La última cena

Ángel SAN JUAN

El café de las mañanas y el desayuno de las ocho treinta, se ha convertido durante los últimos meses en el escenario indicado para analizar, debatir o disuadir las escrupulosas y perturbadoras estadísticas de covid-19.

Se transcurre ante una ficticia, forzada y aparente normalidad. La naturaleza de los cielos obliga en tanto concebir la inquebrantable fragilidad que custodia continuamente al ser humano y que navega entre constantes remanentes o misteriosas ocurrencias que concede la administración pública.

México enfrenta uno de los desafíos más importantes en su historia. Se especula sobre un retorno aun controvertible y que invita cautelosamente romper las reglas del confinamiento sin actuar con responsabilidad y reconocer a razón de la palabra que se ambiciona ganar un poco más de tiempo.

No existen condiciones apropiadas para un retorno involuntario, en tanto se discute la incapacidad de servidores públicos para comunicar, o la insolvencia para consagrar soluciones que permitan resarcir la afectación ocasionada durante esta contingencia.

Las estadísticas no mienten, quizá se trate del funcionario en turno o de una aterradora táctica para evitar a toda costa evocar el miedo, generar confusiones o una especulación innecesaria.

Es fundamental advertir sobre el contexto que alberga cada hogar y las consecuencias propias de una decisión insensata, bajo intereses político-económicos o con base al color de un semáforo que actúa sigilosamente entre los planteamientos y conveniencias apresuradas del gobierno.

Es momento de replantear la estrategia y actuar en consecuencia, hacer una pauta y reconocer el viacrucis que constituye salir de casa, retornar entre el temor de un contagio inesperado, el estrés y la ansiedad que se apodera de la imaginación durante las noches de insomnio, para finalmente, detallar el plan a utilizar y garantizar con ello la seguridad de la población en general más allá de las irresponsables decisiones de unos cuantos.

El 20-20 constituye una oportunidad para reconciliar el tiempo con las oportunidades, apostar por el uso de medios electrónicos para conciliar la economía del país, las tareas de prevención y erradicar a marchas forzadas la corrupción que impera en el sector público.

El proceso electoral inicia por encima de lo que representa la pandemia de Covid 19, el tiempo concede reiteradamente la oportunidad de elegir a los encargados de velar por el bienestar de las familias mexicanas, evitar a toda costa servidores tan improductivos como los que imperan ante irreversibles contingencias para finalmente, descartar la teoría de la última cena.

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