Rosy RAMALES
Lo anunció el gobernador Salomón Jara Cruz en su conferencia de prensa del lunes pasado: “Pediré a los senadores oaxaqueños presentar una iniciativa para eliminar el uso de la toga”.
Y lo cumplió. Al menos eso parece.
Porque ayer la senadora Laura Estrada Mauro y los senadores Luis Alfonso Silva Romo y Antonino Morales Toledo presentaron una iniciativa, ante la Comisión Permanente, para acabar con el uso obligatorio de la toga en las audiencias de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) como hasta ahora lo ordena el decreto de 1941 expedido por el entonces Presidente de México, Manuel Ávila Camacho.
Una toga de “seda mate negra, con cuello, vueltas y puños de seda brillante del mismo color”. Atuendo de origen romano.
Tal vez por lo mismo, los senadores oaxaqueños argumentan que “la nueva época del máximo tribunal debe comenzar sin los símbolos de lejanía y elitismo que lo caracterizaron”.
Es una buena iniciativa, impulsada concretamente por el senador Antonino Morales Toledo, también de origen indígena como el virtual ministro presidente de la nueva Corte, el oaxaqueño Hugo Aguilar Ortiz; el legislador es zapoteco y el jurista es mixteco, y ambos hablan la lengua originaria.
Hugo Aguilar, a quien en breve el INE extenderá la constancia de mayoría como el candidato electo con la más alta votación en la elección de ministros y ministras de la SCJN, planteó la probabilidad de no usar toga en las sesiones del Pleno de la nueva Corte, sino traje indígena.
Y se desató el debate nacional. Porque hay quienes no conciben un Pleno sin toga, la cual simboliza solemnidad, autoridad y respeto a la ley. Sin embargo, al paso de los años francamente ha quedado en mero símbolo.
Ministros y ministras (con sus honrosas excepciones) frecuentemente se olvidan de ello y, además, del deber de mantener íntegro su prestigio y no desvirtuar los fines del Derecho y la justicia; de aplicar a cabalidad el significado de la manga angosta de la toga (interpretación estricta) y de la manga ancha (interpretación amplia de la norma); de que el peso de la toga representa el peso de cada una de las sentencias.
Mucha de la interpretación que hacen ministras y ministros obedece a situaciones e intereses políticos. Y aunque se digan miembros de un Poder (el Judicial) independiente y autónomo, siempre han caminado de la mano del titular del Poder Ejecutivo; más hacia la subordinación, que en una sana colaboración de Poderes, la cual permite la propia Constitución.
Bueno, cuando la ministra Norma Lucía Piña Hernández fue electa por sus pares como presidenta de la SCJN, cada Poder jaló por su lado, pues ella rivalizó con el entonces Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. Más que una postura de división de Poderes, pareció un choque de ideologías y de intereses. Quizá la ministra presidenta honestamente quiso guardar la independencia al pie de la letra, incluso en la formalidad, pero no funcionó; le faltó tolerancia y diálogo, al menos eso reflejó.
En fin, en la iniciativa, impulsada por el senador Antonino Morales Toledo, se propone cambiar el artículo 4º de la Ley Orgánica del Poder Judicial, por el cual el decreto de hace 84 años, impone a las y los ministros de la SCJN usar toga negra con detalles de senda. Antes de 1941, usaban una indumentaria blanca que simbolizaba autoridad.
Así, la iniciativa presentada por los senadores oaxaqueños plantea que las ministras y los ministros “cuando concurran a las audiencias, vestirán de manera formal o tradicional, acorde con sus orígenes, costumbres y preferencias”.
En su argumentación, el senador Morales Toledo hace énfasis en que: “La Suprema Corte inicia un nuevo tiempo, una nueva época judicial y la inminente llegada a la Presidencia de nuestro máximo tribunal de un jurista indígena, oaxaqueño, representa un avance histórico y la oportunidad de que el pluralismo jurídico contribuya a reposicionar y dotar de vigencia plena a los derechos de nuestros pueblos y comunidades indígenas”.
Ciertamente.
Como citamos en columna anterior: No se trata de folklore, carnaval, circo, como critican en redes sociales la intención de Hugo Aguilar de no usar la toga, sino traje indígena; se trata de su identidad como miembro de un pueblo originario. Y si la Constitución protege la identidad cultural, entonces ¿por qué el ministro presidente de la Corte debe usar una indumentaria romana?
Es más, hay otro candidato, también virtual ministro que plantea no usar toga.
México, por definición constitucional, es una nación pluricultural. Incluso, el año pasado el Congreso de la Unión reformó una vez más el artículo 2º de la Constitución Política para reconocer a los pueblos indígenas como “sujetos de derecho” .
La Carta Magna reconoce y protege una serie de derechos a los pueblos y comunidades indígenas, y hasta se queda corta. Más bien, las personas legisladoras se quedaron cortas, todavía le quedan debiendo a los pueblos y comunidades, después de tantos años de abandono y discriminación, de tratarlos como cosas.
Y miren, como dijo el gobernador oaxaqueño Salomón Jara Cruz, también indígena zapoteco, es justo reconocer la solemnidad de los pueblos indígenas. Todo ha cambiado; antes las personas legisladoras iban a las sesiones todas entacuchadas, hoy van como prefieren, y las de origen indígena lucen van con sus trajes regionales.
Palabras más, palabras menos.
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