ANDARES POLÍTICOS: Se impuso la agresión: Félix Salgado es candidato

Benjamín TORRES UBALLE

Jamás, en el México moderno, la mujer había sido tan ofendida como lo ha hecho el gobierno obradorista. Durante la actual gestión, esa que dice querer transformar al país, los feminicidios se han mantenido al alza. Muchos apoyos gubernamentales se cancelaron, como el de los refugios para mujeres violentadas y las estancias infantiles que apoyaban a las madres trabajadoras, entre otros.

La población en la República es mayoritariamente femenina. El imprescindible talento y fuerza de las mexicanas están presentes en todos los sectores del país. Desde el hogar, cuya labor es invaluable, pasando por el ámbito laboral –formal e informal-, la academia, la ciencia, las artes, el periodismo y la política. La maquinaria de México no funcionaría si las mujeres así lo decidieran.

Entre los asuntos sustanciales que las poderosas huestes femeninas pueden determinar, está precisamente el de resolver una elección. Según datos del INE al 5 de marzo 2021, el padrón electoral se conforma de 94,999,249 ciudadanos registrados, de los cuales 49,118,548 son mujeres, lo que representa el 52%. Ahí radica su fortaleza para incidir en los resultados electorales y corregir el rumbo de un gobierno cerril que hasta hoy las ha desdeñado y hecho objeto de tantos agravios.

Que el presidente de México se haya empecinado en sostener la candidatura de Félix Salgado Macedonio al gobierno de Guerrero, aunque éste cargue con un historial nada honroso y acusaciones de violencia sexual, representa, en los hechos, el desafió más perverso e inmoral a las mujeres. In absentia de respeto y empatía a las ciudadanas por parte de quien ostenta actualmente el poder, son precisamente ellas quienes deben decidir el próximo 6 de junio si continúan soportando la misoginia palaciega o dan un golpe de timón en las urnas. La decisión, que no admite titubeos, es primordialmente suya, apoyada por padres, hijos, hermanos, abuelos y amigos.

Nada cambió a favor de las ejemplares damas de la república mexicana con la llegada del nuevo gobierno obradorista, muy pronto se truncaron las esperanzas de muchas de ellas que, ilusamente, votaron a favor de un presunto cambio de régimen que les beneficiara y terminara con la violencia sistemática y feminicidios. No mejoró la situación, por el contrario, se incrementaron las agresiones y los crímenes de odio por el hecho de ser mujer. Y desde la silla presidencial se tomaron decisiones que las perjudicaron, pasando incluso por encima de varios derechos inalienables.

Sólo faltan 80 días para las elecciones que definirán de modo contundente el futuro de los 126 millones de mexicanos. Entonces, como nunca lo fue antes, las mujeres pueden ser el fiel de la balanza. Únicamente es que ellas así lo quieran, que acudan a sufragar porque si no, protestas, marchas y oratoria quedarán reducidos a una ira momentánea y estéril. El poder femenino debe, por necesidad, quedar plasmado de manera razonada en las papeletas el día de la jornada electoral.

Si como país, como sociedad, aspiramos a salir de la perniciosa mediocridad en que nos hemos acostumbrado a vivir, el camino para hacerlo es respetar a nuestras mujeres. De ninguna forma podemos quedarnos como observadores o secundar las cobardes agresiones de que son objeto, no importa de dónde provengan o de quiénes. No hay cobardía más ruin que atacarlas o despreciarlas.

Las leyendas proyectadas el pasado fin de semana sobre la fachada de Palacio Nacional: “AMLO DATE CUENTA”; “UN VIOLADOR SERÁ GOBERNADOR”; “NO + VIOLENCIA” y “SOMOS LAS MUJERES, SOMOS UNA VOZ COLECTIVA”, son el reclamo justo a la sordera del presidente López Obrador, empecinado en una confrontación abierta con millones de mexicanas de donde no saldrá bien librado, ni hoy ni en el futuro. La historia se encargará de escribir tantas ignominiosas afrentas.

Félix Salgado Macedonio representa lo más oscuro de las aberrantes decisiones que se han tomado en Palacio Nacional respecto a las mujeres. Su imposición termina de destrozar el exiguo Estado de derecho y coloca otra enorme palada de ignominia a un gobierno que se niega a comprender la relevancia de sus gobernadas. Respetarlas y aceptar el papel primordial que desempeñan, no es un favor, es una necesidad para la nación en su conjunto. Sólo la podredumbre misógina va en contra.

Ningún distractor que se saquen de la manga en la administración morenista, hará olvidar las afrentas recurrentes hacia la población femenina. Nada, absolutamente nada. Las ofensas ahí están, y el culmen de ello se pasea, impune, protegido desde la silla presidencial, haciendo campaña para entronizarse en la gubernatura de Guerrero, como un virrey aldeano coronado por el desprestigio y la condena pública merced a un historial pleno de escándalos y denuncias de agresiones sexuales.

Muy lamentable que, en pleno Siglo XXI, se proteja, defienda y coloque a un abominable incondicional en la ruta de gobernar a los sufridos y estoicos guerrerenses.  Si esto llega a concretarse, entonces probablemente, como lo aseguran millones de mexicanas, #UnVioladorSiSeraGobernador. Terrible para México y una muy pesada lápida para el Presidente.

@BTU15

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