ANDARES POLÍTICOS: Un dócil ministro y su autoritario jefe

Benjamín TORRES UBALLE

Quien hoy domina a la mayoría de las instituciones del Estado mexicano, es el titular del Poder Ejecutivo. El presidente López Obrador ha impuesto incondicionales en ellas, de esta manera las órdenes, caprichos y vendettas se realizan sin la menor objeción, lo cual se funda en una obediencia a ciegas exigida por el mandatario todos sus empleados, en todos los niveles del gobierno.

Por ejemplo, salvo el INE, donde su presidente y ciertos consejeros se han resistido a claudicar, no obstante las amenazas y descalificaciones desde el templete palatino, el resto de los organismos autónomos y dependencias han sido colonizados por una convenenciera y oportunista clase de prosélitos obradoristas. Así vemos como la propia Secretaría de Gobernación está supeditada a las voluntades del señor presidente. También la Fiscalía General de la República es otra muestra de ello. Incluso, Hacienda, cuyo titular ha sido desmentido públicamente algunas veces por su jefe. A pesar de la humillación, ahí sigue en el puesto Arturo Herrera.

Dominadas las instituciones -esas que el entonces aspirante a la Presidencia mandó al diablo-, lo que vemos en el país en un presidencialismo total, como en los peores tiempos del PRI, justo ahí donde se formó López Obrador. Lo que dice el dedito presidencial es lo que, sin el menor pudor, se apresuran a obedecer; desde el otrora poderoso despacho del Palacio de Cobián, hasta la oficina más modesta dependiente del gobierno federal. Todos obedecen, nadie contradice.

Estos días, donde Morena ha dado un show lleno de vulgaridad, estelarizado por Félix Salgado Macedonio, David Monreal Ávila y Saúl Huerta, que ha merecido la condena y repudio social, una nueva pista circense está a la vista de todos los mexicanos; en ella apareció con la cara sucia, llena del más putrefacto de los lodos posibles, la bancada morenista del Senado capitaneada por Ricardo Monreal Ávila, hermano de David Monreal, candidato oficial al gobierno de Zacatecas y manoseador de mujeres, para aprobar, con un desaseo mayúsculo y atropellando el debido proceso legislativo, la permanencia de dos años más del presidente de la Suprema Corte.

Sin pena alguna, los senadores de Morena burlaron lo que mandata la Constitución: que el ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia sólo debe estar al frente del máximo tribunal durante cuatro años. Expertos constitucionalistas advierten que, además de ilegal, es sumamente peligroso. La mayoría de diputados morenistas y sus comparsas, que también avaló la aberración originada en la Cámara alta a través de un artículo transitorio, sienta el precedente para otra posible reelección de facto, incluida la del presidente López Obrador.

Y es Arturo Zaldívar, ministro presidente de la SCJN, quien personifica el denigrante sometimiento del Poder Judicial a los dictados provenientes de Palacio Nacional. Lejos de fijar una postura de acuerdo a su investidura, una posición que confirme la autonomía del poder que encabeza, Záldivar, quien ha sido descaradamente proclive a resolver de manera favorable los asuntos que interesan a López Obrador, adopta una conducta deshonrosa al no deslindarse con firmeza de la ampliación de mandato orquestada desde el despacho principal de la Presidencia.

Tras guardar un ominoso silencio, finalmente, y consumado el feroz ataque a la Constitución por los legisladores de Morena en ambas Cámaras, el pasado viernes Lelo de la Larrea emitió un tibio y cantinflesco comunicado que no hizo sino confirmar las sospechas populares del acatamiento.

“Ejerceré el cargo de Presidente de la SCJN y del CJF por el periodo para el cual fui electo por mis pares y estaré a la determinación de la SCJN respecto del precepto en cuestión (…) seguiré defendiendo la independencia y autonomía del PJF y de todas las juzgadoras y juzgadores federales tanto de críticas del Poder formal como de los poderes fácticos”.

Muchas maromas de quien no ha sido capaz de oponerse tajantemente a que transgredan los mandatos de la Carta Magna. El evidente temor de Arturo Zaldívar a decir no al presidente López Obrador lo coloca en una posición especialmente complicada y donde la sociedad no tendrá la menor contemplación a la hora de juzgarlo. La historia ha sido implacable con todos aquellos que, en su momento, se convirtieron de hecho en cómplices de los gobiernos autoritarios y perniciosos.

La brutal agresión cometida por los senadores y diputados morenistas, mancilla no sólo a la Constitución mexicana, sino a todo el pueblo y la cada vez más endeble democracia. Nos coloca, además, ante los ojos del mundo, como una nación bananera incapaz de salir del subdesarrollo gracias a los pésimos gobiernos que, erróneamente, una y otra vez los votantes eligen.

“Cualquier Estado que fue tocado por la democracia representativa, se convirtió en una cloaca adonde la corrupción, el caudillismo político, el clientelismo, y lo mesiánico, provocó una proliferación escatogénica sobre el gobierno todo. El personalismo fatalista, y fanático del ciudadano desinformado. Todo ello fabrica a políticos que serán multimillonarios de por vida, a costa, del conflicto y la miseria proliferada sobre la sociedad”, asegura Rodolfo Cejas en su libro El Control Social en la Democracia. Una reflexión que deberíamos tomar en cuenta rumbo al 6 de junio.

@BTU15

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