EL RETABLO DE LAS MARAVILLAS: Memorias de Don Porfirio.

Ma. De los Ángeles FERNÁNDEZ MONDRAGÓN

ESOPO

Un topo –animal ciego- dijo a su madre que veía. Y ella para probarle le dio un grano de incienso y le preguntó qué era. El topito dijo que era una piedrecita. La madre reviró: “Hijo, no sólo has perdido la vista, también perdiste el olfato”.

MORALEJA: Así, ciertos fanfarrones, al proclamar cosas imposibles son rebatidos hasta en lo más insignificante.

DE PATRAÑAS Y PROTAGONISMO

RECREAN LA JUVENTUD DE PORFIRIO DÍAZ MORI: CARLOS TELLO DÍAZ. MÉXICO, DF 11-Sep. Porfirio Díaz nació la noche del 14 de septiembre de 1830 en La Borcelana, un rancho ubicado en el camino de Etla a Oaxaca. Fue bautizado al día siguiente, y esa fecha figuró como su nacimiento. En el primer tomo de la biografía que dedica a su tatarabuelo: Porfirio Díaz. Su vida y su tiempo (Debate/Conaculta), titulado La guerra (1830-1867), Carlos Tello Díaz escribe que vivió hasta los 7 años en el Mesón de la Soledad, que su padre, José de la Cruz, arrendaba al Convento de Santa Catarina, en una época en que 70 por ciento de las viviendas en Oaxaca pertenecían a la Iglesia. «Era una familia próspera, pero tras la muerte del padre (en 1833, víctima del cólera), la madre (Petrona) tiene que ir vendiendo sus posesiones», refiere el historiador, hasta que se mudan en 1837 a la última que conservan, el Solar del Toronjo en el barrio de Jalatlaco, donde instalan una curtiduría. La investigación de Tello Díaz corrige ideas equivocadas sobre Díaz, como que tuvo un origen pobre o que era un mal estudiante, pues obtuvo buenas calificaciones lo mismo en el Seminario Conciliar de la Santa Cruz que en el Instituto de Ciencias y Artes, en los que aprendió latín y francés. Establece también que se convirtió en militar, no por vocación como su hermano Félix, sino por razones políticas. «Cuando se pronuncia en contra de la dictadura de Santa Anna en diciembre de 1854 ordenan aprehenderlo. Díaz huye a las Mixtecas y ahí toma la decisión de abrazar la carrera de las armas y luchar en favor de las ideas liberales». Tras la publicación de este tomo, donde documenta los años de infancia y juventud de Díaz, y las hazañas militares en la guerra de Reforma y durante la Intervención francesa que lo convirtieron en héroe, seguirá en dos años La ambición (1867-1884), y luego enfrentará, en un plazo que anticipa mayor, su periodo más polémico en El poder (1884-1915). (Agencia REFORMA, NOTICIAS, Sep-12-2015)

Y de vuelta la burra al trigo.

Por lo visto, Carlos Tello Díaz no acabar de entender que infamando y mintiendo sobre los orígenes de uno de los hombres más grandes de México: Don Porfirio Díaz Mori, sólo logra la repulsa entre la gente culta y preparada que sí conoce la historia real del Héroe del 2 Abril. Entre su soberbia y su cinismo al repetir mentiras que le han sido refutadas con datos duros e históricos. Ya se le cayó la patraña de la repatriación de los restos del ilustre oaxaqueño que anduvo enarbolando durante años. Hoy está escribiendo su propia versión en varios tomos. Ya salió a la venta el primero “Porfirio Díaz, Porfirio Díaz. Su vida y su tiempo (Debate/Conaculta), titulado La guerra (1830-1867)” y amenaza con otros 2 en los próximos años: La ambición (1867-1884), y luego enfrentará, en un plazo que anticipa mayor, su periodo más polémico en El poder (1884-1915).

Mira tú.

Lo cierto, es que Tello no tiene pudor ni rigor histórico ni respeto a la figura de su ilustre y lejanísimo ancestro.

Ahora sale con la embajada de que Don Porfirio no nació en la capital oaxaqueña, “sino en el rancho La Borcelana, ubicado en el camino de Etla a Oaxaca.” (sic). Desmintiendo no sólo al propio ex Presidente de la República sino a sus biógrafos y a verdaderos escritores e historiadores íntegros como José Vasconcelos, Jorge Fernando Iturribarría, padre; José Fuentes Mares, Everardo Ramírez Bohórquez, y Matías Romero Avendaño.

Y qué mejor que leer “Mis Memorias” dictadas de labios de Don Porfirio Díaz, a un estenógrafo y publicadas por “Fundación El Libro Total” en 1892, bajo el escrupuloso cuidado editorial de Don Matías Romero y la introducción a su cargo. No tiene desperdicio.

Es textual.

 

MIS MEMORIAS: PORFIRIO DÍAZ.

“Nací en la ciudad de Oaxaca el 15 de septiembre de 1830. Mi padre fue José Faustino Díaz y mi madre, su esposa, Petrona Mori. Aunque de origen español, mi padre era de los que llamamos raza criolla, es decir, con alguna mezcla de sangre india. Mis abuelos paternos fueron Manuel Díaz y Marcela Bohórquez, ambos de Oaxaca; y mis abuelos maternos Mariano Mori y Tecla Cortés, de Yodocono. Mi bisabuelo materno vino de Asturias y se casó con una india del pueblo de Yodocono, parroquia de Tilantongo, Distrito de Nochistlán, del Estado de Oaxaca; de manera que mi madre tenía media sangre india de raza mixteca. Después de algún tiempo mis abuelos maternos se establecieron en la ciudad de Oaxaca en donde se casó mi madre. Mi padre era herrador y veterinario de profesión y antes de casarse, siendo muy joven, había servido en un Regimiento como mariscal.

“Cuando mi padre se casó, por el año de 1808, era dependiente de una empresa de minas que tenía las haciendas de beneficio de metales y minas anexas de Cinco Señores, San José y el Socorro, situadas en el Distrito de Ixtlán, llamado hoy Villa Juárez porque en uno de sus pueblos, San Pablo Guelatao, nació Don Benito Juárez. Esas haciendas pertenecían a la catedral de Oaxaca: más tarde las arrendó una compañía inglesa y por último, siendo yo jefe político de Ixtlán, se las adjudiqué al Lic. Don Miguel Castro, quien las denunció en virtud de las leyes de Reforma que nacionalizaron los bienes de la iglesia. Mi padre tuvo siete hijos: cuatro varones y tres mujeres. Primero nació una mujer llamada Desideria; después dos hombres Cayetano y Pablo; luego otras dos mujeres, Manuela y Nicolasa, después yo y al fin Félix.

“Cayetano y Pablo murieron en la infancia. Desideria se casó, y murió en 1867 de cosa de 58 años de edad. Su marido fue Antonio Tapia, de Acatlán, y tuvo varios hijos de los cuales le sobrevivieron dos hijas: María de Jesús y Amada. Las dos se casaron y la mayor, María de Jesús, fue esposa del Lic. Ignacio Muñoz. Tuvo tres hijos, que yo he adoptado como míos: Ignacio, María y José. De los varones, el mayor, es capitán de Estado Mayor facultativo del Ejército y el menor, José, es ahora cabo alumno del Colegio Militar y saldrá despachado como Teniente a fines de este año (1892) que acabará su carrera en el Colegio Militar. Amada se casó con José Castillo y sus hijos murieron en la infancia. Manuela murió en 1856 de 27 años de edad. Dejó una hija, Delfina, nacida en 1843, que fue mi primera esposa y falleció en 1880. . (MIS MEMORIAS, Porfirio Díaz, 1892. Ed. Fundación “El Libro Total”).

PRÓLOGO DE MATÍAS ROMERO

Don Matías Romero así lo explica en el prólogo de la I Parte:

“Con frecuencia se me pedían durante mi reciente permanencia en los Estados Unidos, informes respecto de la vida del General Don Porfirio Díaz, con motivo de la celebridad que ha adquirido en el mundo civilizado, destinados ya para trabajos literarios, ya biográficos o ya de otro género. Con este motivo tuve ocasión de palpar la escasez de noticias exactas de la vida de una persona que ha desempeñado papel tan prominente en el país, y cuyo nombre es conocido en el mundo entero. Sus biografías, escritas hasta hace poco, son más que deficientes. En una ocasión que hablé sobre este asunto con el General Díaz, para rectificar ciertos apuntes biográficos preparados por una escritora norteamericana; que los había sometido a mi corrección, le manifesté la conveniencia y aun necesidad de que él mismo proporcionara datos de su vida, que completaran y rectificaran los que son generalmente conocidos, y con este motivo le propuse que cuando tuviera oportunidad, dictara a un estenógrafo, los rasgos principales de su carrera, con el objeto de poderlos reunir después en forma de Memorias… El General Díaz aceptó mi indicación y se ocupó empeñosamente de este trabajo por varios días, durante los meses de agosto y septiembre de este año. A poco de comenzado, se pensó en la forma que debería dársele. Pareció que tendría más autoridad y más mérito si conservaba la de memorias, que si asumía la de biografía, y decidido por el primer extremo, continuó el General Díaz dictándolo con ese propósito. (Prólogo de MIS MEMORIAS, Porfirio Díaz, 1892. Ed. Fundación “El Libro Total”).

No para ahí.

“La mayor parte de este libro ha sido dictada en mi presencia, y con este motivo he tenido ocasión de admirar la feliz memoria del General Díaz para nombres, lugares y sucesos, pues conserva un recuerdo claro,  completo y vivísimo de los hechos principales y aun secundarios de su vida, y los refiere como si apenas hubieran pasado ayer. No tuvo necesidad, para dictar sus Memorias, de consultar un solo libro o documento, y nunca vaciló en sus recuerdos. Sus facultades descriptivas son también muy notables, pues refiere los sucesos en que ha tomado parte, con tal claridad, que parece, a quien le oye, que los está presenciando. Su memoria no es, sin embargo, tan feliz, tratándose de fechas; y una lista cronológica de cuarenta y seis de las principales batallas en que ha tomado parte, que conserva en su poder, fue el único apunte de que se sirvió al dictar sus Memorias….” (Ibíd.).

Y aclara:

“El primer tomo de estas Memorias se imprime ahora confidencialmente, en un número muy reducido de ejemplares numerados todos, que no pasan de cien, con el propósito de que no salga todavía al público por la posición delicada que guarda el General Díaz, y para circularlo solamente entre sus amigos personales, con el objeto de oír su opinión, antes de determinar si saldrá o no a luz, en vida de su autor. México, octubre 18 de 1892. (Ibíd.).

Breviario cultural.

MATÍAS ROMERO AVENDAÑO. Un activista de la diplomacia, defensor del liberalismo económico, combativo frente al imperialismo de entonces, tenaz, astuto, hábil, incisivo, pero a la vez conocedor de los límites que impone la diplomacia, Matías Romero Avendaño nació en 1837 en el Estado de Oaxaca. Estudió Leyes y en 1855 ingresó al Ministerio de Relaciones Exteriores como colaborador, es decir, sin cobrar sueldo alguno, en calidad de suplente. Tenía 22 años cuando llegó a Washington para trabajar al lado de José María Mata. Eran los tiempos en que el gobierno de Juárez buscaba el reconocimiento de Estados Unidos, que veía con desconfianza la guerra entre liberales y conservadores. Matías Romero no tardaría en convertirse en encargado de negocios con la encomienda de fortalecer los lazos de amistad y cooperación con el régimen de James Buchanan, asegurar apoyos sustanciales para la causa liberal, frenar las ambiciones expansionistas de los estados sureños, promover una actitud más firme del Congreso estadunidense ante la amenaza de una intervención europea, alentar la ratificación del Tratado McLane-Ocampo  —firmado el 1 de diciembre de 1859— y obtener créditos y armamento para las fuerzas juaristas. (SRIA. DE RELACIONES EXTERIORES. Fundación Matías Romero.

“A la caída del imperio, en octubre de 1867, volvió a México. Juárez lo puso al frente de la Secretaría de Hacienda. Matías Romero no fue un teórico, sino un economista ejecutivo y práctico que confió en el desarrollo de los sectores productivos más sólidos. Se diría que llevó al terreno económico lo que Juárez hizo en lo político: centralizó y robusteció el nacionalismo financiero, con lo que favoreció la creación de un mercado interno y atrajo capital extranjero. Ejerció, además, una supervisión y un control estrictos del gasto público. Empujado por su mala salud, en 1872 renunció a su despacho e inició un largo viaje por el sureste del país. Con la llegada de Porfirio Díaz al poder, retomó su cargo de secretario de Hacienda. En 1880 pidió licencia para trasladarse a Nueva York. Entre 1892 y 1893, volvió a dirigir la Secretaría de Hacienda y, entre 1893 y 1898, sirvió como ministro plenipotenciario en Washington. Le tocó elevar el rango de la representación diplomática en el vecino del norte a nivel de embajada. Fue, de este modo, el primer embajador de México en Estados Unidos. Apenas disfrutó su nombramiento, pues una apendicitis acabó con su vida unos meses más tarde, el 30 de diciembre de 1898, cuando tenía 61 años. (Ibíd.).

Es una carga de oxígeno para el alma conocer y adentrarse en la historia de oaxaqueños del calibre –por orden cronológico- de Benito Juárez, Porfirio Díaz y José Vasconcelos para enorgullecernos de nuestra estirpe, a pesar de sujetos deleznables como los que gobiernan Oaxaca desde la llegada de la Coalición por la Democracia, la Alternancia y el Cambio en diciembre de 2010.

Claro, la bronca no se inició ahí, sino en 1977 cuando lograron tirar a un gran gobernador Don Manuel Zárate Aquino y llegaron al poder con el Gral.
Eliseo Jiménez Ruiz, los “gitanos” con Crispín Carrera Rayón –el “mocito” de Don Manuel que llegó a la Sria. Gral. De Gobierno- . En 1980, Don Pedro Vásquez Colmenares, fue un gran gobernador que inspirado en su señor padre, otro gran mandatario oaxaqueño, Don Genaro V. Vásquez rescató rubros tan importantes en Oaxaca como la Cultura. Y todo se fue al demonio cuando en 1986 le entregaron a Heladio Ramírez López y su horda de “gitanos” la gubernatura. A partir de ahí, se adueñaron y pervirtieron la vida no sólo de la capital, sino de todo el Estado.

Y ahí seguimos.

Gabino de esperanza para los ingenuos, resultó todo un fiasco. Dios nos ampare.

Mañana les cuento.


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