La lucha por la información en tiempos de pandemia

Armando REYES VIGUERAS

Uno de los efectos de vivir en una coyuntura como la actual –hay quien se refiere a esa maldición que amenazaba con vivir tiempos interesantes–, es que con Internet y las redes sociales nos podemos informar de todo en cualquier momento, pero con las preocupación por el coronavirus esto puede resultar contraproducente.

Mucha información=desinformación

A diario, incrementado por la cuarentena que obliga a estar en casa, las redes sociales se han convertido en la manera de estar informados acerca de lo que sucede con el tema del Coronavirus.

Uno puede enterarse de lo que sucede en España o Italia, los esfuerzo de China por contener la pandemia y las medidas que se están tomando en otras partes del mundo.

Pero también podernos saber cómo se encuentran nuestra familia, amigos, compañeros de trabajo y hasta personas a quienes no conocernos personalmente, pero les damos el rango de amistad por ser parte de nuestra comunidad en redes sociales.

A través de esta herramienta de comunicación podemos conocer de decisiones del gobierno como el cierre de cines, bares y museos, además de compartir consejos parte enfrentar el aislamiento y no morir de aburrimiento.

El problema es que recibimos demasiada información al día.

Las distintas versiones –que pueden ser contradictorias– de supuestos expertos o del primo de un amigo que tiene un conocido en otro país y que comparte un vídeo de un paciente que se recuperó con un remedio casero, están a la orden del día.

Asimismo, las opiniones –porque todo el mundo tenemos una– acerca de lo que se está o no haciendo de parte de las autoridades pueden inundar nuestras pantallas.

El penúltimo fin de semana de marzo, comenzaron a circular vídeos en los que distintos políticos de diferentes signos nos compartían su opinión acerca de lo que estamos viviendo. Desde Ricardo Anaya, pasando por Diego Fernández de Cevallos, Alejandro Moreno Cárdenas o Gerardo Fernández Noroña, teníamos un abanico de puntos de vista que lo mismo podían solidaridad que culpaban a fuerzas oscuras de lo que está sucediendo.

Incluso teníamos a nuestro alcance las declaraciones de Ángela Merkel, Donald Trump o Nayib Bukele, acerca de como están enfrentando la pandemia en sus respectivos países.

¿Y que hace una persona normal con tanta información que recibe vía Twitter, Facebook o WhatsApp?

Cómo has sido costumbre en otras coyunturas –algunas no tan graves como le actual–, su primer instinto es preocuparse, pues por algo tanta gente está compartiendo tanta información, para a continuación compartir su nerviosismo con sus conocidos, en lo que constituye un círculo vicioso que es alimentado por todos aquellos que gustan reenviar cualquier mensaje sin reflexionar.

De este forma, uno puede recibir el mismo video o informe hasta tres veces el mismo día, para comprobar que se trata de algo que no corresponde a la realidad o que, sencillamente, no sirve para nada.

Con el Coronavirus han circulado una buena cantidad de recomendaciones que van desde la dieta alcalina, el uso de agua caliente, juego de limón, vinagre y otras recetas que, se asegura, sirven para no contraer la enfermedad o aliviar sus síntomas.

Las compras de pánico –que barrieron hasta con el papel de baño–, son un reflejo de como está tomando la gente está situación.

Y es que tener la oportunidad de recibir tanta información sin revisar la fuente o reflexionar acerca del contenido que nos llega, no sirve en realidad para estar bien informado, sino para intoxicarse con datos que no nos sirven para una buena toma de decisiones.

A lo anterior hay que sumar la batalla por los información que los dos bandos en conflicto –lopezobradoristas y sus adversarios–, llevan a cabo a diario y utilizando cualquier pretexto.

Así, se tenía un mensaje que aseguraba que el presidente iba a dar un mensaje por televisión y se pedía apagar el receptor como protesta por la manera en que ha manejado la crisis por el Covid-19.

Del otro lado, circulaban mensajes en los que podría ver a ancianos con su cachito del sorteo de un avión que no recibirán o gente que mando hacer playeras en apoyo del mandatario.

Si las redes sociales y otras herramientas de comunicación fueron pensadas para que pudiéramos no solo interactuar con nuestros conciudadanos, sino informarnos de manera casi directa de lo que sucede en nuestro país y el mundo, en realidad estos instrumentos y nuestra poca capacidad de análisis y pobre educación digital, nos dejan como meros espectadores de un circo que poco tiene de útil o de provechoso para sobrevivir a una coyuntura como la actual.

Piense, estimado lector, cuántos mensajes que recibe por WhatsApp lee en realidad completos antes de reenviar o en cuántas ocasiones se toma el tiempo de revisar quien es el autor de tal texto o imagen que nos acaba de llegar.

De este forma no solo podemos decir que nos comunicamos en tiempos de pandemia, sino que lo hacemos en la era del exceso de información, que es lo mismo a estar desinformado, pues si uno se puede ahogar en una inundación, imagínense lo que sucede con datos que fluyen las 24 horas del día, los 7 días de la semana y los 30 días de cada mes.

@AReyesVigueras

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