Rosy RAMALES
La sucesión oaxaqueña parece lejana, pero en realidad está a la vuelta de la esquina considerando que cuando estén concluyendo los procesos electorales 2026-2027 (federal y local), empezará el proceso para renovar la gubernatura; prácticamente se enciman.
Si a ello se le agrega que los partidos políticos ahora suelen preseleccionar candidaturas bajo figuras de coordinaciones, defensorías, responsables, etc., la carrera sucesoria en cualquier entidad empieza con mucha anticipación. Por ejemplo, a estas alturas Morena, el PRI y el PAN ya convocaron a la selección de perfiles para las 17 gubernaturas a elegirse en el 2027.
Entonces, en el caso de la gubernatura del estado de Oaxaca, cuya elección es en el 2028, los partidos abrirán su respectivo proceso interno para delinear candidaturas a principios del 2027. ¿Y ya qué falta?
Recordarán que una Legislatura anterior reformó la Constitución Política Local para establecer la duración de la próxima gubernatura: 2 años, por única vez. Esto con el propósito de homologar la elección de este cargo a las elecciones federales del 2030, a fin de ahorrar recursos. Homologación permitida por la Carta Magna.
Pero en corrillos políticos se ha hablado de la posibilidad de hacer otra reforma para cambiar la duración a 5 años, igual por única ocasión y también con el propósito de homologar. Incluso, en el Congreso del Estado hay iniciativas en ese sentido, aunque presentadas por legisladores, legisladoras, que no son afines al grupo gobernante.
En fin, en la conferencia matutina del martes, a pregunta expresa, el gobernador Salomón Jara Cruz sostuvo la duración de 2 años para la próxima gubernatura.
Bueno, suponiendo que así quede, de 2 años, prácticamente sería una gubernatura de transición, cuya persona titular, ya sea mujer u hombre, asumiría el cargo en diciembre del 2028 para concluir en noviembre de 2030.
¿Qué puede hacer en ese lapso? ¿Qué obras? ¿Qué acciones? Pues básicamente concluir las obras que, en su caso, deje pendientes Salomón Jara Cruz, así como continuar sus acciones y las de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Porque si además se considera que del 2028 al 2030, es el último trecho del sexenio presidencial, ya no hay recursos para cosas nuevas de gran envergadura.
Claro, si acaso Morena gana la próxima gubernatura. Tiene con qué ganar. Sin embargo, todo puede pasar, máxime en tiempos de turbulencia como los que actualmente enfrenta a nivel nacional; y máxime cuando la oposición (partidos y grupos fácticos) tienen el ánimo de reagruparse rumbo al 2028, aunque para ello los partidos de oposición necesitan conservar el registro como resultado de las elecciones 2027; si no, adiós a su ánimo.
Como sea, Salomón Jara va a necesitar un sucesor, una sucesora, primero que le cuide las espaldas, luego que le garantice la conclusión de sus obras y la continuidad de sus acciones de gobierno y proyecto político. Y todo esto presupone contar antes que nada con una candidata o con un candidato, viable; un perfil competitivo, preparado, con experiencia política y administrativa, y, por supuesto, de lealtad a toda prueba.
Eso de ‘lealtad a toda prueba’, es una condición bastante dudosa, porque en estos tiempos a veces no son garantía ni siquiera las personas más cercanas.
Quizá lo mejor sería una candidatura de consenso entre los diferentes grupos internos de Morena, y, digamos, una gubernatura incluyente, para evitar que quienes se sientan relegados, relegadas, hagan alianzas fácticas con la oposición, si acaso está sobrevive al 2027. Recuerden que le pasó al PRI en el 2010 cuando un grupo priista jugó las contras y perdieron por primera vez la gubernatura de Oaxaca.
Una gubernatura de transición como la de 2 años, implica el riesgo de mucha agitación política, conflicto político y “social”, porque desde el momento mismo de la asunción del cargo, empezará la búsqueda por la siguiente gubernatura, la de 6 años.
Entonces, el próximo gobernador, la próxima gobernadora, necesita encuadrarse en un perfil político (sin descuidar el administrativo); incluso, necesitará del acompañamiento de un buen perfil al frente de la política interna.
En fin. A ver qué pasa.
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