Rosy RAMALES
Como dice el dicho: “Hasta no ver, no creer”. Sí, es necesario primero ver las candidaturas ciudadanas, la afiliación masiva y la competición electoral per se, para creer en el relanzamiento real del Partido Acción Nacional (PAN).
Mientras, son puras promesas en voz del dirigente nacional, Jorge Romero Herrera. Algo así como un bonito maquillaje, incluido el nuevo logotipo del blanquiazul, moderno y estilizado.
Tanta falta le hace al PAN esa simbiosis ciudadana a la cual aludió así: “La alianza que sí tendremos (es…) con los auténticos liderazgos ciudadanos…”
Ya era hora. Porque Acción Nacional ha transitado la ruta electoral con cuadros emergidos de sus filas sin éxito precisamente porque no son liderazgos. Incluso, compiten por los dos principios: La misma persona por mayoría relativa y por representación proporcional con miras a obtener solo ésta, así ya ni se esfuerzan en ganar.
Por cierto, habría que ver cómo tiene pensada la alianza con los liderazgos ciudadanos. Porque puede que para los cargos populares el PAN solo se abra a perfiles ciudadanos con liderazgo consolidado como es el caso de Xóchitl Gálvez Ruiz; o a líderes con cierto estatus social y riqueza. Un Claudio X. González Guajardo, por ejemplo.
O como en su momento lo fue Vicente Fox Quezada, con quien el blanquiazul llegó a la Presidencia de México en el 2000; Fox, aunque panista tenía un fuerte perfil ciudadano y muy popular. Lástima que haya terminado mal y respaldando a Enrique Peña Nieto, en vez de convertirse en referente de la militancia panista.
El “relanzamiento” del PAN no es obra de la casualidad, máxime cuando en política no hay casualidades, sino causalidades. Entonces, la causa parece ser el efecto de la próxima reforma electoral impulsada por la llamada “Cuarta Transformación”, en la cual se plenean cambios en el sistema de partidos políticos y la reducción del financiamiento público.
Como se dice comúnmente: O el PAN cambia, “o se lo carga el pasayo”. Morena lo trae en la mira porque es su polo opuesto: Izquierda contra derecha. Aunque quién sabe cual sea ya la ideología del partido guinda con tanto ex priista y ex panista en sus filas.
Hasta no ver, no creer el “relanzamiento” de Acción Nacional. No obstante, la intención es buena, empezando por abrir la afiliación a la ciudadanía sin candados. Quizá para pasar de un partido de élites, a un partido de masas como Morena.
Incluso, la estrategia panista se parece a los procedimientos que Morena tuvo en sus inicios: Sumar ciudadanía (afiliada o no) y ofrecerle cargos públicos (lo cual el partido guinda dejó de lado en la última elección; lo hizo, pero con tránsfugas de otros partidos).
A ver si al PAN le funciona la afiliación masiva. También la política de no alianzas. Es hora que se vuelva a medir solo. Solito ganó las elecciones presidenciales del 2000 y del 2006 con Vicente Fox y Felipe Calderón Hinojosa como candidatos.
En el 2012 no tuvo éxito con Josefina Vázquez Mota, que resultó mala candidata. Tampoco en el 2018 con Ricardo Anaya Cortés frente a la avasalladora fuerza de AMLO como candidato de “Juntos Haremos Historia” (Morena-PT-PES); ni en el 2024 con Xóchilt Gálvez, abanderada de la alianza PAN-PRI-PRD frente a la candidata de la coalición Morena-PT-PVEM, Claudia Sheinbaum Pardo.
En 2024, a parecer, mientras Morena se coaligó para ganar la mayoría en las cámaras del Congreso de la Unión, el PAN se alió para ganar la elección presidencial. Es una gran diferencia. Además, los aliados del partido guinda se jugaron el todo por el todo por el “Plan C”, en tanto los aliados del blanquiazul, además de dejar sola a Xóchitl, solamente fueron a la caza de pluris para las dirigencias partidistas.
Por cierto, con la próxima reforma electoral puede que se modifique el principio de representación proporcional y las coaliciones. Quizá esta sea otra razón del relanzamiento del PAN para fortalecerse por si acaso subsisten únicamente los cargos populares de mayoría relativa, y por si acaso se endurecen las formas de coaligarse.
Como sea, en su “relanzamiento”, el PAN debe cambiar la forma de decidir las candidaturas, porque mientras las decidan las cúpulas u órganos colegiados amañados, no habrá esperanzas para la ciudadanía.
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