Rosy RAMALES
Alejandro Moreno Cárdenas (Alito) se engaña solo. Bueno, ni tan solo; le hace eco la militancia que aún queda en el otrora poderoso Partido Revolucionario Institucional (PRI). Tal como ocurrió en el reciente IX Consejo Político Nacional, donde este dirigente dijo:
“El PRI puede e irá a la contienda como fuerza política fuerte, independiente y competitiva”.
De que puede ir a las elecciones del 2027, puede. Incluso, la ley lo obliga a participar; caso contrario, pierde el registro como partido político nacional. Pero irá como una fuerza política débil, sin el menor asomo de competitividad, salvo que ocurra un milagro.
Quizá la independencia de Morena sea la única cualidad que le queda. Y es un decir, porque en al menos dos ocasiones las bancadas priistas en el Congreso de la Unión han avalado iniciativas morenistas. Una de las más sonadas fue la permanencia militar en las calles.
Eventual alianza legislativa distante del beneficio de México. Más bien, ha coincidido con el riesgo de que Alito pierda su libertad ante una diversidad de ilícitos supuestamente cometidos por el campechano, y bien aprovechados por el partido en el poder: Morena.
A siete años de haber perdido la Presidencia de la República y casi todo en las cámaras legislativas a manos de Morena y aliados, el PRI no ha podido recuperarse. Por el contrario, también ha perdido gubernaturas, congresos locales y municipios.
Imagínense solamente gobierna Coahuila y Durango. Por cierto, con Alito el Revolucionario Institucional ha perdido buena parte de los gobiernos locales. Cuando Moreno Cárdenas asumió por primera vez la dirigencia nacional, este partido aún gobernaba 14 estados.
Ni para cimentar su regreso al poder en base al número de estados gobernados. Carece de esta estructura territorial. Tampoco tiene la suficiente estructura electoral forjada desde los comités Nacional y estatales; el dinero se les va en gasto corriente, incluido el pago de salarios a quienes con suerte encontraron acomodo en la estructura partidaria.
Y miren que sí hay priístas convencidos en que el Revolucionario Institucional aún puede recuperarse de la debacle; priistas que todos los días se parten el alma para revivir al partido, lo cual sería beneficioso para el país, pues toda democracia necesita contrapesos.
Sin embargo, Alito es lo peor que le pudo suceder al PRI. Y no se va a recuperar mientras él continúe como dirigente, salvo que Dios y el Espíritu Santo lo ilumine en el 2027. Caso contrario corre el riesgo hasta de perder el registro nacional porque no alcance el mínimo de votación exigida por la ley: 3%. Y eso si el umbral no aumenta con la reforma electoral.
No obstante la débil condición del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas considera que el PRI se encuentra “listo para enfrentar la elección del 2027 e ir por la presidencia (en el 2030)”.
Bien dice el conocido refrán: “La esperanza es lo último que muere”.
Y la esperanza de Alito es “la posibilidad de construir el más grande frente opositor de la historia para ganar”las elecciones en ambos años.
La apuesta de Moreno Cárdenas parece más bien construir una alianza opositora en el 2027 para que la fuerza de ésta ayude al PRI a conservar el registro como partido político nacional, y si consigue algunas curules, pues ya será ganancia.
Sin embargo, a los partidos Acción Nacional (PAN) y Movimiento Ciudadano (MC) no se les ven ganas de conformar un ‘gran frente opositor’, y menos de aliarse con el PRI.
Incluso, el dirigente panista, Jorge Romero, se manifestó a favor de mejor aliarse con la ciudadanía, por eso el albiazul flexibilizó sus normas estatutarias tanto para ser militante como para las candidaturas a cargos populares.
Mientras MC acaba de unirse a Morena en la Cámara Alta para sacar adelante la designación de Ernestina Godoy como Fiscal General de la República. El mismo priista bautizó el “fosforena”.
Se ve difícil que prospere un “gran frente opositor” como plantea Alito, al menos entre los partidos políticos. La sociedad civil, es otra cosa.
Y si hay partidos políticos de nueva creación opuestos a Morena, no podrán aliarse con el PRI, ni con el PAN, ni con MC porque no pueden coaligarse en su primera elección, salvo que la reforma electoral lo permita.
En fin, en el Consejo Nacional Alito dijo: “No vamos a permitir que nos retrase la tibieza y la indecisión de quienes juegan a ser opositores o de quienes un día son de oposición y al otro día callan, y otro día le aplauden al gobierno y se sientan con ellos en la mesa a negociar”.
Entonces, ya se le hace tarde al PRI.
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