CRÓNICA POLÍTICA: Guelaguetza 2026: Fiesta, no campaña; el reto de no politizarla

Rosy RAMALES

Las y los oaxaqueños ya estamos en pleno disfrute de las actividades enmarcadas en nuestra máxima festividad: la Guelaguetza 2026; en un programa que empieza desde el primer día de Julio. Por eso ahora se dice: “Julio, mes de la Guelaguetza”. 

Algún gobernador tuvo la idea de bautizar así el mes, por cierto caracterizado por el florecimiento de las azucenas silvestres que la población solía recoger en los montes con verdadero entusiasmo, como una tradición en el contexto previo a la Guelaguetza, festividad que inicialmente se concretaba a los dos Lunes del Cerro con vendimias de antojitos en las faldas del cerro de El Fortín y en el templo de el Carmen Alto.

Eran prácticamente ocho días de fiesta. Hoy es todo un mes: Julio, en el cual se desarrollan convites, calendas; ferias gastronómicas, artesanales, del mezcal; actividades culturales y, por supuesto, el Primer Lunes del Cerro y su Octava, que este año se celebrarán los días 20 y 27. 

Y miren, por esas casualidades de la vida, Julio prácticamente es el mes antesala del Proceso Electoral 2026-2027, el cual iniciará en septiembre para elegir el próximo año en el estado de Oaxaca, diputaciones federales, diputaciones locales y concejales a los ayuntamientos de régimen partidista.

En ese contexto, las actividades de la Guelaguetza se convierten en un escaparate ideal para la promoción personalizada de funcionarias, funcionarios y políticos en general con aspiraciones a la candidatura a cargos populares antes mencionados.

Ojalá que la Guelaguetza 2026 no se convierta en un escenario de campaña política en vez de la festividad cultural de nuestras etnias. Ya de por sí, en las primeras actividades netamente culturales como, por ejemplo, el convite, hubo presencia de funcionariado cuyas aspiraciones electorales. 

Ojalá se frene la fiebre por aparecer primero en toda actividad.

El turismo nacional, extranjero y el proveniente del interior del estado, así como los habitantes de la capital oaxaqueña, busca ver y disfrutar los convites, las calendas, las delegaciones con sus trajes regionales, bailables, sones, chilenas, jarabes. Vaya, la gente asiste para vivir de cerca las tradiciones, el colorido y la alegría de nuestras etnias.

Lo que nadie quiere ver es a un séquito de funcionarias, funcionarios y políticos en general encabezando festividades propias de la Guelaguetza, por más que intenten mimetizarse usando atuendos regionales.

Esa es una vieja práctica  de los “gobiernos del pasado”. Y si la llamada “Cuarta Transformación” detesta los vicios de antaño, debería predicar con el ejemplo y evitar repetir el protagonismo.

Si acaso, el único con legitimidad para encabezar las actividades es el gobernador del estado de Oaxaca, Salomón Jara Cruz. La Constitución Política bien claramente dice que el Poder Ejecutivo recae en una sola persona, y él ostenta la representación política. No recae en el gabinete, el cual es el órgano diseñado para asistir al mandatario en la administración pública estatal, no para lucirse en las calles.

Entonces, si acaso el gobernador y su esposa como anfitriones. Y, por supuesto, la Diosa Centéolt.

El gabinete y la clase política con que aparezcan sentados en el Palco Oficial  los dos Lunes del Cerro y en las comidas privadas con las delegaciones, es más que suficiente.

Ese afán por acaparar la primera fila en todo, no gusta a la ciudadanía local, ni a visitantes nacionales y extranjeros. Máxime cuando en la proximidad del proceso electoral, pueden convertir la festividad de la Guelaguetza en pasarela electoral.

En más, ¿para qué tanto protagonismo? Si el turismo internacional y nacional no vota en la entidad oaxaqueña; y el visitante local bien podría castigar el exceso de vanidad en las urnas.

En fin, el funcionariado de la actual administración estatal y la clase política gobernante tiene hoy el reto de no politizar la máxima festividad de las y los oaxaqueños: La Guelaguetza 2026.

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rosyrama@hotmail.com


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