COLUMNA DE CIPRIANO: Un mundo sin fronteras

Cipriano MIRAFLORES

Desde 1576, en La República, Bodino, al tratar de demostrar los elementos esenciales de la República como régimen político, fundamentaba que es esencial acomodar al Estado a la naturaleza de los ciudadanos, así como las leyes y las normas a la naturaleza de los lugares, de las personas y de las épocas. Este acomodamiento era el fundamento del régimen republicano.

Ante la diversidad, vale entonces, para Bodino la diversificación del Estado.

Es como el arquitecto que diseña el edificio de acuerdo a los materiales y a la materia que existe en determinado lugar. Así, si México es diverso, diverso deben ser su Estado, sus instituciones, sus leyes y normas.

Ante la diversidad, la pluriculturalidad de los Estados modernos, su reconocimiento político y legal parece algo racional, pero esta virtud sin la fuerza de la política parece imposible. Para que este principio sea universal requiere de la enorme voluntad de los diversos pueblos existentes en el planeta.

La necesidad de vivir en lo diverso, que implica diversidad de derechos, por consecuencia de pluralismo jurídico, posibilita al individuo a vivir en un sistema jurídico propio y del Estado. Esta situación de vivir en lo propio y en la unidad que es el significado de vivir en el Estado, permite vivir en la universidad, es decir, unidos en la diversidad.

 Significa también reconocer que el Estado no es la única fuente del derecho, los derechos existen, incluso antes del Estado. Los derechos de naturaleza existen por el solo hecho de haber nacido en un lugar, por este lugar somos capaces de morir, por él nos damos por completo, por otro lado, existen los derechos de ciudadanía, por los cuales damos las gracias de habernos acogido.

La existencia de derechos que pueden ser reclamados por diversas razones, desde las históricas, culturales, religiosas o por cuestiones ideológicas, confronta, crea divergencias, crea fronteras, por todas estas causas se plantea el asunto del pluralismo jurídico que es una forma tolerante y democrática de vivir en un determinado territorio.

En la diversidad, las ciudades, los imperios, las Repúblicas, las monarquías, los reinos y los Estados han tratado con pueblos con fuerte identidad e historia propia, estos pueblos han contado con cierta autonomía relativa, los pueblos de Mesoamérica eran tributarios del imperio mexica pero con gran autonomía; bajo la dominación Persa también los pueblos gozaban de autonomía.

 Por lo regular, la división entre los pueblos fueron por motivos religiosos y de tributo desde una perspectiva etnocéntrica del tributario. Esta visión tiene actualidad, occidente nos ve a los pueblos indígenas  desde su perspectiva como también el norte.

 La lucha en contra de estas visiones se construye teorías como descolonización o epistemologías, como la Epistemología del Sur, por ejemplo. La discriminación y el racismo son leales compañeras del etnocentrismo. De igual manera, la exclusión le es consustancial. La discriminación y el racismo, las ciudades y sus muros vinieron a contribuir a ello.

 Fue precisamente Pericles en la antigua Atenas, considerado el demócrata  por antonomasia, decreta la exclusión de los de la sangre mesclada, no serán ciudadanos, por tanto.

Esta norma golpea fuertemente a los que no son atenienses, nacen los privilegiados, nace la ciudadanía elitista, hasta la fecha es uno de los mayores problemas del mundo: la migración.

¿Cómo  podemos resolver, construir, edificar un solo mundo donde quepamos todos? Solo un mundo sin fronteras.

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