CALEIDOSCOPIO: Tiempos de contradicciones

Guillermina GÓMORA ORDÓÑEZ

«La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados».  Groucho Marx.

Se agota el tiempo y la permanente campaña del presidente Andrés Manuel López Obrador pierde fuerza ante la terca realidad. Los más de 133 mil homicidios dolosos en lo que va de su sexenio (TResearch), lo obligaron, dice, a “cambiar de opinión” respecto al uso de militares en tareas de seguridad pública.

Atrás quedó la conveniente promesa en sus tres campañas presidenciales de regresar a los soldados a sus cuarteles. Cuando era oposición, López Obrador fue muy crítico de sus dos antecesores, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, por recurrir al Ejército para enfrentar a los grupos criminales en las calles, en medio de denuncias de abusos y violaciones a los derechos humanos.

Casi cuatro años después de gobernar a México, reconoce que se trata de “un problema grave” y que en el país “hay grupos muy poderosos en la delincuencia”, por lo que es necesario reforzar la presencia de la Guardia Nacional. ¿Hasta ahora se dio cuenta?

Antes decía: “Los delincuentes son seres humanos que merecen nuestro respeto y el uso de la fuerza tiene límites, básicamente es para la legítima defensa”. Incluso en una gira por Sinaloa, en la zona conocida como “triángulo dorado”, en la que se unen los estados de Chihuahua, Durango y Sinaloa, bajo control de los cárteles del narcotráfico, planteó referirse a ella como “triángulo de la gente buena”.

Las contradicciones en su discurso son el signo de López Obrador en su paso por la política. De acuerdo con Luis Estrada, director del Centro de Análisis Spin, en sus primeros tres años de gobierno, ha dicho 67 mil mentiras y durante su administración ha expresado 86 mil respuestas que resultan falsas, engañosas o difícil de comprobar, cobijado en el argumento de “yo tengo otros datos” con los que evade la respuesta.

Prueba de ello es la militarización de la seguridad pública. En 2010 aseguraba que no se le deberían de otorgar “facultades excesivas al Ejército” y que no podían aceptar un “gobierno militarista”, asegurando que sería una estrategia fallida.

Hoy, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) juega un importante papel en las tareas de seguridad del país, incluyendo la construcción del Aeropuerto Felipe Ángeles, el Tren Maya, los bancos del Bienestar, el control de las Aduanas, la administración de los aeropuertos de Palenque, Tulum y Chetumal y ahora la Guardia Nacional bajo las órdenes del Ejército.

En la recurrente estrategia de prueba y error, no va sólo, la aplanadora de Morena y sus partidos “satélite” en el Congreso lo apoyan “voluntariamente” para modificar o derogar las leyes, trastocando y violando los procedimientos legislativos.

Adán Augusto López, secretario de Gobernación, lo dejó claro ante los senadores del bloque de la #4T: «Aunque pueda sonar autoritario o impositivo y se los digo así con franqueza, el proyecto de Nación no admite titubeos”. El mensaje fue claro para Ricardo Monreal, Coordinador de la bancada de Morena, a quien llamó «compañero rebelde».

Recordemos que Monreal cayó de la gracia presidencial desde que se destapó como candidato a la presidencia de la República y recientemente se abstuvo de votar en el tema de la Guardia Nacional que se aprobó en el Senado.

Su “rebeldía” le ha merecido varios “rapapolvos”; en la mañanera del viernes pasado, en Zacatecas, López Obrador dijo: “No estoy de acuerdo con su postura porque está avalando la falsedad y politiquería del conservadurismo de México”

Sin embargo, el zacatecano dijo que resistirá con dignidad y firmeza, pues lo más importante es la congruencia: “Cuando defiendes al Estado de Derecho y al sistema constitucional que nos rige desde 1824, puede ser blanco de críticas, descalificaciones, e incluso insultos en los medios y plataformas digitales, muchos de ellos patrocinados con recursos públicos y elaborados por asesores extranjeros”.

Las presiones y las contradicciones también se han registrado en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). En 2018, AMLO tuiteó: «En una actitud de respeto y bajo el principio de la separación y el equilibrio de poderes, como corresponde a un auténtico Estado de derecho, nos reunimos con los ministros de la SCJN».

En 2022, en el reciente debate para declarar la invalidez de la prisión preventiva oficiosa, López Obrador, chantajeó a los ministros que el propuso para integrar la SCJN, dijo que se “equivocó”, pues ya en el cargo “cambiaron de parecer, no están pensando en el proceso de transformación y actúan más en función de los mecanismos jurídicos”.

La presión funcionó y los ministros: Juan Luis González Alcántara, Yasmín Esquivel, Margarita Ríos Farjat y Loretta Ortiz, refrendaron su “lealtad a ciegas” traicionando a los ciudadanos y olvidando a los miles de presos en las cárceles del país, víctimas de un sistema de justicia dominado por la impunidad y la corrupción.

Así las cosas, la vocación política se pervirtió por la obsesión del poder absoluto, bajo la consigna de “mi palabra es la ley”. En el gobierno de la #4T, olvidan que el arte de la política es el arte de gobernar en un espacio público donde el pluralismo de las ideas es el fundamento básico de la democracia.

@guillegomora

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