ANDARES POLÍTICOS: 6 de junio, frenón al señor Presidente

Benjamín TORRES UBALLE

Lo trascendental de la gigantesca jornada electoral celebrada este 6 de junio en México, ha sido el interés ciudadano por acudir a las urnas en una elección intermedia. No faltaron actos violentos para agredir y amedrentar a los electores, sin embargo, en general hubo excelente organización por parte del INE y un comportamiento maduro de la gente que no dudó en sufragar en medio de un entorno complicado en el país, debido a la pandemia, violencia, y la peligrosa polarización social.

Según datos del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), la participación ciudadana superaba el 52% al mediodía del martes 7 de junio, con un total de 45 millones 710 mil 117 votos. Quedó claro el interés de la sociedad por hacer válido su voto y, a través de éste lograr los cambios que el país requiere de manera urgente. México no puede seguir tolerando acciones gubernamentales que afectan a todos. La inseguridad y violencia están socavando a grandes pasos el estado de derecho y la tranquilidad de las familias, igual que la falta de empleos y seguridad social para millones de familias. Todo indica que un amplio sector social está harto de caprichos sexenales.

Cierto que Morena, el partido de Andrés Manuel López Obrador, se llevó la mayor parte de las gubernaturas en disputa, aunque es significativo que haya perdido la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y en la capital de la República haya sufrido un enorme revés al conservar sólo 7 de las 16 alcaldías. Esto tiene un significado relevante al ser el corazón político nacional y sede de los poderes, amén de que hasta ayer era un sólido bastión, primero del PRD y luego de los morenistas.

El poder, juntos con los errores al gobernar desgasta, y ayer Morena pagó la factura de ello. Por eso perdieron la mayoría calificada en Diputados y tuvieron una debacle en la Ciudad de México. El pueblo bueno no ve bien que el Ejército claudique, por orden de López Obrador, ante el Cártel de Sinaloa y deje libre a uno de los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán; tampoco que vaya a saludar de mano a la señora madre del famoso capo. Incluso, a nadie le gusta que se pretenda combatir a los criminales a base de un vasto arsenal de abrazos, chanclazos y demás alucinaciones.

Hay mucha inconformidad social por los injustificables antojos del presidente López Obrador. Construir una refinería en épocas que el auge por el desarrollo y uso de nuevas energías más eficientes y menos contaminantes avanza, es uno de ellos. Edificar un cuestionado aeropuerto en Tecámac, que desde ya luce inservible, es otro. Obstinarse en el desarrollo de un tren en el sureste que ha ocasionado profundos daños al medio ambiente y provocado la oposición de comunidades indígenas, uno más. La degradación en seguridad aérea, también es mérito del gobierno federal.

Una de las variables de mayor peso en el retroceso morenista en las urnas –distante de los 30 millones de votos que logró AMLO en 2018- es sin duda el autoritarismo que ha mostrado el tabasqueño desde el poder presidencial. Su beligerancia y deseos vengativos no escapan a la observancia de la opinión pública, tampoco su laxo sentido de la moral y honestidad cuando de familia y leales se trata. Así que extender la permanencia de Arturo Zaldívar al frente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación por dos años, y oficializarlo en el Diario Oficial un día después de las elecciones, es una afrenta más a la Carta Magna y a todos los mexicanos. Ahí está el autoritarismo.

Claro que el pueblo es “bueno y sabio” como lo ha dicho en diversas ocasiones el propio López Obrador, y es en esa concepción, en esa sabiduría colectiva que las burlas y demagogia desde la silla presidencial no pasan inadvertidas, como no se ha vuelto invisible la impunidad hacia el hermano incómodo Pío, Manuel Bartlett, la prima Felipa y Emilio Lozoya quien no ha pisado la cárcel y vive cómodamente no obstante los varios delitos de los que se le acusan y por los que fue extraditado.

Pero lo más condenable, es la división social generada por el presidente López Obrador, quien es evidente gobierna solo para sus intereses personales y en gran medida para sus fieles clientelas electorales alimentadas puntualmente con vastos recursos públicos aportados por los impuestos de los asfixiados contribuyentes castigados por una crisis económica desde antes de la pandemia.

Y del colofón de los yerros que explican en cierto modo el deterioro morenista en las posiciones de la Cámara baja y la Ciudad de México, es la manera desastrosa en que se enfrentó la pandemia de covid-19 y que, según cifras de expertos, ha dejado más de medio millón de muertos. Empero, la tragedia en la Línea 12 del Metro que enlutó casi una treintena de hogares y a la cual López Obrador mandó al carajo, también tuvo un costo político, principalmente para Claudia Sheinbaum.

El 6 de junio marcó un parteaguas en la sociedad mexicana, pero también en el proyecto político de AMLO y sus inocultables afanes reeleccionistas.

@BTU15 

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