ANDARES POLÍTICOS: “Transformación” no, desilusión sí

Benjamín TORRES UBALLE

Cuando escuchamos crisis, irremediablemente lo asociamos con la inclemente pandemia que azota a México y el mundo. Pero en el caso de nuestro país las dificultades no quedan en lo estrictamente sanitario, pues se extienden peligrosamente a lo económico, a lo social y a lo político.

Se estima que a consecuencia de los efectos nocivos de la nueva cepa del coronavirus, al menos unos 9 millones de mexicanos incrementarán las extensas filas de la pobreza. Las secuelas sociales a causa de esto son incalculables. Es muy probable que la delincuencia aumente todavía a niveles jamás vistos en la República y que el descontento social termine por estallar en las calles.

Lo más preocupante es que en Palacio Nacional aún no comprenden la gravedad del problema y siguen atizando el fuego de la polarización. La crispación entre la ciudadanía es tal que basta una chispa o el mínimo pretexto para iniciar un fuego del cual muchos no tardarán en arrepentirse.

Insistir de manera necia en dividir a la sociedad en conservadores y liberales, es una torpeza sin límites y una miseria política que exhibe la carencia de oficio político e interés auténtico por servir a México de modo leal. Mientras miles de pobladores mueren por contagio de Covid-19 y otros tantos son ejecutados por criminales, un gobierno frívolo se entretiene con giras innecesarias y obras inútiles a las que se les destinan recursos que debieran asignarse al pobre sistema de salud.

Hasta la noche de este domingo los fallecidos a causa del Covid-19 rondan 22 mil; una tragedia nacional y una fatalidad irreparable para millares de familias mientras se escatima dinero público a hospitales y médicos pero se dilapida en estadios de béisbol y programas electoreros disfrazados de esquemas sociales. Una incongruencia absoluta respecto a la austeridad republicana.

En la inextricable ruta que el actual gobierno se ha empeñado en colocar a 120 millones de mexicanos, abundan los caprichos y yerros unipersonales. Así es como la población puede atestiguar la “renuncia” en un solo día de tres funcionarias de alto nivel, unas por presiones mezquinas y otras por dignidad, cualidad de la que carecen algunos cínicos déspotas que navegan, hipócritamente, con bandera de tolerantes y respetuosos de las opiniones ajenas.

Cuando los hombres en el poder presumen de una “transformación”, sólo es posible imaginar que se refieran a la mayor violencia que tiene como rehén a la población, a los múltiples feminicidios, al mayor número de desempleados, al cierre de negocios y empresas por falta de estímulos fiscales, quizás al desmantelamiento de órganos del Estado, a la baja en calificaciones a Pemex y al propio gobierno, y a los burdos  ataques sistemáticos a quienes critican la tarea gubernamental.

Si un cambio generó la actual administración, éste no ha sido para bien. No hay datos concretos de que México sea actualmente un mejor país a partir del 1 de diciembre del 2018. Todo lo contrario. Y una faceta de ello es la manera en que las autoridades han hecho frente a la pandémica enfermedad de la Covid-19, devenido esto en un completo desastre que ha costado muchas vidas.

Tampoco la cacareada transparencia y honestidad republicana ha quedado demostrada. No con los casos del imperio inmobiliario de Manuel Bartlett Díaz, un dinosaurio expriista de triste memoria. O el caso de la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval y su esposo, cuyas seis propiedades –“acumuladas en nueve años de trabajo académico”- pagadas todas de contado, fueron reveladas por una investigación periodística, hecho que caló en lo más profundo de la 4T.

Pero más allá de esos acaudalados funcionarios que “si tienen” –definición de su jefe máximo- y pretenden esconderse tras una máscara de izquierda, la realidad es que al pueblo bueno eso le tiene sin cuidado, sabe perfectamente que los integrantes del gobierno –salvo muy honrosas excepciones- son proclives a la corrupción y al acumulamiento de riquezas pues la mayoría no comulga con la filosofía juarista de “vivir en la honrada medianía que proporciona la retribución que la ley les señala». Nombre. Esto choca con las ambiciones de políticos que todos conocemos.

Un país no se gobierna a base sermones, rencores, caprichos, ni ocurrencias. La egolatría destruye. Por eso es necesario recordarle a quien incurre en esta autoveneración, otro precepto de Benito Juárez García, el mejor presidente que ha tenido México: “Los hombres no son nada, los principios lo son todo”, y hay que invocar, asimismo, otra sabia frase del ilustre oaxaqueño: “La emisión de las ideas por la prensa debe ser tan libre, como es libre en el hombre la facultad de pensar”.

Hoy México precisa de un gobierno firme, capaz, con estatura política y mucha sensibilidad social, entre otras cosas, porque lo realizado poco tiene que ver con las promesas de campaña. Y la cuarta transformación, por lo menos a la fecha, es más bien una sólida y profunda desilusión.

@BTU15

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