Apuntes para mis hijas

III/VI

Pedro S. RASGADO

Con mi recuerdo de siempre a SOID PASTRANA VERA, en su Novenario. Gracias a su sugerencia estoy escribiendo estas notas de mi memoria. Abrazo fuerte a sus hijos y hermanos hasta Juchitán, Oax., ombligo del mundo.

Sí, !! Hoy cumplo 55 años!!!

Siendo todavía un niño, me llamaba mucho la atención una gran casa ubicada en la esquina de la  Av. Aldama y 5 de Septiembre, ruta que como les he platicado, recorría diariamente para ir a dejar la comida de mi madre en su puesto en el mercado.

En cierta ocasión se abrió el portón que daba hacia la calle Aldama y los dueños salieron para invitarnos a mí y a otros vecinos a entrar para jugar fútbol; esa vez supe que era la casa de Don Humberto López Lena Robles. Sus hijos Jesús y Arturo López Lena –que venían de vacaciones de la Ciudad de México donde radicaba toda la familia– sacaron un balón y jugamos un partido, y así todas las tardes que duraron sus vacaciones se repetían los encuentros de fútbol. Recuerdo a Rodrigo Esponda, a Kiko Enríquez (que era de los pocos vecinos que tenían una bicicleta Vagabundo), a los hijos de Che Mingo Ulises, José, Miguel, Wilberth, entre otros.

La casa era enorme, contaba con una cancha de frontón y una alberca gigante, sala de juegos con billar única en su tipo en esa época –que lamentablemente se derrumbó con el sismo del 2017–. En el verano de 1976 me acerqué a un niño de mi edad que salía de la casa grande a jugar,  me llamó y me dijo «Soy Juan de Dios López Lena» y me invitó a jugar en el interior de su casa; me enseñó un reloj electrónico que traía puesto, de esos  que le pulsabas un botón y se encendía. Pasamos a la casa que contaba con un comedor enorme de madera, toda la casa decorada al estilo Luis XV, al fondo el despacho de Don Beto, la cocina y un refrigerador enorme que tenía de todo para comer; ahí probé por primera vez  chocolates, yogurth, jamón, tocino, y los primeros refrescos de lata que llegaban a la región.

Subimos las escaleras y ahí había otra gran sala de estancia con un bar, y las habitaciones; una de ellas era de Juan y al entrar me maravillé con su recámara con decoraciones de Batman y Robin, personajes de las películas de esa época; me presentó a sus papás, a Ta Beto y Na Bertha QPD; jugamos toda la tarde y me invitó a comer con ellos, de ahí nació una hermandad que hasta el día de hoy perdura.

Ya de adolescentes, un día en el balcón de su casa tocando mi guitarra le dije a Juan: «Si algún día tengo un hijo tú serás el padrino.” Y la vida no los concedió, es el Padrino de bautizo de Camila.

Al regresar a casa mi abuela, después de largas horas de ausencia me regañó por que me andaban buscando pensando que me había perdido, le conté la historia y mi abuela me dio un consejo: «Cuando alguien te invita a su casa debes de respetarlo, nunca agarres algo que no te pertenece, porque esa puerta que te abrieron se puede cerrar para siempre.” Sabias palabras de Na Rosa que llevo presentes todos los días de mi vida.

Terminé el sexto año y mi maestro Sotero Villalobos Sánchez me recomendó que estudiara en la Escuela Secundaria Federal de Cheguigo y así lo hice, ingresé en el año de 1980, fue una época de mucho aprendizaje; perfeccioné mis habilidades artísticas y formé parte de la concertina, estudiantina, rondalla, y todo lo que fuera música. Siempre la música ha estado presente en mi vida.

La calle de Aldama fue en algún momento el domicilio de la banda Ada del maestro Joel Velázquez y cada tercer día había escoleta; o sea, ensayo general y los vecinos nos deleitábamos escuchando sones, boleros y danzones. Conocí a nuevos amigos como Blanca Teresa con la que ya había coincidido en la primaria, Virginia y Patricia González Calvo, Alexandro Aragón, Nahína Dehesa Degyves, Florencio López Carrasco, Aníbal Luis Orozco QPD, Libia Cortés Bustillo, a quien cariñosamente nos decimos ANIMAL¡ quien entró a tercer grado pues me parece que los dos primeros los había realizado en la ciudad de México, y muchos más que si los menciono parecería pase de lista de asistencia…..

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