CRÓNICA POLÍTICA: Ojalá que funcione el “Pacto por la Paz de Juchitán de Zaragoza”, ahí donde flreció la izquierda…

Rosy RAMALES

Ojalá que funcione el “Pacto por la Paz de Juchitán de Zaragoza” para volver a caminar sin miedo por las pintorescas calles de este municipio istmeño, comer garnachas al costado del recién remodelado Palacio Municipal, comparar pescado en la 7ª Sección o totopos en el mercado principal, bailar en una de sus tradicionales Velas de Mayo con traje regional de gala (ese de terciopelo negro, olán blanco y flores bordadas a mano).

Ahora es casi imposible. Porque en el mágico Juchitán todo es temor. Los asesinatos ocurren hasta en plena luz del día. “Dicen que está muy feo, tengo miedo de ir”, comentó una mujer originaria de ese municipio radicada en la Ciudad de Oaxaca, donde vende huipiles y huaraches juchitecos, entonces suele ir con frecuencia por este tipo de mercancía. Su familia, que vive allá en Juchitán, le ha hecho saber el ambiente de temor prevalente. 

Dicen, incluso, que cuando matan a alguien, la policía ya no recoge el cadáver, sino es trasladado en mototaxi quien sabe si a la morgue, directamente al panteón o un domicilio.

Cuando uno escucha relatos como estos, que parecen salidos de cuentos de terror, se eriza la piel. Y, sin embargo, es real.

Según el diagnóstico de la Mesa de Seguridad, Juchitán de Zaragoza es el primer lugar estatal en homicidios dolosos y extorsión, y segundo lugar en narcomenudeo. Además, a nivel nacional alcanzó el quinto lugar entre las 88 ciudades más importantes de México en tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes durante enero de 2026.

La Fiscalía General de Justicia del Estado de Oaxaca informó que la inteligencia institucional ha permitido documentar la evolución de la violencia, identificando que los grupos criminales han incorporado a niñas, niños y adolescentes en roles que van desde el “halconeo” y mensajería, hasta el uso de armas, extorsión y sicariato. El el Istmo, la delincuencia ha transitado delitos comunes a una asociación delictuosa compleja que incluye el cobro de piso y el tráfico de migrantes

Ups. Un panorama bastante aterrador.

Resulta increíble que el emblemático Juchitán se encuentre convertido territorio de la delincuencia organizada; ahí donde le libraron luchas democráticas y floreció la izquierda con organizaciones como la otrora gloriosa Coalición Obrero Estudiantil del Istmo (COCEI) mediante la cual la izquierda consiguió su primer triunfo municipal en 1981 marcando un hito en la política mexicana.

Juchitán fue el primer municipio gobernado por la izquierda. Por lo mismo debería ser un museo viviente de la historia de la resistencia civil y de la lucha social y democrática; de cómo un grupo de jóvenes arribó al poder municipal destronando al PRI en aquellos años de hegemonía priista. Claro, después el Revolucionario Institucional gobernó otra vez Juchitán, pero solamente algunos trienios aislados. 

Pero en vez de museo, Juchitán se encuentra convertido en un monumento al crimen organizado. ¿Por qué? ¿Quiénes dejaron crecer al crimen? 

Hay ahí hasta células delictivas vinculadas al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), lo dijo el Fiscal Bernardo Roríguez Alamilla cuando los recientes hechos violentos en ocasión de la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes (“El Mencho”) que provocó la quema de vehículos en diversos estados del país, entre estos Oaxaca en la ruta istmeña.

Quizá por su ubicación estratégica, el Istmo es asiento del crimen organizado. Esa región es paso de migrantes y de ductos de Pemex. Ahora no solo hay tráfico de migrantes y huachicol, sino otro tipo de delitos, en todo el Istmo. 

Pero ¿por qué de manera acentuada en Juchitán? ¿Quién protege a las células delictivas? ¿Está vinculado el crimen a la política y al poder político municipal?

Si fuese así, el “Pacto por la Paz de Juchitán de Zaragoza” no funcionará; el esfuerzo interinstitucional fracasará. 

La Fiscalía ha robustecido la presencia ministerial en Juchitán. Se ve al Fiscal Bernardo Rodríguez Alamilla prácticamente acuartelado en ese municipio, donde, por cierto, mediante la “Operación Sable” la Fiscalía reportó más de 140 personas detenidas por delitos de alta complejidad, incluyendo homicidio doloso, tráfico de migrantes, secuestro y asociación delictuosa; la incautación de 96 armas de fuego, el aseguramiento de más de 24,000 dosis de cristal y metanfetaminas, junto con 50,000 dosis de marihuana; y la ejecución de 140 cateos estratégicos.

Y el gobernador Salomón Jara Cruz anunció la puesta en marcha de acciones concretas:  Senderos seguros, instalación de botones de auxilio y cámaras de videovigilancia, la aplicación de programas sociales, la recuperación de espacios públicos, el fortalecimiento de la participación social y la reconstrucción de la confianza ciudadana.

Empero, a los tres días del anuncio del “Pacto por la Paz de Juchitán de Zaragoza” ocurrió el asesinato de tres jóvenes, entre ellos David López Valdivieso, hijo de Angelino López Cortés, subsecretario de Desarrollo Político de Oaxaca, y sobrino de Jesús Romero López, titular de la Secretaría de Gobierno.

¿Fue una desafortunada casualidad? ¿O una advertencia del crimen organizado a la esfera de primer nivel gubernamental? Algo así como “no se metan”.

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rosyramalesg@gmail.com


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