ANDARES POLÍTICOS: Videos y hermanos muy incómodos…

Benjamín TORRES UBALLE

Luego de que el presidente López Obrador en una acción visceral arremetiera otra vez en contra de la prensa crítica, esta ocasión con un disparate denominado “Quién es quién en las mentiras” –un ejercicio paladino tan falaz, que sus efectos se han revertido al mandatario-, este jueves un nuevo video fue lanzado desde baterías aún desconocidas a través de uno de los periodistas que más se le indigestan y sacan de quicio al jefe del Ejecutivo: Carlos Loret de Mola.

El estate quieto al señor presidente no es casual ni en tiempo ni forma. En política no existe la palabra casualidad. El misil fue planeado y disparado, todo indica, para apaciguar los belicosos ánimos presidenciales y recordarle que del lado de sus “adversarios” también hay parque estratégico suficiente para dañar en serio su imagen de honestidad. Aunque a él no se le puede acusar de corruptela alguna, es imposible asegurar lo mismo de ciertos parientes muy cercanos.

Dos de sus hermanos han sido captados y exhibidos mediante videos, recibiendo sobres y fajos de efectivo. El primero de ellos fue Pío López Obrador y la semana pasada Martín. Ambos hechos tienen un par de coincidencias: el dinero fue recibido por los consanguíneos de AMLO de manos de David León, entonces operador político de Manuel Velasco, a la sazón gobernador chiapaneco, y los videos que exhiben las “transacciones” se dieron a conocer por Loret de Mola en su portal latinus.us.

Muchas interrogantes surgieron desde la publicación del primer video. Una de ellas es que si fue el propio David León quien ordenó grabar las dádivas a los hermanos del señor presidente, cómo y por qué dicho material llegó a manos de Loret. Más allá de eso, tratar de linchar al mensajero es, como siempre, una pésima idea. El comunicador sólo es el medio, hoy se desconoce quién o quiénes están detrás del golpeteo a López Obrador. Sólo hay rumores, muchos. En lo que analistas, politólogos, académicos y adversarios políticos del movimiento obradorista parecen coincidir, es que existen más videos comprometedores que involucran a miembros de la familia presidencial.

Rápidamente la bandera obradorista de “honestidad” y combate a la corrupción ha quedado en entredicho. Los casos denunciados hasta hoy son muestras contundentes de que el discurso obradorista está distante de la realidad. El tráfico de influencias y la recepción de dinero en efectivo de origen no aclarado por dos de sus hermanos es la muestra más clara e irrefutable de ello.

Hasta hoy, los señalamientos a Pío López Obrador han quedado en eso a pesar de las evidencias. A casi un año la Fiscalía General de la República se ha hecho de la vista gorda para investigar el asunto. Igual que en gobiernos anteriores, el presidente debe cargar con las “conductas inapropiadas” de hermanos incómodos. Las excusas de López Obrador para intentar zafarse de tales escándalos que pegan en el punto de flotación, rayan en lo absurdo. El mandatario ha dicho infinidad de ocasiones que lo presidentes anteriores estaban enterados de todo, por ende, también él debe estarlo.

Mientras la sociedad siga atestiguando que la aplicación de la ley en la administración obradorista es selectiva, la imagen de honestidad a la cual alude AMLO siempre que puede, se irá socavando cada vez más rápido. Integrantes de la familia del mandatario exhibidos en actos indebidos y en algunos casos ilegales, permanecen disfrutando del fuero que de facto les concede el parentesco con el jefe del Estado mexicano. Pío y Martín lo disfrutan al máximo. Y los beneficios, de otra manera, se extienden a diversos personajes intocables por el obradorismo. Emilio Lozoya es uno de ellos. El exfuncionario fue extraditado desde España con enorme alharaca y ni siquiera ha pisado la cárcel, por el contrario, sigue disfrutando del trato preferencial y su fortuna.

No existe duda alguna de que la frase atribuida a don Benito Juárez -uno de los mexicanos ilustres venerado en Palacio Nacional-: “A los amigos, justicia y gracia; a los enemigos, justicia a secas”, ha quedado corta, pues las referidas justicia y gracia se otorgan de modo ilimitado a los hermanos del señor presidente López Obrador. Parece que así lo exige la impunidad con la cual operan los hermanitos Pio y Martín. Es irrefutable que cuando aún no llega a la mitad de su gestión, el también máximo líder morenista padece los estragos causados por la voracidad de miembros de su parentela. Igual que sucedió con mandatarios emanados del PRI y del PAN.

Refugiarse en el gastado discurso de que es un complot de los adversarios, de la prensa fifí, de los conservadores, intelectuales orgánicos o la aspiracionista e inescrupulosa clase media, es una defensa frágil e increíble ante lo evidente, ante lo que el presidente López Obrador no ha podido desmentir. Más aún, cuando finge no conocer la “recolección” de dinero que realizan sus inquietos hermanitos para el “movimiento”, incluso si asegura que lo recibido por Martín de manos de David León Romero, es “asunto personal” que atañe a ellos dos. La cuestión es que nadie lo cree.

@BTU15

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