Rosy RAMALES
Benjamín, ya no te dolerá la pierna, ni sentirás frío en el corazón. Dios te liberó de todo mal. Seguramente ya estás sentado junto a Él, porque creías en Él. Incluso, solías ir a la parroquia para escuchar misa, caminando desde tu casa.
¿Era tu destino morir la tarde de este lunes 7 de febrero? Tal vez. En el curso de los años, libraste muchas cosas, peligros, enfermedades, miles de problemas, y, mira, te fuiste de repente mientras comías. La muerte actúo como una invitada inesperada.
Duele tu partida. Pues duele cuándo un amigo se va. Porque encontrar amigos es tan difícil, sobre todo en el mundo empresarial y político en el que te desenvolviste, Benjamín Hernández Ruiz, tras haberte formado como Ingeniero Industrial en el Instituto Tecnológico de Monterrey.
Hoy escribo estas líneas para ti, porque quiero recordarte así: Exitoso, sonriente, amable, lleno de vida. Te habría gustado leerlas, porque te encantaban los reflectores, ser el centro de las conversaciones. Y, francamente, me niego a verte dentro de un féretro. Los funerales son rituales que jamás podré superar desde la muerte de mi querido hermano.
Quiero recordarte sentado a la mesa redonda del comedor, disfrutando de un aperitivo: Un buen mezcal o vino tinto. En ese gusto coincidíamos. Recordarte viendo las noticias por televisión en la sala de estar ex profeso, o paseando por tú hermoso jardín de eventos sociales (tipo deportivo), o platicando bajo la palapa.
O subiendo a tu camioneta para dirigirte a las instalaciones de Cimaplas, la empresa que fundaste tan pronto como terminaste la carrera. Los amigos cuentan que no te fue fácil, ni estudiar, ni emprender; eran tiempos difíciles económicamente.
Hay que admirar a las personas que como tú, siendo de origen indígena, se arriesgan y sobresalen. Además, siempre fue motivo de orgullo haber nacido en La Natividad, una comunidad de la Sierra Norte oaxaqueña.
Fuiste exitoso, con una esplendorosa época empresarial en Oaxaca y en Nuevo León.
Un hombre de negocios que no le gustaba anclarse en ningún lugar. Pero tal vez seis años atrás, decidiste vivir de tiempo completo en tu natal Oaxaca, donde los gobernadores hasta te hacían reverencia; fue tú época dorada.
Nunca lo dijiste. Pero fuiste uno de los empresarios que mucho aportaron a la dolce vita de infinidad de políticos, y quizá a campañas electorales en la época del partido hegemónico. Todavía me tocó ver a unos gobernadores desfilar por tu exclusivo jardín.
A no pocos políticos les diste regalos esplendorosos: Cuadros, por ejemplo.
¿Ellos se acordarán de ti? Mala onda, si no. Por cierto, algunos andan en campaña electoral.
Benjamín, tuve el privilegio de gozar de tu amistad. Nos hicimos muy amigos. Con frecuencia desayunabamos o comíamos juntos en tu casa o en el jardín. En ocasiones también asistían pintores. Eras amigo de varios pintores, y también de periodistas.
Otras veces –que fueron las menos— íbamos a algún restaurante.
Felipe Sánchez me llamó por teléfono en cuanto se enteró de tu repentina muerte. Yo me había enterado minutos antes. Y juntos recordamos al amigo de los amigos. Felipe recuerda cuando comimos con periodistas y políticos en el restaurante “El Ché” cuando funcionaba frente al lado lateral del templo de Santo Domingo. Se armó una gran bohemia. Ahí llegó una persona que hoy es diputada local deleitándonos con su voz.
Eras bohemio. Y viviste intensamente cada día. Qué envidia. Eso de hacer lo que uno quiere, es de envidiarse buenamente.
A partir de que inició la pandemia Covid-19, dejamos de frecuentarnos. Pero de vez en cuándo hablabamos por teléfono, o compartíamos alguna idea por WhatsApp.
Te gustaban las sobremesas. ¿Y de qué platicabas? Hablabas del mundo empresarial, pero también de política. Te gustaba la política, y yo solía decirte: “¿Pero qué necesidad?” Y reías. Fuiste Diputado Federal y Senador de la República aunque por breve tiempo porque Benjamín Robles Montoya pronto regresó al escaño como propietario tras competir por la gubernatura de Oaxaca en 2016.
No obstante, tu sueño de estar en la Cámara Alta se cumplió.
Te llevabas con políticos de todos colores: Rojos, azules, amarillos, roji-amarillos y guindas. Eras generoso sin exclusiones.
Nuestro amigo Flavio Sosa, te escribió en Twitter: “Querido Benja: ¿Qué es la vida? Es tan solo la sombra de la primavera o tal vez del otoño, nunca lo sabremos a ciencia cierta…Gracias por tu hospitalidad y cariño. Descansa Benja, acá afuera hay mucho ruido y sopla un viento helado…”
Sí, eras muy hospitalario. Y cosa extraña en los hombres de negocios, pero eras sensible, afectuoso, muy humano. También tenías carácter fuerte, pero sabías dónde y con quiénes mostrarte así.
¿Qué es la vida? Tal vez un misterio para disfrutarse. Y tú, mi querido Benjamín, supiste disfrutar la vida.
Nos dejas muchos recuerdos, enseñanzas. Y siento mucho no haber podido ir a comer contigo la última vez que habíamos acordado. Ya nos encontraremos en algún momento, pues los humanos solamente transitamos por lo que conocemos como vida.
Desde aquí envío mi sincero y sentido pésame a tu familia. Descansa en paz, querido Benja.
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Correo: rosyrama@hotmail.com
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