ANDARES POLÍTICOS: Y que lo echan de la Presidencia

Benjamín TORRES UBALLE

Finalmente el voto ciudadano se manifestó de modo abrumador para echar de la Casa Blanca a uno de los más nefastos presidentes que haya tenido Estados Unidos. Un populista, demagogo y pendenciero republicano que avivó la ancestral furia discriminadora y racista de un gran sector de la unión americana que hace cuatro años lo llevó al poder. Un error tremendo que hoy se corrige.

Donald Trump no hizo otra cosa sino dividir a su nación, pauperizar el nivel de vida de las minorías, pelear con la prensa, agredir a sus aliados, y pasar por alto la profunda violencia en contra de la comunidad afroamericana. A todo ello hay que agregar su evidente y vergonzosa misoginia.

Pero Trump, al igual que muchos autócratas. se enferman de poder y se vuelven adictos a él. Por eso es que, incluso ante la contundencia de su derrota, se niega a reconocerla aun cuando el mundo aplaude que se coloque en el cesto de la ignominia a este patán que jamás debió llegar a la presidencia. Desconocemos cómo será la gestión de Biden, pero no puede ser peor que la actual.

Es cierto que ante la negativa del ‘peliteñido’ de comportarse dignamente y admitir su debacle electoral, todavía habrán de desahogarse ciertos procesos ante instancias legales; no obstante, la mayoría estadunidense ha manifestado de forma abrumadora su voluntad: fuera Donald Trump.

Y es tanto el daño que el incapaz mandatario ha hecho no sólo a su país, sino a la comunidad internacional, que inclusive algunos de sus más recalcitrantes enemigos se apresuraron a felicitar a Joe Biden. Así vimos al propio Nicolás Maduro –uno de los más abyectos dictadores de la actualidad- congratularse por el triunfo del candidato demócrata:

“Felicito al pueblo estadounidense por las elecciones presidenciales. Asimismo, felicito por su victoria al Presidente electo Joe Biden y a la vicepresidenta Kamala Harris”. Escribió este sábado en su cuenta de Twitter y en un segundo, posteó: “Venezuela, la Patria del Libertador Simón Bolívar siempre estará dispuesta al diálogo y al entendimiento con el pueblo y el gobierno de los EE.UU.”

Falta muy poco para que Joe Biden asuma la Presidencia y se termine oficialmente la pesadilla que dura cuatro años. Las facturas que deberá pagar Trump son muy cuantiosas, deja profundas heridas sociales que el pueblo norteamericano cobrará en su momento. La descomunal cantidad de muertes y contagios por Covid-19 es una de ellas, merced a la pésima estrategia gubernamental para enfrentarla. Desdeñar a la ciencia y el uso del cubrebocas, muestra gran miseria política y humana.

Resulta obvio que las tropelías y consecuencias trumpianas no se aliviarán de la noche a la mañana, recomponerlas llevará tiempo. Los aproximadamente 70 millones de ciudadanos que votaron por Trump es una cifra demasiado importante y no van a cambiar su filosofía racista como por arte de magia. Son, de facto, una importante fuerza socio-política a la que Biden deberá convencer.

Por lo que corresponde al gobierno lópezobradorista, prescindir de sumarse a los jefes de Estado que no regatearon la felicitación a Joe Biden, generó una fuerte polémica y recibió muchísimas críticas. En ellas se regodearon sus adversarios políticos y líderes de oposición. Más allá de si los argumentos del presidente López Obrador son o no válidos, es claro que resistirse a la felicitación es, al menos, una descortesía diplomática que no abona al inicio de una buena relación con Biden.

La importancia que en diversos aspectos de la vida nacional tiene la relación con los Estados Unidos, obliga a ser más cautos –que no sumisos- para no generar aversiones innecesarias con el nuevo presidente de nuestro vecino del norte. La conocida dependencia de nuestro país respecto a la unión americana manda que se debe ser extremadamente cuidadoso para no dar pie a desencuentros donde la asimetría entre una y otra nación ha mostrado históricamente que México es el perdedor.

No se sabe cómo va a reaccionar Joe Biden a partir del próximo 20 de enero, cuando asuma las riendas de su país. Lo que está fuera de toda duda es que no habrá un cambio significativo en el trato con México; es imprescindible subrayar que Estados Unidos no tiene amigos, ha tenido y tiene sólo intereses. Biden seguirá en la misma ruta, quizás con una forma más cuidadosa, menos silvestre que Trump, pero en definitiva privilegiará los intereses norteamericanos en su país y el mundo.

No hay que olvidar lo que fue considerado como una afrenta a los demócratas: la visita a Washington del presidente López Obrador en pleno proceso electoral, donde el tabasqueño ni un lazo les echó.

Conforme pasé la euforia por el triunfo de Biden, se irán asentando las aguas, en tanto, el “bombero” de López Obrador, el Canciller Marcelo Ebrard, debe ya estar trabajando intensamente en la estrategia para limar asperezas con quien será el presidente número 46 de los Estados Unidos de América. Debe hacerlo pronto y de manera muy inteligente, el tiempo apremia.

@BTU15 

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