Declara Congreso al quesillo y la tlayuda como bienes gastronómicos de Oaxaca

Las técnicas de elaboración de ambos productos también se declaran como patrimonio cultural inmaterial del estado. 

En sesión extraordinaria, el Pleno de la LXV Legislatura del Congreso local, aprobó dos dictámenes con proyecto de decreto para reconocer y declarar al quesillo y la tlayuda como bienes gastronómicos materiales o tangibles que forman parte del patrimonio gastronómico de las personas y comunidades de Oaxaca. 

Asimismo, los conocimientos y las técnicas de elaboración del quesillo, así como de la tlayuda como tortilla y platillo, fueron declaradas como bienes culturales inmateriales o intangibles que forman parte del patrimonio cultural intangible o inmaterial de las personas, pueblos y comunidades del estado. Lo anterior, por iniciativa de los legisladores Noé Doroteo Castillejos y Sesul Bolaños López, quienes promovieron dicha declaratoria como medida para la protección de los bienes que forman parte del patrimonio de las y los oaxaqueños. 

El quesillo, es un bien gastronómico artesanal y tradicional que ha mezclado ingredientes, recursos, técnicas, costumbres, saberes y determinadas cosmovisiones, hasta formar parte de la gran cultura gastronómica.

Es el resultado de un proceso natural y completamente artesanal que no sería posible sin el trabajo dedicado de sus artesanas y artesanos, así como de la experiencia de años de elaboración. Oaxaca es el estado que ha dado a México la tlayuda, siendo producida principalmente por comunidades indígenas zapotecas.

La tlayuda desde el año 2010, forma parte de los platillos oaxaqueños que fueron declarados patrimonio cultural inmaterial por la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Cultura y la Ciencia), y recientemente, fue reconocida como el platillo favorito de toda América Latina. 

“La importancia de la gastronomía oaxaqueña radica no solo en el valor culinario que posee, sino en la interrelación que guarda con elementos que nos dan identidad y nos diferencian del resto del mundo. La riqueza de nuestra gastronomía está ligada a recursos naturales, festividades, aspectos religiosos, sociales, económicos, culturales, hábitos, valores y conocimientos, que constituyen un patrimonio intangible cuyas raíces están arraigadas en le esencia de nuestros pueblos y comunidades”, exponen los decretos. 

(Congreso)

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