Rosy RAMALES
Aunque en sí la máxima festividad de los oaxaqueños tiene lugar los dos últimos lunes de julio, prácticamente se ha vuelto tradición empezar el festejo desde el primer día de este mes. Así, ayer el Gobierno del Estado inauguró las festividades de Julio, mes de la Guelaguetza, en la Plaza de la Danza.
El presidente municipal, Raymundo Chagoya Villanueva, dio la bienvenida a las y los representantes de las 16 etnias y de la comunidad afromexicana, cuya concurrencia hace a la Guelaguetza y la convierte en la fiesta étnica más grande de América Latina.
Y el Secretario de las Cultura y Artes de Oaxaca, Flavio Sosa Villavicencio, hizo la declaratoria oficial del inicio de las fiestas de la Guelaguetza, la cual en este año se enmarca en alrededor de 150 actividades a desarrollarse a los largo del mes de julio tanto en la capital oaxaqueña como en diversos municipios, principalmente de los Valles Centrales de Oaxaca.
En su breve y emotivo mensaje, Flavio Sosa acertadamente dijo:
“Esta no es solo una celebración cultural, ni únicamente un evento turístico: es una manifestación viva de nuestros pueblos, de su historia profunda, de su generosidad y de su comunalidad.
“La Guelaguetza (…) surgió como un ritual para honrar a los dioses de la lluvia y del maíz, para pedir cosechas abundantes y agradecer los dones de la tierra. Pero más allá de la ofrenda material, la Guelaguetza representa el compromiso colectivo, el dar sin esperar, el tejer redes de solidaridad y ayuda mutua entre los pueblos.
“Cada baile, cada traje, cada canto y cada paso que veremos estos días no es espectáculo, es rito. Es la expresión de un vínculo espiritual con nuestros ancestros, con nuestros cerros, con nuestros ríos y nuestras lenguas originarias. Es el eco de las abuelas y abuelos que supieron que el bienestar de uno solo no es posible sin el bienestar de todos.
“Por eso, hoy más que nunca, debemos entender la Guelaguetza no como una simple festividad, sino como un acto sagrado de reciprocidad. Un llamado a vivir los valores que nos han sostenido como pueblos originarios: la comunalidad, el respeto a la Madre Tierra, el trabajo compartido y la memoria viva.”
Cuánta razón.
Quizá para el turismo, la Guelaguetza es la ocasión para conocer las expresiones éticas y culturales del estado de Oaxaca, las costumbres y tradiciones de nuestros pueblos originarios, la vasta gastronomía, sus bebidas, sus trajes regionales.
La ocasión propicia para probar el mezcal, el tejate, el chocolate, el chocolate atole, el café orgánico cosechado a la sombra; para deleitar el paladar con la variedad de moles, con los tamales, las tlayudas, el quesillo, el caldo de piedra; de bailar el Jarabe del Valle, un son mazateco, un son serrano, una polca istmeña; de comprar un alebrije, un huipil juchiteco, una camisa de los mixes u otra artesanía.
Pero para las y los oaxaqueños, especialmente para los habitantes de nuestros pueblos originarios, la Guelaguetza significa mucho más: Es identidad, solidaridad, hermandad, orgullo de nuestras raíces.
Es como dijo, el secretario Sosa Villavicencio, un llamado anual a vivir valores; no olvidar de dónde venimos y hacia dónde vamos como sociedad.
Coincido, por eso, en que la Guelaguetza, no es espectáculo, sino identidad.
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