COLUMNA DE CIPRIANO: Neoliberalismo al desnudo

COLUMNA DE CIPRIANO: Neoliberalismo al desnudo

10 febrero, 2019 0

Cipriano FLORES CRUZ

El Presidente Andrés Manuel López Obrador se ha referido que los últimos treinta y seis años de nuestra historia gubernamental ha estado supeditada a los designios del neoliberalismo, que ha sido el neoliberalismo el culpable de nuestra grave situación económica, social y política, la corrupción generalizada de nuestras instituciones se ha debido precisamente al neoliberalismo. Por  lo tanto, propone un gobierno antineoliberal como un proyecto alternativo.  

Si somos rigurosos, parece que el neoliberalismo es una nueva etapa del liberalismo, por decirlo en término leninista, es la etapa superior del liberalismo. El concepto más general del liberalismo se refiere a la consideración de la persona como el centro de nuestra organización social, económica, política y jurídica, la persona y sus derechos es el motor de las sociedades liberales. Si esto es así, todas las formas que se contraponen al individuo, tales como el Estado, las colectividades, las identidades culturales colectivas, las formas de asociación que atenten contra el individuo, serán consideradas enemigas del liberalismo.

El Estado, principal asociación política, para el liberalismo deberá ser reducido a la mínima expresión. La democracia deberá partir de la lógica liberal: un individuo un voto.  Se puede decir que el liberalismo es una hegemonía puesto que ha invadido todos los rincones de nuestra vida. El Estado debe dejar a los individuos sujetos a sus propias potencialidades.

En esta lógica, después de la segunda guerra mundial, los centros hegemónicos de la economía mundial establecen el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial con el propósito de hacer valer los valores liberales en los países de su influencia. Facilitar la acumulación de capital con base en la capacidad individual fue la consigna, los países son obligados a seguir esta política so pena de sanciones y con la promesa de apoyo.

En los años setenta del siglo veinte se comienza a gestar la crisis de sobredemanda de las poblaciones por mejoras en sus vidas lo que originó la crisis de gobernabilidad de estos países. Para parar esto, se obliga a los Estados mayor disciplina fiscal a costa de sus poblaciones. Dos gobiernos se suele poner de ejemplo de esta clase de dispositivos: Reagan en Estados Unidos y Thatcher en Inglaterra. La rigurosidad de las acciones de estos dos gobiernos en contra de las asociaciones como los sindicatos, de imponer un régimen de vida basada en la productividad y competitividad individual para sus sociedades, se les llega a denominar como ejemplo de gobiernos neoliberales.

El neoliberalismo entonces es llevar a su máxima expresión la economización de la totalidad de las relaciones sociales, todo se ve como ganancia o pérdida, tu vales en cuanto tu capacidad de intercambio, si eres competitivo y productivo valdrás mucho más, en caso contrario, serás devorado por la misma lógica de la competitividad y de la productividad. En los países dependientes este tipo de relaciones hace crisis por los niveles de escolaridad y por el bajo desarrollo económico.

Esta nueva realidad produce nuevos fenómenos, todo se reduce a la economía, el hombre es un hombre económicus, el hombre es también un ser que consume y mucho. Si no se alcance los niveles medios de competitividad, de productividad y de consumo, pobre hombre. Se produce la sociedad insatisfecha, la sociedad del riesgo, la sociedad líquida, sin cemento social, infeliz, aumentan los suicidios, los homicidios, el consumo de drogas, de divorcios, las religiones se relajan, aparecen curas pederastas, curas que violan a monjas, aumenta la violencia, la corrupción cae en la normalidad, las instituciones como el Estado, el gobierno, la administración pública, los partidos, los sindicatos, la familia, entran en crisis.

La moral pública cae por los suelos, la moral en general adquiere dimensiones de liberalidad que lesiona la cohesión social, las amistades se vuelven efímeras, las ambiciones, los egoísmos, las deslealtades, las envidias, reinan a sus anchas. Los individuos no tienen asideros para permanecer, ser y estar. La inseguridad en la vida se normaliza. Podríamos decir que todo se monetarisa si se me permite la palabra. Todo es intercambio de valores iguales, si yo te doy tal cantidad de amor, espero que me devuelvas la misma cantidad. Todo lo sólido se desvanece en el aire dijo Marx.

Lo peor, la asociación política, el Estado, es simbiosis con el capital, no hay diferencia entre política y economía, el Estado al servicio de los poderosos, ni más ni menos. En esto consiste la hegemonía del neoliberalismo, una racionalidad instrumental económica al máximo. Para combatirla se necesita de otra hegemonía, que tenga su base en la compartencia y no en la competencia, en la solidaridad, en la reciprocidad, en la justicia, en valores de la austeridad, del humanismo, en el servicio a los demás, a la separación entre política y economía, a la idea del yo se reafirma con el otro, ni más ni menos.

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