COLUMNA DE CIPRIANO: Gran responsabilidad

Cipriano MIRAFLORES

El político tiene la obligación de no tomar decisiones a ciegas, a impulsos, al me late, al creo que, al parecer, a la intuición, en un supuesto falso, a falta de cálculo, a no medir las consecuencias, que no sepa el terreno que pisa, que no tenga un conocimiento mínimo de la realidad en que actúa. Cuando esto es así, no hay manera de volver a inicia,  pues los daños a los pueblos son irreparables.

Sin fundamentos teóricos mínimos es imposible ser un buen político, la vida del político no es pura praxis, a pesar de la acción política enseña, es conocimiento, sin embargo, si acordamos que el poder y de su ejercicio trae saberes, es necesario que el político tenga saberes previos indispensables. Por su gran responsabilidad, el político requiere de una sólida formación, puesto que de sus decisiones depende la vida de miles de personas si no es que de millones.

Los antiguos griegos se preguntaban si era posible la enseñanza de la política, Sócrates pensaba que no, pues nace de la propia asociación humana, es natural, por lo tanto, no es enseñable. Se nace para la política. Por el contrario, Protágoras sostenía que era posible su enseñanza a partir del conocimiento de las ciencias y de las técnicas necesarias para tener un buen desempeño, pero el conocimiento de las ciencias y las técnicas no basta si el político no cuenta con el pudor y la idea de justicia.

Esta es una regla fundamental, no se puede permitir la acción de un político con la sola ciencia y la técnica, tampoco un político de grandes valores pero incapaz en el ámbito de la ciencia y de la técnica.  La ética implica del saber cómo vivir con los demás, cuáles son las reglas básicas, cómo comportarnos con los demás. El político es un ser social, no lo puede evitar.

Pero además de lo anterior, el político  debe hallarle el sentido a la vida política, es vivir con sabiduría y prudencia política, vencer el miedo del fracaso. El valor moral de un político no depende de sus dones o de su talento natural y propio, sino del uso que haga de ellos, de su libertad para decidir, lo que cuenta es la acción, su contenido, no del sujeto que lo hace.

En política cuenta la acción y de cómo lo percibe la gente.  La libertad de elección y no la naturaleza es el elemento fundamental de la moral. Nadie es naturalmente malo o bueno, sino es determinado por sus acciones.

  El político debe saber que es un humanista, por tanto, está solo, está privado del auxilio de Dios y del Cosmos.  El desmoronamiento del orden cósmico y del papel de la religión en la política requiere del político mayor atención a su propio esfuerzo y a la creación de las condiciones necesarias para gobernar bien.

Ahora el político está solo, depende de sí mismo, para la gracia o la desgracia humana.

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