Rosy RAMALES
Ciertamente, como dice la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) presidido por Lorenzo Córdova Vianello, designó en 2014 a Guadalupe Taddei Zavala como consejera presidenta del Organismo Público Electoral (OPL) de Sonora, en aquella primera integración de éstos por mandato de ley.
Sin embargo, tal designación no incorporó a Taddei a la estructura del INE, porque los OPL son las autoridades electorales administrativas de las entidades federativas y, legalmente, no forman parte del Instituto, cuyo Consejo General solo designa a las consejerías de dichos Organismos, los cuales son independientes y autónomos.
Aunque la misma ley, por virtud de la reforma del 2014, dio facultades al INE sobre tareas de las elecciones locales, de ahí la coordinación entre el Instituto y los OPL. Que con el tiempo el INE haya exagerado en sus atribuciones hasta casi subordinar a los OPL, es otra cosa, y de esto quizás sí tenga culpa Lorenzo Córdova.
Podría atribuírsele cierta responsabilidad de la llegada de Taddei al OPLE de Sonora, si se ocurrió mediante el patrocinio de algún partido o actor político. Desde 2014, múltiples consejerías locales se han repartido bajo el amparo de influencias —ejercidas incluso por los propios consejeros del INE y representantes partidistas—, a pesar de los concursos de oposición.
Basta revisar las listas de aspirantes de aquél entonces y rastrear sus vínculo políticos. Además, en las entidades federativas todo se sabe.
Habría que escudriñar si Taddei contó con padrino político para llegar a la presidencia del OPL en octubre de 2014, año en que el INE otorgó el registro a Morena como partido político nacional; lo aprobó en julio y entró en vigor previo al inicio del proceso electoral 2014-2015. ¿Desde entonces ella estaba vinculada al Movimiento? ¿U obedecía a otra fuerza política? ¿Al PRI, al PAN? ¿O era una ciudadana pura?
Y aquí hay que señalar una realidad innegable: Aunque la ley prohíbe la militancia partidista a quienes integran los OPLE,muchos y muchas sí sostienen afinidades políticas. Tener una postura no es un pecado, pues forma parte del ejercicio ciudadano; lo que sí resulta recriminable es supeditar el cargo a compromisos, pactos o acuerdos con el padrinazgo con tal de asegurar la consejería.
Por eso, cuando saltan de un OPLE al INE, no es raro ver que cambian de lealtades políticas y asumen compromisos con el partido o el padrino en turno que impulse su aspiración. Así ha funcionado, no nos hagamos; con honrosas excepciones
A Lorenzo Córdova se le pueden achacar muchas cosas, menos la llegada de Taddei al INE, porque el procedimiento de designación de la presidencia del Consejo General corresponde a la Cámara de Diputados previa convocatoria y la intervención de un Comité Técnico que se encarga de integrar quintetas de aspirantes de entre la lista de todas las personas inscritas y tras revisar requisitos de elegibilidad e idoneidad.
Y ese Comité Técnico de Evaluación, que debería funcionar como un filtro, ha servido como instrumento para garantizar el paso de personas con cierta afinidad al partido gobernante. Vaya, dicho comité se integra con tres personas propuestas por la Junta de Coordinación Política (leáse coalición legislativa 4T) y dos propuestas por la Comisión Nacional de Derechos Humanos. ¿Entonces?
Y si bien la designación de Taddei fue resultado de una tómbola, también es cierto que a ésta solo ingresaron los nombres previamente seleccionados por el Comité Técnico de Evaluación.
Así que ya no busquen más culpables: Es Morena. O si se quieren repartir culpas, es la coalición legislativa Morena-PT-PVEM. Aunque la oposición también tiene cierta responsabilidad al negarse a votar el acuerdo de la Jucopo para la designación por el Pleno legislativo.
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