CRÓNICA POLÍTICA: Adiós Peña…¿te extrañarán?

Rosy RAMALES

Quien sabe si los mexicanos extrañarán a Enrique Peña Nieto como Presidente de la República. Pero mañana todos le habrán dicho adiós en el último día de su mandato, salvo aquellos de su cercanísimo círculo y del grupo Atlacomulco donde tiene su origen.

Quizás extrañen cierta sensibilidad para dar reversa a acciones irregulares cuando la opinión pública se le echó encima. Lo más que dijo fue que la sociedad y los medios destacaban los aspectos negativos y dejaban de mencionar acciones que valían la pena.

Pero no encarceló masivamente a los ciudadanos disidentes ni amordazó periodistas, ni cerró medios de comunicación…Bueno, hubo algunos casos emblemáticos. Por ejemplo, Elba Esther Gordillo y la periodista Carmen Aristegui, entre otros.

El caso de la lideresa magisterial tiene muchas aristas, algunas hasta inconfesables.

Y en el caso de Carmen nunca se supo a ciencia cierta si fue despedida a petición del Peña Nieto cuando ella descubrió la “Casa Blanca” de Angélica Rivera, o porque los empresarios de los medios actuaron por sí mismos queriendo quedar bien con el Presidente de México.

Así son los grandes empresarios de la comunicación: Siempre se pondrán a las atentas órdenes del Mandatario en turno. Ayer estuvieron con Peña Nieto, mañana estarán con Andrés Manuel López Obrador. No les importa la ideología, porque negocios son negocios.

Retomando el tema. Quizá parte de los mexicanos extrañen de Peña y del PRI la voluntad para generar acuerdos con las fuerzas políticas opositoras. Peña Nieto como jefe político de los priistas impulsó la generación de consensos, apoyado por sus operadores políticos.

Un claro ejemplo de consenso y acuerdo fueron sus “reformas estructurales”. Incluso, cuando la firma para la Reforma Educativa aparecen los líderes de casi todas las fracciones parlamentarias de ambas cámaras del Congreso de la Unión aplaudiendo al Presidente de México.

Que las “reformas estructurales” no hayan funcionado del todo, es otra cosa. Por cierto, como dice la vox populi “tanto peca el que mata a la vaca como el que le agarra la pata”, entonces son co-partícipes todos aquellos que aprobaron dichas reformas.

Y a propósito de la reforma educativa, quizá hasta la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE) en algún momento llegue a extrañar a Peña Nieto porque si bien éste promovió una evaluación que en automático expulsó a quienes demostraron deficiencia, tampoco aplicó con ellos el Estado de Derecho.

Debió aplicarlo. Es algo que gran parte de la ciudadanía mexicana no perdona: El caos, los desmanes, las marchas, los plantones, la afectación a los derechos humanos (y en primerísimo lugar a la educación de calidad y el libre tránsito).

¿AMLO aplicará el Estado de Derecho? Pues lo prometió cuando recibió sus constancia como Presidente Electo. ¿Lo hará con los maestros de la CNTE? Es incierto. Lo que sí es claro es el ánimo de López Obrador de ejercer la Presidencia de México sin obstáculo alguno.

Y quizá parte de los mexicanos extrañen el federalismo, porque hasta el momento todo apunta a la centralización. Ya se verá en los hechos, pues puede que por ahora solo sean espejismos.

Lo que sí no extrañarán es la corrupción del sexenio peñista, no solamente en el ejercicio del Gobierno Federal, sino en las entidades federativas donde fueron protegidos los gobernadores a pesar de sus acciones irregulares y lesivas.

Tardíamente actúo el Presidente en contra de algunos de ellos, y eso para quedar bien con miras electorales. Pero no le funcionó y la ciudadanía lo castigó en las urnas electorales dejando de votar por el PRI.

Los ciudadanos se hartaron de la inseguridad, de las fosas clandestinas, de hechos sin esclarecerse como el de Ayotzinapa, del huachicoleo, de la falta de actuación frente al crimen organizado, de los familiares en los cargos públicos, de un PRI de élite y de tantas cosas más.

¿Y los priistas extrañarán a Peña Nieto? Seguramente solo aquellos de su círculo más cercano, y también está en veremos.

Pero además de los rebeldes (de la corriente Democracia Interna), hay muchos priistas que esperan el primero de diciembre para actuar en libertad.

Veremos qué pasa.

Por lo pronto, todos, o casi todos, ya dicen “adiós Peña Nieto”.

Para un político no hay castigo más grande que el repudio social. Eso de llegar vitoreado al poder y salir repudiado, ha de ser el mismo infierno para un gobernante.

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Correo: rosyrama@hotmail.com

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Categories: Columnas,CRÓNICA POLÍTICA

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