Rosy RAMALES
El proceso electoral ordinario inicia en septiembre del año previo al de la elección. Su primera etapa, denominada “preparación de la eleción” –y que es la etapa más larga–, arranca con la sesión que el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) celebre durante la primera semana de ese mes.
Entonces, el proceso electoral 2026-2027 probablemente arranque entre el 1 y 5 de septiembre próximo si el Consejo General considera ese periodo incompleto como la primera semana. No obstante, el banderazo de salida casi siempre ocurre durante la primera semana completa, lo que situaría la fecha entre el 6 y el 12 de ese mes.
Nos referimos al ámbito federal. El inicio es similar en los procesos electorales de las entidades federativas, donde los Organismos Públicos Locales (OPL) marcan la pauta, conforme los respectivos calendarios y legislaciones locales.
Pero en ambos ámbitos, ya es la víspera de la contienda; estamos a menos de dos meses del arranque formal, oficial y legal de un proceso en el que se renovará la Cámara de Diputados, 17 gubernaturas, la mayoría de los congresos locales y alrededor de dos mil ayuntamientos, más cargos de la Ciudad de México.
Por eso Morena anda como loco.
Pero menos locos están los partidos de oposición, que actúan más como resignados con la única esperanza de conservar el resgistro. Al único que se le ve hambre de triunfo es al nuevo partido “Somos México”; un apetito que, sin embargo, pende de un hilo mientras la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) no confirme el registro.
En fin, si algo queda claro es que tanto las elecciones federales como locales están a punto de arrancar formalmente, justo cuando el partido gobernante, Morena, ya está quemando cartuchos en los procesos internos anticipados. La oposición intenta seguirle el ritmo, pero sin hacer tanto ruido, porque simplemente no tiene con qué o ya va tarde.
Este retraso opositor cobra mayor peso al tratarse de una elección federal intermedia, un escenario donde se jugará la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, indispensable para impulsar reformas constitucionales tanto para el partido oficialista como para la oposición.
Además, el contraste es evidente: Mientras Morena despliega sus estrategias, la oposición parece carecer de propuesta a dos meses del inicio del proceso electoral, para ganar al menos la mayoría relativa o mínimamente para obtener el porcentaje de votos que le garantice mentener el registro nacional.
Morena tampoco tiene todas las de ganar. Quizá sí en las elecciones para renovar la Cámara de Diputados, pues tanto al partido guinda como a sus aliados (PVEM y Morena) conviene reunir la mayoría calificada. Ya las elecciones estrictamente locales, dependerán de los intereses de los grupos politicos en cada entidad federativa.
Y a menos dos meses del inicio del proceso electoral, en las entidades ya es evidente el estira ya afloja entre los partidos políticos de la llamada Cuarta Transformación, así como en la oposición (aunque en menor medida) en la selección de candidaturas a los cargos de elección popular.
Todo mundo anda sin recato en sus actos anticipados, sin que el INE ponga un hasta aquí. Bueno, al menos reglas equitativas mediante lineamientos, pues como ya hemos comentado en ocasiones anteriores, la Sala Superior del TEPJF ya dijo que esos actos internos anticipados, no lo son, sino más bien son procesos previos internos partidistas para seleccionar candidatos.
Y diganle que no, si la Sala Superior tiene la última palabra.
NOROÑA, OJALÁ QUE NO.
Con Gerardo Fernández Noroña, Morena va como el cangrejo. El partido guinda necesita en el Senado de la República un liderazgo, no un político con dones de porro.
Claro, el líder de su Grupo Parlamentario, Ignacio Mier, no podrá limitar el derecho de Noroña a inscribirse como aspirante por segunda ocasión a presidir la Mesa Directiva, pero el Pleno sí puede acotarlo, empezando por la mayoría morenista.
Ya basta de circo.
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