Raúl CASTELLANOS
“SI LOS OLVIDAMOS ELLOS GANAN”; decía una de las miles de pancartas que llenaron las calles de la Ciudad de México el pasado sábado en la marcha a un año de los trágicos hechos de Iguala, la pregunta es inevitable ¿Quiénes son ellos?, ¿Por qué aseguran no creerles?; de alguna forma ver aquellos rostros duros, indignados, de dolor e incluso de esperanza –“¡vivos se los llevaron, vivos los queremos!”- sintetizan el momento de gran crispación que vive nuestro país, se advierte la ruptura entre la ciudadanía y el Estado, grave más no irremediable, no por lo menos mientras sigan tendidos los frágiles puentes entre el gobierno y quienes fueron directamente lastimados, que bien podemos decir son la voz de los sin voz que han corrido suertes similares; dos hechos se evidencian a un año de distancia de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, la muerte de algunos de sus compañeros, el estado de coma en que otro se encuentra y varios “daños colaterales” más, que tuvieron la mala fortuna de estar en el lugar, día y hora equivocados; a ocho años de que en 2007 se iniciara la espiral de violencia, producto de la guerra contra el narco, en los hechos una guerra civil de baja intensidad decretada por el Comandante Supremo de la “Band of Brother’s” en su afán de legitimarse; ambos –hechos- tienen que ver con los padres de las víctimas, quienes se han convertido en una reserva moral, ante la agresión de que es objeto una generación de mexicanos jóvenes; Alejandro Martí, Isabel Miranda, Javier Sicilia, María Herrera, Nepomuceno Moreno, Marisela Escobedo, los padres de la Guardería ABC, los padres de los 43, todos ellos y muchos más, son los que a lo largo de estos años han encabezado la búsqueda de justicia para sus hijos y la exigencia a un Estado paralizado, cuando no cómplice de la barbarie, respuestas a la altura de momento de quiebre que vive México; la lucha de los padres de las miles de víctimas, desaparecidos y “daños colaterales” se ha convertido en el eje rector que está impulsando de la mano de una mayoría ciudadana silenciosa pero no menos indignada, el viraje de las Instituciones a reconocer la magnitud de la crisis humanitaria que vive el país, la creación de la Fiscalía para la búsqueda de Desaparecidos prometida por el Presidente Peña a los padres de los 43 el pasado jueves es el reconocimiento del Estado y del gobierno que lo representa de una realidad que se insistía en negar, matizar u ocultar y que terminó –necia realidad- imponiéndose; por supuesto el camino es largo, además de encontrar la verdad, simple y llana de lo que pasó, será necesario ajustar cuentas con los responsables de la docena trágica que gobernó del 2000 al 2012, Fox por omisión, Calderón por comisión, ahí está pendiente la demanda presentada en el Tribunal Internacional de la Haya; ¿Qué sigue?, por el lado de la sociedad suscribo lo que apuntaba Juan Villoro en Radio Ibero el pasado sábado, que esta República del Sentimiento y del dolor que ha nacido a raíz de los 43 se traduzca “en acciones cívicas y ciudadanas que transformen las reglas del juego democrático partidocrático, con altas barreras a la clase política que padecemos sin importar la identificación ideológica que se ha convertido en las monedas de cambio del juego, la sociedad debe impulsar el cambio de tablero”; por su parte –concluye Villoro- “el gobierno y esa ‘clase política’ debe dimensionar y asumir que el bono de la pluralidad que trajo consigo la transición –alternancia dilapidada por la derecha para muchos- democrática se agotó, lo agotamos hace mucho tiempo y en consecuencia es imperante otra transición, ésta hacia la legitimidad, si no lo entienden, tarde o temprano la ciudadanía los castigará, como se castiga en cualquier democracia, sacando de la esfera gubernamental a los individuos que la ocupan, aterrizando otra de las consignas que se podían leer el sábado “¡somos los de abajo y vamos por los de arriba!”; ¿alguien puede asegurar que esto ya está decidido?…. RAÚL CASTELLANOS HERNÁNDEZ / RCMULTIMEDIOS.MX http://rcmultimedios.mx/politica/47911/del-zcalo-a-los-pinos#.VgoCUHvV9pU.mailto
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