Rosy RAMALES
La sesión en la cual la consejera Blanca Cruz García rindió protesta como presidenta provisional del Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE), concluyó entre aplausos, como celebrando la “recuperación” de la colegialidad perdida con Guadalupe Taddei Zavala, cuya caída representa cierto alivio, pero no la solución integral y definitiva a la crisis que atraviesa la institución.
Se trata de una recuperación frágil y entre comillas, pues puede romperse en cualquier momento durante la presidencia provisional o cuando quien designe la Cámara de Diputados asuma el cargo definitivamente. Porque si bien la colegialidad opera para determinadas decisiones, deja de existir en una relevante: La designación de titulares de las direcciones ejecutivas.
Una solución integral y definitiva a la crisis del INE requiere un conjunto de acciones de aplicación inmediata, a mediano y a largo plazo. Por ejemplo:
Colegialidad permanente, porque ésta, como bien dijo Blanca Cruz, “es el principio que da sustento a (las) decisiones” del Consejo General, “las enriquece mediante la deliberación y les otorga fortaleza democrática”. Claro, y además constituye el punto de partida del equilibrio, orden y control interno.
Voluntad política: Esa colegialidad depende en mucho del sentido común de quien presida el Consejo General y de la disposición de Morena para restituir a este órgano la atribución de avalar la designación de los directores ejecutivos, que en mala hora dio a Taddei en 2024 vía sus legisladores.
Reforma restitutiva: Urge aprobarla tan pronto como concluya el proceso electoral. Mientras tanto, las consejeras, los consejeros y la presidencia (provisional y definitiva) pueden acordar operar en colegialidad en este tema consensuando internamente las designaciones; si no lo hacen, se romperá la poca armonía y vendrá otro desastre.
Sin colegialidad vean el desastre generado en el INE convertido en nido de malhechores, el cual, incluso, arrastró a los Órganos Públicos Electorales (OPL).
Purga profunda en el Instituto, quitando a todo el funcionariado (desde el más alto hasta el más bajo nivel) nombrado por Taddei como blindaje frente a su red de corrupción en cualquiera de sus aristas (porque no solo es en el material electoral). La depuración con la renuncia de algunos servidores públicos, es insuficiente.
Sanciones administrativas y penales ejemplares a todo servidor público electoral coludido, empezado por Guadalupe Taddei. Son cientos o quizá miles de millones de pesos que fueron a parar a los bolsillos de proveedores afines mediante licitaciones truqueadas o declaradas desiertas. Aparte, lo que resulte de las auditorías.
Investigación a todas y todos los consejeros electorales del Consejo General, o al menos a quienes en algún momento fueron incondicionales de Taddei. Casos como el de José Alfredo Hernández Casillas, proveedor de materiales electorales, que parece tener dotes de encantador de serpientes, ameritan lupa; así como embaucó a Taddei, pudo intentarlo con más.
Nuevo titular del Órgano Interno de Control, porque el actual, Víctor Hugo Carvente Contreras, brilló por su papel de convidado de piedra. ¿O no? Vaya, han sido más efectivos los videos y denuncias en medios de comunicación sobre la corrupción en el INE, que la actuación de la instancia competente.
Por lo pronto la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados acordó citar a comparecer esta misma semana a dicho funcionario electoral ante las comisiones unidas de Vigilancia de la Auditoría Superior de la Federación y de Transparencia y Anticorrupción. Ojalá que no se convierta solo en catarsis.
Restitución de las atribuciones al Consejo Generalque el Congreso de la Unión le arrebató para transferirlas a la Junta General Ejecutiva, las cuales fortalecieron los “superpoderes” de Taddei.
Transición pulcra, a cargo de la presidencia provisional y colegialidad, que limpie el cochinero de la ahora ex consejera presidenta y ponga a salvo las elecciones del próximo año rescatandolo de la voracidad de proveedores. Por contratos millonarios pueden hasta duplicar boletas para alterar el resultado de una elección; fraude, pues.
La designación de un perfil idóneo para la presidencia definitiva, profesional, honesto y sin vínculos partidistas, para concluir el periodo que le faltaba a Taddei. No se trata del perfil a la medida de Morena, que suele ser todo lo contrario a lo que el INE requiere para recobrar la credibilidad.
Y, por supuesto, la voluntad de Morena para desistir en su propósito de controlar al Instituto. Porque ahí están los resultados: El actual desastre en el INE es mucho culpa del partido guinda, que no solo ha puesto en riesgo al Instituto, sino también la legitimidad de las elecciones y la paz del país. Sin esta voluntad, nada servirá.
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