Ángel SAN JUAN
El anhelado y controvertible proceso electoral, da cátedra de lo improductivo que resulta imaginar un cambio en los peldaños del poder. La 4t, ratificó la teoría sobre los placeres de la autoridad y los intereses que persisten por encima del pueblo mexicano.
Imaginar el cambio llegaría, desmoronó la hipótesis en tanto el presidente López Obrador, consagró mediante su discurso en las mañaneras de palacio nacional, que, no existe de momento, partido alguno que ambicione una adecuada e histórica transformación para el país.
Habría que reconocer las equivocaciones del actual y la de sus antecesores para corroborar lo antes mencionado. Una pandemia que se manipula y sirve como excusa para no implementar mecanismos que permitan generar empleos, erradicar la inseguridad o mejorar los servicios de salud de los mexicanos.
Se asumen pues, como las elecciones más caras, históricas y en ocasiones hasta fraudulentas, reñidas, polémicas y demás calificativos que emergen con el tiempo. Donde no existen rivales, ni caras nuevas, mucho menos, quien se atreva a innovar, proponer, o sugerir alternativas de solución o un plan de trabajo acorde a las exigencias de la sociedad.
Una autentica vanidad de quien parece consagrar el triunfo a base de acuerdos, compromisos y mentiras que en pleno 2021 y con falacias que vislumbran en su imaginación.
Con recorridos por regiones, municipios, agencias y colonias más pobres del país, aunque paradójicamente, suelen ser los mismos recorridos cada vez que se aventura una elección.
Donde legisladores, alcaldes, y hasta gobernantes heredan el poder. Una repartición de bienes entre familiares y colaboradores, en tanto militantes observan detenidamente el paso de muchos, y esperan ilusamente su oportunidad. El sueño perdura en tanto se convoque a una asamblea o se conserve la fotografía con el ganador.
Las elecciones más tristes de la historia, cuando percibes lo terrible que fue que las principales fuerzas políticas del país, “sumaran esfuerzos” y crearan alianzas para intentar arrebatar el poder a uno de los mejores políticos de México, y a su vez, de los peores gobernantes en su historia. Sí, porque precisamente, son incapaces de diseñar estrategias para ganar una elección.
Cuando las plurinominales representan el claro ejemplo de los compromisos que perduran con el tiempo y los acuerdos que persisten para quien aspira recuperar lo invertido. Cuando líderes continúan bajo el cobijo de gobernantes y es durante periodos de campaña cuando las facturas comienzan por tener sentido.
Cuando resulta aberrante, y hasta abominable, jugar con la salud en tiempos de pandemia y utilizar a la mujer para buscar consagrar el voto. Cuando se defiende y respalda el actuar de un candidato que vulnera los derechos, pero se dicen aliados de la misma.
Esta historia difícilmente cambiará, estas letras difícilmente perderán vigencia. Sin capacidad, sin conocimientos, sin habilidades, sin propuestas, sin un plan de trabajo, sin alternativas de solución, sin gobernanza, sin duda, las elecciones más tristes de la historia.
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