Rosy RAMALES
No ocurrió el milagro. Tal como se preveía, el bloque de 3 magistraturas de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) rechazó anular la elección de ministras y ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) como proponía el magistrado Reyes Rodríguez Mondragón.
La magistrada presidenta Mónica Soto Fregoso y los magistrados Felipe de la Mata Pizaña y Felipe Fuentes Barrera no solo mantuvieron su postura de sesiones anteriores, sino que la endurecieron y prácticamente despedazaron el proyecto de sentencia de Reyes, a quien le faltó un asidero de reglas claras como soporte de sus propuestas.
De manera aplastante el bloque de 3 bateó la conclusión de Reyes: “Haberse acreditado la existencia de una estrategia ilícita, coordinada, sistemática y generalizada de distribución de guías de votación (‘acordeones’) que tuvo el propósito de influir en el voto de la ciudadanía y que fue determinante para los resultados electorales”.
Por tanto, no se actualizaban las causales de “uso de financiamiento público o prohibido no permitido por la ley y violación grave a los principios y preceptos constitucionales que rigen la materia electoral.”
Mónica Soto y Felipe de la Mata insistieron en la falta de la autoría de los ‘acordeones’, de pruebas fehacientes, entonces cómo acreditar que dinero público financió la impresión y distribución de tales guías, de cuyos diversos modelos Reyes hizo hasta gráficas por entidad.
La sana crítica y las máximas de la experiencia aplicadas por Rodríguez Mondragón en la valoración de las pruebas, no valieron para el bloque de 3.
Incluso, su proyecto se sentencia se estrelló ante la resolución de un día anterior de la SCJN, que declaró la validez de la elección de magistraturas de la Sala Superior del TEPJF, aún cuando en los medios de impugnación la Corte no entró al estudio de fondo.
En fin. La sesión de ayer del Pleno de la Sala Superior fue como un reflejo de las dos posturas existentes en la sociedad mexicana: Una que cree firmemente en que la elección judicial fue manipulada mediante ‘acordeones’ para llevar a la Corte a quienes ganaron; otra, que el uso de ‘acordeones’ no fue determinante.
Reflejó un choque entre el oficialismo y la oposición, protagonizado sobre todo por Mónica Soto y Reyes Rodríguez; ambos aferrados en posturas antagónicas acicatedas tal vez por sus rencillas derivadas de la lucha por el control del TEPJF.
Reflejó que la justicia electoral no depende de la ley, sino depende exactamente del criterio de las personas magistradas según su afinidad política, al menos en la integración actual con la salvedad de la magistrada Janine Otálora Malassis, quien si bien también propuso la nulidad su postura fue más neutral, más profesional.
Reflejó que la justicia electoral se encuentra en el apogeo de una etapa de incertidumbre para quienes se opongan al oficialismo. Situación que no cambiará cuando en breve se incorporen las dos magistraturas electas porque son producto de la cuestionada elección judicial.
En fin, queda firme la elección de ministros y ministras de la nueva Corte.
ENTRE INDIRECTAS Y BROMAS
En algún momento de la sesión, Mónica Soto Fregoso dijo que el papel de las magistradas y magistrados no es ver “cómo se tira una elección”.
La indirecta sonó muy directa para Reyes Rodríguez Mondragón. Pero ¿éste quiso tirar la elección de ministras y ministros de la SCJN, o solamente pretendió hacer valer principios constitucionales violentados con el uso de ‘acordeones’, lo cual ameritaba la nulidad?
¿Una cosa llevaba a la otra?
En otro momento de la sesión, cuando Mónica pidió a Reyes prestarle un ejemplar de los acordeones y ella agarró “el bueno”, él bromeó: “Espero que no haya ido usted a votar con ese…”
Mónica se enojó, pidiendo a Reyes “respeto al Pleno y a su presidenta”.
Quien sabe si fue una broma sin mala intención o con toda. Pero sonó a señalamiento sútil de oficialista. Dicen que a veces entre broma y broma la verdad se asoma.
El bloque de 3 no negó la existencia de los ‘acordeones’. Ahí estaban tres mil ejemplares en las cajas de expedientes sobre la mesa del Pleno de la Sala Superior, pero sin acreditarse plenamente la autoría de la impresión y distribución de los mismos en la elección de ministros y ministras.
Incluso, Mónica Soto sembró una duda más: Los ‘acordeones’ parecían nuevos, sin usarse.
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