CRÓNICA EXPRÉS: Y en el homenaje a Doña Gloria, poco se cuidó la sana distancia

Rosy RAMALES

En el Salón Oaxaca del Hotel Misión de los Ángeles, ocupando solo la mitad de éste, había asientos dispuestos como para 50 personas, separados uno del otro para guardar la sana distancia como medida sanitaria ante la pandemia Covid-19.

Y al frente, estaba la mesa para el presídium, y a un lado, hacia el interior, una pantalla, junto de la cual se veía una fotografía en grande de Gloria Altamirano Portillo y una cruz confeccionada en crisantemos blancos con un ramillete de rosas rojas.

Se trataba de un acto del PRI para rendirle homenaje póstumo a doña Gloria, priista de cepa todos los días de su vida, quien libró batallas internas y externas. Incluso, fue víctima de un atentado recibiendo más de 20 balas, en su natal Tlacolula de Matamoros, municipio que en alguna época vivió una intensa convulsión política.

Doña Gloria, quien siempre acudía al llamado de su partido en todo evento, falleció el 22 de mayo del año en curso, en plena etapa álgida de la pandemia, razón por la cual el priismo oaxaqueño no tuvo la oportunidad de darle un merecido último adiós.

Ahora, el Comité Directivo Estatal, que encabeza Eduardo Rojas Zavaleta, quiso hacerle un reconocimiento post mortem.

Y así, en el Salón Oaxaca del Hotel Misión de los Ángeles desde antes de las 10:00 horas empezaron a congregarse priistas: Hombres y mujeres, pero más mujeres, sobre todo parte de aquellas con las cuales convivió doña Gloria, y seguramente aprendieron de su experiencia.

Fue diputada local por el Distrito de Tlacolula y presidenta municipal de la cabecera.

Ahí estaba su esposo, aguardando sentado en la hilera de hasta adelante y quien al parecer jamás se enceló de esa gran pasión de doña Gloria: La política y su amor al PRI. Tampoco se entrometió.

También estaba su hija Cony Robles Altamirano, ataviada de pantalón negro y un bonito blusón blanco de ligero bordado típico. Ella ha seguido los pasos de su mamá en política, pero quizá no tan exitosamente como doña Gloria, quien, por cierto, siempre tenía una sonrisa a flor de labios y se detenía a saludar cuando uno la encontraba sin importar el lugar ni el momento.

Poco después llegaron al salón Liz Concha, María Luisa Matus, Raquel Alberto, Carmelita Ricárdez, Adriana Atristáin, Eugenia Campa Miranda, Luiz Divina Zárate Apac y Patricia Villanueva Abrajan, entre otras.

Además, de varias mujeres de generaciones un poco más recientes.

Entre los hombres, se vio a Amando Bohórquez y el priista Soriano de Tlacolula, entre otros, muchos de ellos jóvenes.

El uso obligatorio del cubrebocas dificultaba identificar de inmediato a las y los asistentes. Se les podía reconocer con claridad por su voz, su estilo en la forma de vestir o por su complexión. Aunque algunas personas son inconfundibles como, por ejemplo, María Luisa, quien iba ataviada de traje istmeño gris.

De hecho, el 99% de la concurrencia vestía de luto: Todo negro, negro con blanco o gris.

Raquel portaba vestido negro, Liz falda pagada a cuadros negros, Carmelita pantalón negro y blusón blanco, etc. Luz Divina en cambio lucía vestido azul de tela fresca, largo y holgado.

En realidad el luto se lleva en el corazón y en el cariño que se le puede guardar a la persona que transita de la vida a la muerte, como doña Gloria.

La colocación de las sillas espaciadas era para guardar la sana distancia, así que las personas asistentes debían llegar y sentarse. Sin embargo, varias andaban de un lado a otro, se reunían en grupitos para saludarse y conversar.

O sea, no guardaban la sana distancia, que era necesaria porque además se estaba en un lugar cerrado con aire acondicionado, por el cual circulan toda clase de virus y bacterias. La ceremonia estaba prevista en el jardín, pero lo inundó la copiosa lluvia de la noche anterior, por eso ocuparon un salón.

En todo caso, debieron realizar la ceremonia en las instalaciones del PRI estatal; la casa política de doña Gloria. Además un partido con poco financiamiento público, no puede darse el lujo de derrocharlo en renta de espacios cuando tiene una sede con un amplio patio.

En algún momento la disciplina se relajo tanto que varias personas estaban de pie entre silla y silla, donde otras personas ya se encontraban sentadas.

“Oiga, ¿por qué no se sienta en su lugar, porque aquí de pie no está usted guardando la sana distancia”, dijimos a un joven cuyo rostro no se veía del todo debido al cubrebocas, dando la siguiente respuesta: “Jajaja, hay que decírselo a todos”.

En ese momento, esta escribiente optó por salirse porque si los asistentes a la ceremonia no cuidaban su propia salud, menos estaban cuidando la de los demás.

En la escalera topamos con Patricia Villanueva, quien venía entrando al vestíbulo, donde los organizadores del acto habían dispuesto de un pequeño refrigerio: Café, refrescos, agua, sándwiches y tacos dorados; toda la comida bien cubierta de manera individual.

Serían acaso 10:25. Y a esa hora aun no llegaban los personajes que estarían en el presidíum para el homenaje póstumo a la estimada doña Gloria.

Hacer esperar también contribuye a los contagios, pues las personas aguardan más tiempo exponiéndose al contacto con otras personas.

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Correo: rosyrama@hotmail.com

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