ANDARES POLÍTICOS: De “pasquines inmundos” y libertad de prensa

 Benjamín TORRES UBALLE

Tantas ocasiones lo ha dicho, que pronto se convirtió en una frase tan común como los buenos días. La diferencia con el saludo es que nadie, salvo quienes en su entorno están convenencieramente obligados a hacerlo, lo cree: el utópico respeto presidencial a la libertad de expresión.

Muchos testimonios de lo anterior han quedado plasmados en las repetitivas conferencias mañaneras en Palacio Nacional. Pero el pasado viernes, de manera contundente, para que no quedara duda del alarmante nivel de intolerancia a la crítica, el presidente López Obrador explotó en contra del periódico Reforma al que de manera visceral calificó de “pasquín inmundo”.

“Ah, porque El Reforma es boletín del conservadurismo y del salinismo como política, y no tienen escrúpulos, es un pasquín inmundo, sin ética, sin profesionalismo.

El añejo enfrentamiento del mandatario con ese diario, se intensificó en los últimos meses y se recrudeció cuando en la semana reciente el rotativo denunció un faltante por 223 millones de pesos en  Macuspana, Tabasco, la tierra natal del Presidente, hecho que motivó el desconocimiento del gobierno municipal morenista, por el Congreso local, lo cual provocó la renuncia del alcalde y los regidores titulares y suplentes, entre ellos, la cuñada de AMLO, Concepción Falcón, quien se desempeñaba como  síndico de Hacienda.

La revelación del rotativo enfureció al titular del Ejecutivo que, como es del dominio público, no tolera crítica alguna, menos si ésta incluye señalamientos de corruptelas o malos manejos de miembros de su Gabinete, amigos, protegidos o familiares. El tabasqueño, como se ha visto, es proclive a ver sólo la paja en el ojo ajeno. Así lo demuestran el caso Bartlett y el de su hermano Pio.

Sin embargo, López Obrador, en la misma mañanera del viernes, pareció tomar conciencia de las graves ofensas preferidas al Reforma y minutos después a pregunta de los reporteros, matizó:

“Bueno, yo nada que toque la libertad de expresión, o sea, nada que límite la libertad de expresión debe de convertirse en ley” (…) Nada, nada, nada, libertad completa, la prensa se regula con la prensa. No obstante, la ira presidencial ya había sido vertida desde la tribuna propagandística.

Aunque si bien el citado periódico está claramente identificado con la considerada derecha en México y no está exenta de intereses económicos, políticos y sociales, como todo medio de comunicación, los continuos ataques son altamente preocupantes pues en ellos están incluidos algunos otros, a los que hay que agregar aquellos comunicadores incómodos al régimen morenista.

Nexos, la revista, es ejemplo reciente de cómo se las gasta el largo brazo de la venganza oficial para tundir a quienes osan opinar negativamente del gobierno obradorista. De esto puedan dar fe Carlos Loret de Mola, Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín y Víctor Trujillo, entre muchos otros “fifís”.

Queda muy claro que el papel de la prensa en toda sociedad democrática, es precisamente evitar caer en las narcotizantes redes de las “comodidades oficiales” y analizar con toda objetividad y sin contemplaciones la tarea gubernamental. Lo contrario convierte a los medios de comunicación en ignominiosas comparsas y cómplices de todo exceso, abuso, negligencia y omisión oficial.

Defender al Reforma no es propósito de este espacio ni de su autor, pero sí hacerlo respecto a la libre expresión en un gobierno que alardea de ello pero que pronto se estrella con el muro insalvable de su incongruencia. El presidente López Obrador no está para juzgar el desempeño de la prensa ni para darle consejos, por el contrario, debe ser respetuoso de la libertad inalienable de disentir.

“No, nada de controles de ningún tipo. Esto que hablamos del Reforma pues es una recomendación, no es un cuestionamiento, es decirles: No pierdan su credibilidad”, justificó López Obrador tras la sarta de ofensas y agravios al medio impreso. Tal recomendación sobra pues la credibilidad de un medio se obtiene mediante su trabajo y veracidad, y es el lector quien la otorga.

Todo medio de comunicación que hoy calla o suaviza los yerros del Presidente y su equipo, merced a la obtención de ciertos beneficios, como la publicidad oficial, necesariamente pagará los costos justamente en su “credibilidad”. Hoy, la opinión pública conoce a la perfección quienes son los impresos que se llevan millonadas en publicidad oficial y que voltean la mirada a la hora que deberían criticar al señor de Palacio. Lo mismo sucede con los medios electrónicos que no dudan en despedir a los periodistas que se atreven sistemáticamente a molestar a la nomenclatura oficial.

Si la prensa sigue bajo el fuego y la intolerancia del Ejecutivo y sus empleados, nada bueno puede pasar en esta aguantadora nación. Llegará el fatídico momento en que la democracia simplemente termine por derrumbarse por los obuses de la intolerancia y el autoritarismo, como en Venezuela, Corea del Norte, Rusia y Cuba, por mencionar sólo algunos.

@BTU15

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