EN OTRO CANAL: Lo que no han hecho los electores

Armando Reyes Vigueras

Un argumento muy utilizado por los defensores de López Obrador es que ganó las pasadas elecciones presidenciales con 30 millones de votos, tema que es utilizado para acallar cualquier crítica, pero que no se usa para exigir que no se cometan errores –como en el caso del desabasto de medicinas– o no se tengan resultados deficientes como los que hemos tenido en materia económica. ¿Quedarse callado ante eso es lo que tiene que hacer un elector?

Elección mala

Un elector no es únicamente una persona que deposita en la urna su voto en favor de alguien, sino también un ciudadano que puede exigir cuentas a quien le entregó una responsabilidad pública.

Pero parece que en México votar a favor de un candidato nos convierte en automático en defensores permanentes.

Al menos así piensan quienes tratan de argumentar a favor del actual gobierno federal, pues algo que sacan a cada crítica que se le hace es que fue electo por 30 millones de mexicanos –olvidando convenientemente que el resto de ciudadanos inscritos en el padrón no lo hicieron–, buscando con esto desestimar cualquier opinión negativa.

Desde luego que hay que reconocer que el actual mandatario fue electo en un proceso en el que los votos contaron, pero de eso a tratar de usar una cifra para defenderlo, es algo que no se sostiene.

Porque se trata de un gobernante con defectos y virtudes, con errores y aciertos, que toma buenas y malas decisiones, sin importar el número de personas que votaron por él.

Pero dejando atrás la fragilidad de este recurso, hay otro tema que conviene revisar.

Un elector no solo tiene la obligación de acudir a votar, sino que también puede exigir resultados a sus gobernantes. Aquí es donde esos 30 millones de votantes deberían exigir que haya un crecimiento económico acorde a las necesidades del país, con seguridad pública y salud adecuados, sin gastos superfluos –como es el caso del béisbol– y asumiendo la responsabilidad para la que fue electo.

Habrá que preguntar a los 30 millones, si están de acuerdo a la respuesta que se le dio a las protestas de mujeres por la violencia de género, al manejo que ha tenido la pandemia del Coronavirus o a la visita en Sinaloa a los familiares de Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, justo el día del cumpleaños de Ovidio Guzmán, hijo del capo, teniendo presente lo sucedido en el culiacanazo.

También habría que preguntar si están de acuerdo que el presidente se la pase culpando al pasado, hablando de conservadores que lo quieren tirar, en lugar de generar condiciones de crecimiento económico para que haya más empleos.

Es más, siguiendo la línea que han establecido para cuestionar cualquier crítica, podemos preguntar:

¿Dónde estaban cuando AMLO tomó malas decisiones que hicieron que el crecimiento económico fuera de cero?

No los escucho cuestionar la falta de respuesta a las protestas de las mujeres o los montajes como el que se armó con motivo de la reunión del G20, en la que todo apunta a que en presidente no habló, al contrario de lo que nos quieren hacer creer igual que en las mañaneras y sus preguntas a modo.

Un avance importante para el país sería que el elector se asumiera como un ciudadano con derechos y obligaciones, y entre los primeros está el de exigir cuentas y resultados a quienes eligió con su voto, porque ver una elección como una oportunidad para vender el sufragio o buscar un beneficio personal con el mismo, nos ha costado muy caro.

Muchas autoridades que provienen de un proceso electoral, saben que pueden abusar del cargo por esa falta de exigencias, pues el elector se desentiende y aunque se queje del gobierno, en los siguientes comicios no analizará a los candidatos y sus propuestas, sino que buscará algo inmediato a cambio, bajo la idea de que «de todas maneras nos van a robar».

Dejar de ser ciudadano para convertirse en súbdito es lo que está detrás de este supuesto argumento de que los 30 millones de votos significan –así lo quieren ver– impunidad para no dar resultados y utilizar al gobierno y sus recursos como patrimonio personal.

El voto y el respeto al mismo nos han costado mucho a lo largo de la historia del país, para que ahora nos vengan a decir que por tener en el conteo 30 millones de ellos, se puede hacer lo que se quiere como gobernante y, encima, los demás perdemos el derecho a criticar o pedir resultados positivos.

Se dice que de arrepentidos está lleno el infierno y cómo vamos, México puede ser ese infierno, claro, si no hay exigencia de esos 30 millones para que se corrija el rumbo, en lugar de esa callada complacencia que quiere apoyar a un supuesto presidente infalible y víctima de enemigos imaginativos.

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