Rosy RAMALES
Por muy local que sea la elección de Coahuila, no deja de ser una aplastante derrota para el poderoso partido gobernante en el país: Morena. Ni aliado con el PT pudo ganar un solo distrito electoral de los 16 que conforman el estado.
El fracaso es tan absoluto que la coalición Morena-PT ni siquiera tiene la esperanza de recuperar algún distrito en los cómputos distritales o en los tribunales electorales impugnando casillas, pues la alianza PRI-UDC (Unión Democrática de Coahuila) le saca abrumadora ventaja en cada demarcación, llegando a registrar diferencias de hasta 4 a 1; por ejemplo, en Acuña donde el resultado fue de 47,615 contra 9,893.
Al partido guinda solo le queda invocar violaciones a principios constitucionales o alguna causal de nulidad de corte abstracto, y llevar la impugnación a la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).
Ruta que al parecer busca Morena. La deja entrever en el pronunciamiento del Consejo Nacional y Consejos Estatales, en el cual denuncian “una elección marcada por la violencia institucional, la persecución política y un sofisticado sistema de compra masiva de votos ‘QRGate’”, condenan “la detención ilegal y arbitraria de militantes y simpatizantes” y “el hostigamiento contra diputadas federales con la participación de agentes de corporaciones estatales como brazos de la intimidación electoral”.
“Estos hechos vulneran los principios básicos de la competencia democrática”, asienta el documento en el que dichos consejos respaldan al Comité Ejecutivo Nacional de Morena “en la ruta legal y jurisdiccional de defensa del voto ante las autoridades financieras y electorales”.
Sin embargo, se ve bastante difícil que el partido guinda consiga anular las elecciones de Coahuila, salvo que los tribunales electorales le haga el milagro. Aun así debe probar de manera fehaciente las violaciones que invoque, porque el PRI y el partido local UDC seguramente no se dejarán arrebatar el triunfo tan contundente que no da margen para revertir los resultados en los cómputos distritales.
De algún modo Morena tiene que limpiar su honra de partido todopoderoso que fue aplastado en unas elecciones locales pequeñas para renovar el Congreso de Coahuila, entidad que, con los resultados del domingo, se confirmó como bastión priistas, el único del otrora hegemónico Revolucionario Institucional.
Y es una derrota en triple banda: Para la dirigencia nacional de Morena que encabezó Luisa María Alcalde Luján junto al secretario de Organización, Andrés Manuel (Andy) López Beltrán; para la actual dirigencia encabezada por Ariadna Montiel Reyes y, por supuesto, para la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo como jefa política del partido.
En las justas electorales, Montiel se estrena con una debacle local. Pero en realidad el golpe es totalmente atribuible a Alcalde y a López Beltrán, quienes operaron el proceso coahuilense: Selección de candidaturas, política de alianzas, organización y la estructura electoral. Ariadna llegó apenas hace un mes, cuando ya era imposible enderezar el barco.
Y como es sabido, Andy abandonó el barco días antes de la debacle local, según para buscar la candidatura a una diputación federal por Tabasco. Algo así como un premio sin rendición de cuentas sobre su función partidista, que, además, le otorgará fuero cuando asuma la curul.
En descargo, los morenistas podrán argumentar una “elección de Estado”, pero nada le quita a Morena el golpe de una derrota estrepitosa en comicios tan focalizados, aun cuando desconozca los resultados esgrimiendo un goleo a base de irregularidades, sin que quiera asumir el costo propio.
Vaya paradoja: cómo un aparato oficialista local logra vencer al partido de Estado nacional, incluso con el despliegue de los programas sociales.
La elección de Coahuila, aún chiquita, tiene varias lecturas. Otra de ellas es en el contexto de la probable pérdida del registro local de partidos nacionales como el PAN, el Verde y Movimiento Ciudadano, los cuales fueron hasta rebasados por un partido local como Nuevas Ideas. El PT se salvó gracias a su coalición con Morena, que si no, también estaría en la cuerda floja.
El diseño de las alianzas, “Alito” y el gobernador Manolo Jiménez, son, sin duda, otros temas. En fin, tela de dónde cortar, hay de sobra.
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