La irresponsable diplomacia del Covid-19

Ángel SAN JUAN

Dicen los que saben y navegan entre los espasmos del sigilo e irresponsabilidad, el covid irrumpió como diplomacia para terminar con la sobrepoblación que persiste en todo el mundo.

A solicitud de la Organización Mundial de la Salud para prescindir de la vida humana. A merced de una temible e inquietante administración del gobierno para sembrar el miedo y manipulación entre la comunidad.

Más allá de la teoría que subsiste en tanto se discute la hipótesis de una una conflagración entre médicos, químicos, camilleros, o enfermeras para catalizar el propósito en mención, y cuestionar al calor de las letras la suposición de la mentira nunca antes vista e imperceptible ante los ojos de quien supone lo desconocido.

El análisis obliga analizar y discutir detallada y minuciosamente, sobre qué haremos tan mal para crear y concebir una realidad entre mitos, supuestos e imaginaciones. Para sembrar la ilusoria representación de una inyección hasta ahora imaginaria, pero letal para humanos en cuanto se aplique. Para especular sobre la confección de un método irreversible para arrebatar el líquido en rodillas que obliga una meditación absoluta sobre el involuntario negocio entre médicos y futbolistas.

El nerviosismo aumenta en tanto se forja la reflexión de un chip en el cuerpo humano con fines de manipulación y una base de datos. Un acierto si fuera el caso para comprender de una vez por todas, qué genera tanta insensatez ante espeluznante invento.

La especulación y temor aumentan, las imágenes de fallecidos no generan reflexión alguna siempre y cuando se prescriba de un caldo de pollo, té de manzanilla o dos cabezas de ajo.

Quizá las imágenes y el dolor no resultan suficientes para comprender la realidad, que el virus no persigue únicamente a la tercera edad, o apareció con fines de regenerar la economía farmacéutica.

La falta de información, desinterés o credibilidad del gobierno, evoca la siempre cuestionable realidad que nos ofrece. Después de todo, las medidas de higiene tampoco deberían fenecer al terminar la contingencia. El lavado de manos representa hoy en día un hábito en peligro de extinción que corresponde adoptar para sucumbir una que otra enfermedad.

Los días transcurren, la ansiedad agrava, la economía sucumbe y la pregunta sobre cuánto falta para finalizar la cuarentena persiste en el discurso e imaginación de la sociedad.

Europa alienta a sospechar el confinamiento está por terminar en tanto la hipótesis agoniza al conocer los brotes y contagios del medio oriente, lo que finalmente obliga especular sobre lo que estaría por suceder en nuestro territorio.

La siempre cuestionable curva en ascenso, no aplanan ni disminuye, desconoce de géneros, edad, o condiciones político-económicas. La discutible capacidad en la administración pública y apresuradas decisiones que comprometen o solventan desagravios del pasado por no decir errores suscritos ante desgracias naturales.

Podríamos discutir la irresponsabilidad, desinterés o imprudencia de no acatar las medidas sanitarias, lo cierto al final del día, es que esta cuarentena refleja la fragmentada economía que custodia al mexicano.

Los intentos por una vacuna que permita se regrese a la normalidad, obliga a discutir si existe o no condiciones para esa realidad que se discute en las mañanas.

Irresponsable suponer entonces una realidad ante la disputa de anticuerpos y posibilidad de acariciar la muerte si se considera cada organismo responde de manera diferente. Bastaría con imaginar las jornadas de espera o protocolos al interior de un nosocomio para desechar la idea de corresponder a tan espeluznaste experimento.

Esta contingencia ha mostrado lo mejor y peor de cada uno. Miedo, anhelo, deseo, y envidiable capacidad para discutir o predecir del futuro. Para anteponer la seguridad por la de otros, confirmar el adorno de algunas dependencias por el mundo y la violencia intrafamiliar en tiempos de la modernidad.

Innecesario especular ahora sobre el costo- beneficio para retornar a la normalidad cuando la familia de quien lo medita parece no emerger entre las estadísticas.

¿A quién preocupa la salud del mexicano? El robo durante décadas al sector salud refleja la falta de sensibilidad para dotar de equipo médico a hospitales. Nadie queda exento de tan agravante cuestionamiento. El reclamo no corresponde a un solo partido, ni a quienes improvisa aún en el poder.

¿Qué pensarán los responsables del quebrantamiento al sector salud? ¿Justicia divina? ¿Dónde estarán aquellos experimentados políticos que pregonan una solidad absoluta en periodos de campaña o juegan ante la necesidad de los que menos tienen?

La historia parece navegar entre los textos de una obra ya prescrita, empeora para quien anhela el cargo en el 24, y tambalea ante una segunda probabilidad de alcanzar el objetivo.

Lo ocurrido será imperdonable en el próximo proceso electoral, si de política refiere Estados Unidos resulta ejemplo para ello. Quien disponga un discurso a base de tan horrorizaste situación, se convertirá sin duda en candidato para recordarlo entre los confinamientos de la maternidad.

El uso de tecnologías solventó lo propio. Video-llamadas para comunicarse entre pacientes y acelerar el acercamiento en tiempos de una obligada sanidad.

Una televisión que perdió la posibilidad de mejorar, formar o generar conciencia. Una  comunicación para reconocer la economía persiste por encima del beneficio social.

Estas letras resultan insuficientes en tanto no se discuta y pregone por mejores condiciones económicas para médicos, químicos, camilleros, enfermeras, policías, trabajadores de limpieza, jóvenes con anhelos de estudiar, y reconocer el compromiso de locatarios en mercados públicos para suministrar de alimentos. Esperar la aparición de una vacuna que ofrezca una honesta realidad y permita la reflexión ante una segunda oportunidad para todos.

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