ANDARES POLÍTICOS: Un decálogo quimérico

Benjamín TORRES UBALLE

Si hay algo rescatable en el “Decálogo para salir del coronavirus y enfrentar la nueva realidad”, recetado este sábado desde Palacio Nacional, es que “si tenemos más de lo que necesitamos, procuremos compartirlo”. Lo que el presidente López Obrador omitió, es aclarar si se refería a la clase política. Porque en este México con 53 millones de pobres y una brutal desigualdad, si alguien tiene muchísimo más de lo que necesita, son precisamente los políticos, sin importar el partido.

Por eso el punto tercero del documento presidencial, es impreciso; primero, porque los referidos millones de pobres pasan muchas dificultades para comer y satisfacer a medias las necesidades básicas de todo ser humano. En cambio, existen personajes siniestros que “generaron” sus enormes fortunas al disfrutar de los encargos  públicos, dirigir organismos autónomos, en las rentables dirigencias sindicales u “organismos sociales”. Éste espacio sería insuficiente para enumerar a todos.

Napoleón Gómez Urrutia, líder de los mineros; Manuel Bartlett Díaz, actual director de la CFE; Carlos Romero Deschamps; el matrimonio Bejarano-Padierna; Eruviel Ávila Villegas; Luis Videgaray Caso; Manlio Fabio Beltrones; Miguel Ángel Osorio Chong; Luis Miguel Barbosa Huerta; Felix Salgado Macedonio; Manuel Velasco Coello, Guillermo Padrés Elías y, desde luego, Enrique peña Nieto, son algunos de aquellos que, en definitiva, tienen más de lo necesario y debieran “compartirlo”.

Pero la recomendación del Ejecutivo, suena, en términos prácticos, no sólo a sermón dominical en misa de 12, sino a un sueño utópicamente infantil. No es posible imaginar, por ejemplo, a los juniors de Romero Deschamps, prescindiendo de sus viajes en helicóptero o de su Enzo Ferrari de dos millones de dólares (Proceso https://bit.ly/2MZCkee); tampoco a “Napito”, viviendo en austeridad franciscana durante su “autoexilio” en Canadá; menos, suponer que el dinosaurio Bartlett reparta entre los necesitados su emporio inmobiliario. En fin, que el exhorto Obradorista es una quimera.

“No nos dejemos envolver por lo material, alejémonos del consumismo; la felicidad no reside en la acumulación de bienes materiales ni se consigue con lujos, extravagancias y frivolidades”, afirma el mandatario en el precepto cuarto. Para no salirnos del entorno bíblico, es conveniente cuestionar, ¿cuántos de los funcionarios morenistas que integran el Gabinete legal y ampliado de AMLO, están con la voluntad suficiente para seguir al pie de la letra lo dicho por su líder y maestro?

Mientras AMLO come en fondas cuando va de gira y presume de ello en las benditas redes sociales, no imaginamos al exquisito don Mario Delgado Carrillo, distinguido itamita, coordinador de los diputados morenistas en San Lázaro, haciendo lo mismo, o sea, “hay niveles”. Si no fuese de esta manera, los políticos no pelearían a muerte un puesto en la administración pública, en el Congreso, en el INE, la CNDH, la Suprema Corte de Justicia o el Tribunal Electoral Federal, para llenarse las chequeras con los altísimos sueldos y prestaciones y uno que otro inocente “negocillo”.

Suponiendo que el mensaje del Presidente haya sido de buena fe –concedámosle el beneficio de la duda- se quedará en los pasillos del majestuoso Palacio Nacional, donde fue grabado. Pues los que mucho tienen, obtenido a través de los beneficios no muy claros de recursos gubernamentales y del erario, no estarán tan deseosos de repartir el espléndido “patrimonio” con el pueblo bueno, el real, ese que se levanta todos los días a las cinco de la mañana para salir a buscar el sustento diario en medio de una ola de inseguridad que espanta y aniquila más que el Covid-19.

La crítica situación que prevalece en México hoy requiere más que un decálogo de buenas intenciones, de consejos que, en todo caso, se podrían escuchar en la radio con Alfredo Palacios y otra legión de populares consejeros y sagaces guías en cuasi todas las áreas de la conducta humana.

Perdido un millón de empleos formales en lo que va de la pandemia y un número desconocido en el sector informal, la gente espera escuchar cómo es que el gobierno va a solucionar el grave problema del desempleo que daña a millones de mexicanos, si el absurdo pleito con los empresarios no termina y la recesión va para largo. También, clama por seguridad, que cese la inaguantable violencia que, hasta la fecha, el régimen lopezobradorista no ha podido siquiera controlar.

Como sociedad, nos gustaría conocer a detalle una estrategia oficial creíble, coordinada por el presidente de México – si es que se ha pensado en ello-, para saber cómo reactivará la economía nacional que hoy permanece en terapia intensiva afectada por la catástrofe del coronavirus.

López Obrador ha dicho infinidad de ocasiones que no aumentaría impuestos ni contraería deuda, pero este domingo el semanario Proceso (https://bit.ly/3hzuNAX) cuestiona el préstamo por mil millones de dólares que otorgó el Banco Mundial a su gobierno. Nada tendría de malo, si los recursos tuviesen como destino  combatir al Covid-19 y sus efectos económicos lesivos, como lo aseguraron instancias oficiales, sin embargo, la publicación deja entrever en su artículo, que el dinero tendría interés primordial de beneficiar a  dos segmentos sociales que representan gran interés electoral: mujeres y jóvenes.

Tal vez por eso el tabasqueño, astuto y sabedor de que su aprobación sigue cayendo, insiste con sus programas clientelares y las giras en pleno auge pandémico. “Ahí queda eso”…

@BTU15

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