un amigo: “Ojalá estemos a tiempo de evitar la mexicanización. Estuve hablando con algunos obispos mexicanos y la cosa es de terror”. La sinceridad del Papa –quizás políticamente inapropiada para algunos– generó una nota diplomática y llevó a que no pocos “ofendidos” en el gobierno federal se rasgaran sin dilación las vestiduras. La verdad, efectivamente, no peca, pero incomoda… y mucho.
Superado ese impase, la insistencia de la jerarquía católica mexicana para que el vicario de Cristo viniera a México arreció de manera significativa. No se podía comprender por qué uno de los bastiones del catolicismo había sido excluido de los viajes papales cuando en el pasado fue de los preferidos, sobre todo de Juan Pablo II. No obstante, las razones estaban, y siguen estando, a la vista.
Por ejemplo, la ola de violencia en la republica mexicana es un infierno que flagela cotidianamente -desde hace años- a la población: delincuencia organizada, ríos de sangre, secuestros, extorsiones, robos, fosas clandestinas, corrupción e impunidad son tal vez algunas de las causas que habían impedido al Papa visitar suelo azteca. Hoy las condiciones no son mejores, incluso parecieran haber empeorado.
Nada puede decir el papa Francisco durante su estancia en México que no conozcamos los mexicanos ni que ignore el gobierno. Las dos causas principales de todos los males que padecemos en el país permanecen inamovibles: la falta de justicia (verdadera) y una educación de calidad para todos. La ausencia de ellas tiene a nuestra nación sumida en el eterno subdesarrollo.
Carecer de justicia conduce necesariamente a la impunidad, a la complicidad, a la desigualdad y ésa es una constante que se observa a diario en México. Igual de pernicioso resulta tener un sistema educativo público mediocre e insuficiente que amplía más la brecha de la disparidad.
Quizá al Santo Padre -en otro ejemplo- no le hayan advertido que Ecatepec, lugar donde celebrará misa el próximo domingo, es uno de los 11 municipios del Estado de México donde, desde el 2015, se declaró la alerta de género derivada del alto número de asesinatos en contra de mujeres.
Tal vez tampoco le han dicho que Chiapas, otro de sus destinos, es uno de los estados con mayor pobreza y atraso, con un gobierno que destaca por su abierta afición a las frivolidades. O que Ciudad Juárez tiene un largo y oscuro historial de feminicidios que duelen profundamente a las familias y avergüenzan a México.
Por eso es que el Papa no debe extrañarse –si es que lo hace– al comprobar que en nuestro país existen 55 millones de pobres (prácticamente 1 de cada 2 mexicanos), y que a una parte de ellos se les “atienda” con paliativos provisionales que no hacen sino sumirlos más en una desgracia perenne, en lugar de proporcionarles las condiciones e infraestructura adecuadas para lograr su desarrollo y una vida digna.
Pero la miopía –o el interés– gubernamental privilegia otras “razones” en la vorágine de su escandaloso gasto y deuda que ya alcanza, como nunca, un porcentaje muy alto del PIB. No en vano la UNESCO ubica a México en los últimos lugares en desarrollo de ciencia y tecnología. Antes que esta minucia, importan los sueldos estratosféricos y prebendas de la alta burocracia nacional.
De todo esto surge la pregunta: ¿sabrá con exactitud el papa Francisco la situación actual del México al que arribará el próximo viernes? De este país donde ya en algunas de sus entidades se han aprobado los matrimonios entre personas del mismo sexo, o se ha legalizado el aborto, y se discute aprobar el uso de la mariguana, o donde no pocos sacerdotes católicos han sido acusados de pederastia y otra clase de delitos… Sí, aquí, en la tierra del difunto Marcial Maciel.
Falta ver si el influyente e inteligente Papa decide pasar por alto el asunto de los 43 normalistas desaparecidos en Iguala, o el vergonzoso caso de la “Casa Blanca”, la ejecución en Tlatlaya y la cauda de muertos en Guerrero. No lo sabemos, aunque todo indica que no, para evitar otra confrontación con las autoridades, sobre todo en estos momentos en que las mismas están agobiadas por los bajísimos precios del petróleo, la carestía del dólar y el nuevo escándalo por las presuntas irregularidades en la anterior boda religiosa de la esposa del Presidente.
Por lo pronto –y aunque hace una eternidad que este columnista no asiste a misa–, bienvenido, papa Francisco, a México.
MORELOS
Las presiones sociales para Graco Ramírez, gobernador de Morelos, estrechan cada día su margen de acción. El pésimo gobierno del perredista lo ha puesto contra la pared. Se intensifica el rumor de que en marzo dejaría el puesto.
@BTU15
Descubre más desde Rosy Ramales
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.



