Rosy RAMALES
Se aproxima el primer debate entre los candidatos a la Presidencia de la República, con gran interés entre los mexicanos por saber más sobre las propuestas para el desarrollo, la seguridad pública, la estabilidad económica y la paz social en el país.
Y al mismo tiempo para conocer algo más del temple de los presidenciables: José Antonio Meade Kuribreña de la coalición “Todos por México” (PRI-PVEM-Panal), Andrés Manuel López Obrador de la alianza “Juntos Haremos Historia (Morena-PT-MC), Ricardo Anaya Cortés de la coalición “Por México al Frente”, y los independientes Margarita Zavala y Jaime Rodríguez Calderón.
Seguramente cada mexicano les tiene preguntas. Porque es muy fácil prometer y generar expectativas, pero es muy difícil cumplir: A veces porque realmente nunca fue el ánimo, en ocasiones por dificultades y obstáculos, o porque los funcionarios son atrapados por la vorágine de la corrupción, sean del partido que sean.
México ha pasado ya por dos experiencias, que más de transición, fueron de alternancia: Los gobiernos emanados del PAN: El de Vicente Fox Quesada, quien en el 2000 le ganó al PRI por primera vez en la historia del país (entonces Acción Nacional fue coaligado con el PVEM); y el de su sucesor Felipe Calderón Hinojosa, quien compitió solo como panista.
Vicente Fox sobre todo generó demasiadas expectativas por las promesas de cambio; cambio que los mexicanos no sintieron, por lo menos en sus bolsillos. Tal vez lo hubo en lo macro-económico, pero sus alcances son distintos.
Luego llegó Calderón, y lo mismo; aunque para la elección del 2006 los mexicanos ya estaban desilusionados de los gobiernos panistas. Quizá por ello el resultado comicial fue muy cerrado: 35.91% contra 35.29% obtenido por el candidato de la coalición PRD-PT-Convergencia, Andrés Manuel López Obrador.
Ni se diga en el 2012, para entonces la mayoría de los mexicano estaban completamente desilusionados del ejercicio gubernamental del PAN, enojados por falta del cambio prometido, y optaron por regresar al PRI a la Presidencia de la República: Enrique Peña Nieto ganó con el 38.20% como candidato de una coalición con el Verde, contra 31.57% de AMLO como abanderado de la alianza PRD-PT-MC.
En 2012 el PAN se desplomó un tanto por su desgaste como gobierno, y otro tanto por llevar una pésima candidata: Josefina Vázquez Mota.
En ese momento, el PRI capitalizó el enojo ciudadano, pero además llegaba unido a la elección presidencial con un candidato joven, de perfil muy comercializable electoralmente, y tenía toda una estrategia mediática muy bien diseñada.
Hoy es distinto: El Revolucionario Institucional se desgastó muy rápido en seis años, no supo responder a la confianza ciudadana otorgada nuevamente en el 2012, y la vorágine de la corrupción atrapó al priismo. Y por si fuera poco, llega fracturado; sin visos de unión de aquí a la jornada electoral del primero de julio próximo.
Es la hora en que priistas se preguntan: ¿En serio se sumó Miguel Ángel Osorio Chong? Incluso, algunos osoristas se fueron a otros partidos con todo el ánimo de hacer perder el PRI. Ahí está el caso del oaxaqueño Héctor Pablo Ramírez Puga Leyva, quien como Director de Liconsa placeó al entonces Secretario de Gobernación por las zonas afectadas por los sismos de septiembre pasado.
Hoy Héctor Pablo es candidato de la coalición “Por México al Frente” al Senado. Claro, su dimisión al PRI fue más bien por su aspiración personal, que en solidaridad a Osorio Chong. No obstante, cabe preguntar: ¿Éste pudo haber controlado a su simpatizante?
En fin, todo parece indicar que el Revolucionario Institucional perderá la Presidencia de la República, salvo ocurra un milagro. ¿Podría ser el enojo de los empresarios en torno a la construcción del nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México? ¿La testarudez que está proyectando López Obrador?
Es impredecible. Por lo pronto, AMLO sigue punteando.
Los gobiernos panistas no fueron la panacea a los problemas de nuestro país. ¿Lo sería un gobierno de izquierda encabezado por López Obrador? ¿O sería una alternancia más?
Quizá sea una de las dudas y de las preguntas en buena parte de los votantes mexicanos: ¿Cómo garantiza AMLO un cambio positivo para el país? ¿Cómo aterrizará cada una de sus propuestas sin lesionar a determinado sector de mexicanos para favorecer a otros? ¿Cómo conseguir el justo medio?
Y si gana nuevamente el PAN, ¿Ricardo Anaya es garantía de cambio? ¿O pretende llegar al poder para hacer negocios privados?
Y si al PRI le ocurre el milagro, ¿volvería a las andadas aún con un cuadro externo como Meade?
¿Margarita gobernaría como panista? ¿Jaime Rodríguez botaría a los mexicanos como botó a los neoloneses?
PREGUNTA:
¿Por qué los candidatos de la coalición “Todos por México” en sus comunicados no mencionan a su abanderado presidencial, José Antonio Meade?
Ocurre en todas las entidades federativas, o solamente en algunas.
¿Por qué?
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Correo: rosyrama@hotmail.com
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