CRÓNICA EXPRÉS: Los que suenan a la dirigencia del PRI-Oaxaca

Más que cambio de dirigencia, el PRI estatal necesita estrategia

Rosy RAMALES

Ya saben, tras la derrota, los priistas van sobre los despojos del PRI estatal. Y ojalá fuesen los priistas de hueso colorado, formados en la brega partidaria, con doctrina y filosofía; ya no hay de esos priistas.

Bueno, sí los hay, pero son honrosas excepciones, muchos ya retirados hace tiempo de las actividades pardarias. Ah, pero qué bien les vendrían sus consejos a quienes hoy intentan enderezar el camino del Revolucionario Institucional, que no es un problema local sino nacional; el mal se localiza en la cúpula central y de ahí extiende al partido en todo el país.

Hoy pululan los priistas sin méritos, militantes por derecho de sangre. Claro, nadie nace sabiendo y es justo darles la oportunidad (sean de cualquier edad); y siempre, en cualquier partido, deben ser bienvenidas las ovejas descarriadas, las que se van y regresan.

La noche misma del cinco de junio empezaron los run-runes sobre el cambio en la presidencia del Comité Directivo Estatal del PRI-Oaxaca. Que si fulanito, que si sutanito, que si perenganito, para sustituir a Javier Villacaña Jiménez; lo mismo habría ocurrido con quien presidiera el partido en el momento de la derrota.

Y, sin embargo (como lo comentamos en columna anterior) en la praxis priista, el responsable directo de una derrota de su partido es el jefe político del priismo local en turno. Porque en el PRI nada se mueve sin la voluntad de éste, donde es gobierno. Así ha sido por los siglos de los siglos amén.  Bueno, en algunos casos se delega la responsabilidad en personas cercanísimas, pero públicamente el número uno sigue teniendo el mayor peso en esa culpa.

En fin, que se habla de varios nombres, tres sobre todo tres: Alejandro Nassar Piñeyro, Héctor Pablo Ramírez Puga Leyva, Alejandro Avilés Álvarez y Francisco Villareal (el priista de los ojos aceitunados y ex aspirante a la candidatura del PRI a la gubernatura de Oaxaca).

Francamente no conozco como político a Alejandro Nassar Piñeyro. Lo saludé ocasionalmente en casa de una gran amiga en ese momento: Irma Piñeyro, una política en toda la extensión de la palabra, con mucho talento, a quien su mismo partido le jugó malas pasadas en sus aspiraciones.

Ojalá el talento se heredara.

Pero hay ejemplos de que no. Claro, en ocasiones los hijos superan a los padres en el talento político, pero son contadísimas, pero contadísimas las excepciones.

Retomando el tema: No conozco a Alejandro Nassar en su desempeño como político, tampoco me consta tratarse del Villano de Palacio de Gobierno, el cicegobernador o el cabecilla de la “burbuja” del gobernador Alejandro Murat (de quien es su secretario), como dicen en el círculo gobernante.

Quienes lo dicen tendrán sus razones. Lo mismo para decir que Alejandro Nassar junto con varios priistas cercanos al jefe político, estuvieron a cargo de coordinadar ciertas actividades relacionadas directamente con la estructura para la reciente elección de gobernador, que el PRI perdió casi dos a uno frente a Morena.

Lo que sí, un presidente del PRI en cualquier estado del país, debe tener ciertas cualidades: Líder nato, conocimiento del partido, doctrina, haber sido por lo menos dirigente de sección electoral, buen carácter, don de servicio, vocación política, capacidad de gestión (sobre todo ahora que el priismo oaxaqueño se quedarán sin el gobierno del estado)

En política, muchas veces se confunde “chamba” y burocracia con liderazgo y militancia.

Desconozco si Alejandro Nassar reúna esas cualidades mínimas. Si las reúne, seguramente sería un buen presidente del PRI estatal.

Al final de cuentas, el visto bueno lo da la cúpula priista nacional en cuanto a las dirigencias locales. Ojalá fuese como proponía Ulises Ruiz Ortiz: Electos por consulta abierta a la base militante. Pero real, no manipulada como fue la elección del actual líder nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas (“Alito”).

A Hécto Pablo Ramírez Puga Leyva lo conocen todos, lo mismo que su desempeño como político y como servidor público. Él, incluso, ya fue presidente del PRI estatal (en el 2006); entonces sabe del teje y maneje partidario.

Sin embargo, Héctor Pablo tiene un “pero”: El haberse ido del PRI para competir como candidato al Senado de la República en las elecciones de 2018, por la coalición PAN-PRD-MC. Posteriormente se incorporó al gabinete ampliado del gobernador Alejandro Murat.

Quien sabe si el priismo oaxaqueño esté de acuerdo en tenerlo como dirigente después de haber jugado en contra de su mismo partido en una contienda electoral, que sus razones habrá tenido Héctor Pablo y quizá para él son válidas.

Y aunque el priismo no esté de acuerdo, si la cúpula lo impulsa, será. No obstante, el PRI estatal necesita de un liderazgo de consenso. Tendrá que convenecer a su partido.

El horno no está para bollos en el Revolucionario Institucional.

Alejandro Avilés Álvarez, si bien la dirigencia del PRI estatal sería como una recompensa por su entrega en la campaña a la gubernatura de Oaxaca, él está bien liderando la bancada priista en el Congreso Local, donde cuenta con recursos y desde donde puede ‘echarle la manita’ a su partido.

Incluso, al parecer, a la bancada priista le toca presidir la Junta de Coordinación Política en el segundo año de ejercicio legislativo; y ese liderazgo le daría la oportunidad de foro, movilidad y posicionamiento si acaso estuviera en sus aspiraciones un escaño en el Senado para las elecciones de 2024.

Y sin necesidad de que al rato lo culpen de derrotas, nada más por estar al frente del PRI estatal, cuando las derrotas son multifactoriales. De entrata, este partido necesita retomar lo que olvidó: La gestión social.

Francisco Villareal ha estado más en la carrera del servicio público, pero también ha desempeñado tareas partidistas. Quizá en estos momentos sea quien tiene menos “peros”.

Sin embargo, cabe preguntar: ¿Por qué hablar de quitar a Javier Villacaña? ¿Y no de armar una estrategia en conjunto entre él y todas las personas que aspiran a presidir el PRI estatal para empezar a revitalizar al priismo oaxaqueño rumbo a las elecciones de 2024?

Recuerden que en 2018 no solamente se jugará la Presidencia de México, sino también la integración de las cámaras del Congreso de la Unión; elecciones que serán concurrentes con las elecciones para renovar el Congreso del Estado de Oaxaca y los ayuntamientos de régimen de partidos políticos.

Vaya, los priistas oaxaqueños tienen mucha tarea como para estar perdiendo tiempo en disputarse un cascarón como lo es el Comité Directivo Estatal; primero hay que devolverle la competitividad al PRI, y esto no se consigue con disputas internas, golpes bajos, guerra sucia.

Javier Villacaña hizo su mejor esfuerzo, lo mismo que Alejandro Avilés.

El mal no está en las dirigencias estatales, ni la actual ni las pasadas, sino viene del Comité Nacional, cuya estrategia ha sido fallida. Además, cuenta el ejercicio de gobierno, el ejercicio legislativo, los ejercicios de las administraciones municipales priistas.

Como citamos párrafos arriba, el PRI oaxaqueño necesita retomar la gestión social, jugar su papel de oposición frente a Morena a partir de diciembre próximo y atender a un sector olvidado por los morenistas: La clase media. O sea, necesita estrategia.

Ah y, por supuesto, reestructurar los comités municipales priista necesarios, porque seguramente habrá comités que sí funcionaron; integrar los alrededor de 70 comités que hacen falta, y  ajustar sectores y organizaciones donde también sea necesario.

Eso sí, ajustarle las cuentas a quienes se quedaron con el dinero de los delegados y demás estructura priista en la reciente elección local.

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Correo: rosyrama@hotmail.com

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