Rosy RAMALES
Leía el comunicado emitido ayer por la dirigencia estatal del otrora partidazo, en el cual habla de que “Morena lleva a México al colapso mientras el PRI exige justicia internacional”, y el cual también refiere que nuestro país “necesita una oposición unida para frenar la destrucción institucional impulsada desde el poder”.
Amén de su natural narrativa en el papel que ocupa ahora después de haber detentado el poder por más de 70 años ininterrumpidos, en algo tiene razón ahora: En que México necesita una oposición unida, para constituirse como el equilibrio, el contrapeso, frente a Morena como partido dominante.
Incluso, necesita de partidos políticos de oposición que en principio mantengan unidad interna y objetivos democráticos claros; que busquen el beneficio colectivo, no solo el personal de los miembros de sus dirigencias. Y, por cierto, Alejandro Moreno Cárdenas no es el paradigma.
La dirigencia estatal del PRI, encabezada por Carmelita Ricárdez, debería difundir con mayor fuerza las acciones de su Comité Directivo de cara a las elecciones de 2027: su estructura, perfiles y programas de beneficio social. Esto no significa que no estén trabajando; sí lo hacen, pero no le están sacando el provecho mediático a sus propios logros, priorizando en su lugar la crítica hacia los errores de Morena.
Se entiende que el tricolor asuma su rol opositor, pero la ciudadanía también quire saber qué está construyendo por cuenta propia, y no solo lo que hace “Alito”, cuyo desprestigio aún está en el radar ciudadano. Vaya, el PRI-Oaxaca necesita ‘cacarear’ sus propias acciones político-electorales y sociales.
Porque las elecciones que vienen son intermedias, las cuales suelen ser complejas para todos los partidos políticos. Necesitan llevar candidaturas muy competitivas para por lo menos mantener la votación y las posiciones obtenidas en el 2024, que fueron acompañadas por las elecciones presidenciales.
Y es aquí donde cabe preguntar si el PRI podrá conseguirlo; tanto en el ámbito nacional como en el local. Incluso, si podrá conservar su registro como partido nacional, porque si no, hasta ahí llegó el ‘otrora partizado’. Y puede que lo conserve, pero también puede que en Oaxaca no consiga el umbral de votos para mantener sus perrogativas.
En principio, el Revolucionario Institucional en Oaxaca requiere unidad interna. ¿La tiene?
¿Tiene estructura partidaria? Empezando por militantes, una membresía al menos para garantizar la cubertura de casillas y consejos electorales.
¿Tiene cuadros competitivos para las candidaturas a las diputaciones federales y locales, así como para las planillas a los ayuntamientos? Bueno, esto parece que dependerá del resultado de la convocatora para Defensoras y Defensores de México, cuyo proceso de registro se cierra el 30 de agosto próximo.
Y otra cosa: ¿Hará alianzas? ¿Con qué partidos políticos? El PAN, al parecer, va a caminar aparte con candidaturas externas (y también propias); por ejemplo, con varios perfiles emanados de la agrupación México Nuevo. Movimiento Ciudadano tal vez siga el mismo esquema de la participación en solitario. Lo mismo el PT, que en Oaxaca no forma parte de la 4-T local.
En resumen, si esto fuera un juego de canicas, ¿tiene el PRI Oaxaca con qué jugar en 2027?
Parece que no, o al menos el panorama es incierto. Quizá por eso el priismo local no se despega de la apuesta de la dirigencia nacional: esperar que una intervención de Estados Unidos —como clasificar a Morena como “narcopartido”— borre al partido guinda del mapa.
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