CRÓNICA EXPRÉS: Al PRI no le alcanza para ganar la gubernatura de Oaxaca; ni coaligado

Rosy RAMALES

Para la próxima elección a la gubernatura de Oaxaca, al PRI no le alcanzan los números; ni siquiera coaligado con la mayoría de los partidos de oposición.

Vean:

Como resultado del seis de junio pasado, el Revolucionario Institucional apenas alcanzó los 332 mil votos, cuando su promedio histórico habían sido 400 mil; promedio que solo súper rebasó en los comicios de 2010 a la gubernatura oaxaqueña, en que obtuvo más de 613 mil votos coaligado con el PVEM, aportando éste último acaso 40 mil votos.

O sea, la más alta votación del PRI por sí mismo se ha acercado a los 600 mil votos.

Y aunque en 2010, el Revolucionario Institucional alcanzó la cifra más alta de votos con Eviel Pérez Magaña como candidato, fue derrotado por la coalición PAN-PRD-PT-Convergencia encabezada por el ex priista Gabino Cué, quien ganó por 733 mil votos.

Fue un frente a frente entre candidatos; ambos representaban buenas candidaturas y como personas le dieron alta votación a los respectivos partidos políticos que los postularon.

Gabino se impuso; era un candidato natural, además la coyuntura lo ayudó: Había división priista, y dos grupos internos operaron a su favor. Jorge Franco Vargas accionó en contra de la candidatura priista al sentirse traicionado por el entonces gobernador Ulises Ruiz Ortiz por no postularlo.

Y José Murat traía (y sigue trayendo) profundo pleito con Ulises Ruiz, a quien él mismo dejó como sucesor en la gubernatura oaxaqueña, donde hoy está Alejandro Murat gracias al PRI.

¿Qué…la izquierda y el PRI van un sexenio y un sexenio en Oaxaca?

Por cierto, en 2010 Gabino era discípulo del entonces perredista Andrés Manuel López Obrador.

Retomando: Todo lo hunde la división interna.

Solamente eso, una división profunda y de grandes dimensiones entre el morenismo podría provocar la derrota de Morena en la elección de la gubernatura oaxaqueña del próximo año, cuyo proceso electoral iniciará dentro de dos meses y medio.

Y tal vez ni así, porque como decíamos en columna anterior, Morena ya es toda una marca en Oaxaca, además bien cuidada por el jefe político del morenismo nacional. Mientras el priismo oaxaqueño fue abandonado por su jefe político estatal…¿o es solo percepción? Bueno, apapacha mucho a los del Verde y se cuadra ante López Obrador.

En fin, en política en ocasiones funciona un estratégico divide y vencerás. Le funcionó al PRI cuando en 2016 recuperó la gubernatura llevando como candidato a Alejandro Murat con quien apenas obtuvo 497 mil votos encabezando la coalición PRI-PVEM-Panal.

Suponiendo que el Panal y el Verde juntos hubiesen obtenido 107 mil votos, entonces el Revolucionario Institucional se acercó a los 390 mil votos en 2016 con Alex; casi 200 mil votos menos que en la elección de gobernador de 2010 con Eviel.

Y del 2016 a la fecha, la votación del PRI ha ido en picada; en las elecciones locales de 2018 disminuyó a los 359 mil votos, y en la reciente elección se redujo a los 332 mil.

¡Y siendo priista el gobernador Alejandro Murat!

¿Quiere decir que como mandatario no ha dado los resultados esperados por la ciudadanía? ¿O la ciudadanía oaxaqueña de plano abandonó al PRI? ¿O será que el mandatario se ha portado decente sin meter un dedo en asuntos electorales?

En ese contexto y considerando el resultado de las recientes elecciones, definitivamente no le alcanzan los números al PRI para retener la gubernatura: Alrededor de 332 mil votos frente a 702 mil obtenidos por Morena el pasado seis de junio, es una buena diferencia difícilmente remontable de aquí al primer domingo de junio del próximo año.

Y aunque en esta elección, la votación de Morena bajó en relación al 2018 (en que obtuvo cerca de los 771 votos) es comprensible porque entonces estuvo acompañada de la presidencial. No obstante, en los últimos dos procesos electorales Morena ha mantenido 700 mil votos.

Ah, sí del 2010 al 2016 Morena bajó en votación; de 733 mil a 353 mil cuando llevó como candidato a la gubernatura a Salomón Jara Cruz; fue cuando la izquierda se dividió: Benjamín Robles Montoya también quiso ser candidato y se llevó más de 169 mil votos con el PT, que sumados a los votos jaristas hubiesen dado en total más de 522 mil votos.

Un poquito más que los 496 mil de Alejandro.

Y luego, Pepe Toño se fue por su lado con el PRD y el PAN, obteniendo 387 mil votos.

Junta la oposición fácilmente le hubiese ganado a Alejandro, pero ¡zaz!, como por arte de magia se produjo la división y ganó el priista con poquísimos votos.

¿O más que división de la izquierda, operó algún pacto? Como si desde el 2010 se hubiese acordado un sexenio para la izquierda, otro sexenio para el PRI…perdón…para cierto grupo priista.

En fin, si en una simple proyección matemática rumbo a la sucesión sumamos los votos obtenidos el pasado seis de junio por el PRI, el PAN y el PRD (332 mil, más 82 mil, más 67 mil) resultan alrededor de 481 mil. Ups, no alcanzan frente a los 700 mil de Morena.

¿Y si le sumamos los votos del Verde (alrededor de 67 mil)? Casi 550 mil. Tampoco alcanzan. ¿Y si le sumamos los 125 mil votos del PT? Alrededor de 675 mil. Tampoco. Quizá pudieran completar con los votos de alguno de los partidos que sobrevivan como locales.

Cuánto número, ¿no?

El caso es que el PRI necesita un verdadero milagro para ganar en el 2022. Algo así como una profunda, pero muy profunda división morenista, otro pacto o una rebelión priista que rescate al Revolucionario Institucional del clan muratista.

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Correo: rosyrama@hotmail.com

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