ANDARES POLÍTICOS: Desaciertos y obsesiones en Palacio Nacional

Benjamín TORRES UBALLE

Justo en el peor momento de la pandemia, cuando los contagios por covid-19 se mantienen en picos sumamente peligrosos, los niños regresan a clases presenciales. Cortesía de una patológica obsesión presidencial cuyas motivaciones político-electoreras son evidentes. La estridencia con la que Andrés Manuel López Obrador se aferra a tal decisión, muestra, una vez más, que el tabasqueño no escucha ni ve al “pueblo bueno y sabio”, que la única voz a obedecer en Palacio Nacional es la suya.

Pero el máximo líder morenista tampoco oye a sus aliados, a esos que lo apoyaron para llegar a la Presidencia. Así lo constataron los maestros de la CNTE que el viernes pasado, en Tuxtla Gutiérrez, prácticamente retuvieron por más de horas al mandatario dentro de la camioneta que lo transportaba a la séptima región militar, donde daría su acostumbrada conferencia mañanera.

“No son buenos modos y no hay respeto”, se martirizó un amnésico López Obrador, quien convenencieramente olvida el bloqueo de pozos petroleros y el plantón durante meses en Paseo de la Reforma que provocaron graves daños. Es su escuela, su modus operandi durante años en la política. No puede negar que sus enseñanzas han sido asimiladas de forma eficaz por otros “líderes”.

Montado en un tobogán que él mismo construyó con asombrosa celeridad, intolerancia, violencia verbal y un vasto catálogo de yerros, su autoridad formal como jefe de Ejecutivo inició un rápido declive. Cada vez son, y serán más, los grupos fácticos de poder que lo presionarán en extremo, como ya lo hacen hoy órganos autónomos del Estado que de súbito le perdieron el enorme miedo.

El desgaste de López Obrador en la Presidencia de la República llegó de manera prematura. Así lo procuró, así lo gestionó y así lo quiso. Los hechos ratifican que fue un candidato astuto y perseverante, no obstante, los resultados de su administración demuestran que como jefe del Estado mexicano ha sido lo contrario. El balance es incontrovertiblemente negativo. Ahí están las terribles cifras de la violencia, de la inseguridad, de las actividades criminales, de la devastadora pobreza, de la polarización social y, en particular, el más de medio millón de muertes por la covid.

Al nada favorable contexto que rodea a López Obrador, ha contribuido decididamente su carácter autoritario, pendenciero e ilimitado egocentrismo. A esto han sucumbido sus colaboradores que no se atreven a contradecir a su jefe supremo quien les fijó las reglas del juego, del sometimiento: lealtad a ciegas. Los que por un mínimo de vergüenza y dignidad no lo aceptaron, cayeron estrepitosamente de la gracia mesiánica. Por ejemplo, Carlos Urzúa, exsecretario de Hacienda, hoy acérrimo crítico del gobierno obradorista. Pero hay muchos arrepentidos de closet aguantándose.

Hoy, la cerrazón de López Obrador lo tiene enfrentado –en otro error estratégico- con su operador político en el Senado, Ricardo Monreal Dávila, quien hasta antes de que cayera como plomo de los afectos y desayunos presidenciales, producto de no pocas intrigas, había despachado de modo eficaz cuanta iniciativa le remitiera el Ejecutivo. Monreal, que no es una perita en dulce, ya contestó al desdén palaciego y dijo que estará en la boleta del 2024, con o sin Morena. Otro frente abierto.

Preocupado porque la gente desconfía cada vez más de sus dichos, López Obrador realiza a diario una serie de piruetas para tratar de distraer la atención de la opinión pública. Si algunos votantes creyeron de buena fe que el entonces candidato cumpliría su promesa de regresar al Ejército a los cuarteles, hoy es evidente que también mintió en ello, las fuerzas armadas están más empoderadas que nunca. El presidente les ha dado prácticamente todo para tenerlos quietos y de su lado.

Otro engaño, es que no iban a subir de precio los combustibles. El costo del gas LP está por las nubes. Para intentar frenar el enojo social por ello, en Palacio tuvieron la brillante idea de vender el energético directamente a los usuarios. Todo indica que es otra tomadura de pelo, pobladores se quejaron de que “Gas Bienestar” lo vende casi al mismo precio que los particulares y en cantidades limitadas. Sí, el pueblo es muy sabio, por eso no se deja engañar con esas trampas.

Con la nueva legislatura que entrará en funciones el próximo 1 de septiembre en la Cámara de Diputados, donde Morena y sus patiños no tendrán la mayoría calificada, el margen de maniobra para que los empleados del presidente cumplan sus caprichos legislativos, será más complicado. Quizás a ello obedece el nerviosismo de AMLO y al reciente cambio en su gabinete, donde sacó de Gobernación a Olga Sánchez Cordero y colocó a su amigo Adán Augusto López, quien se desempeñaba como gobernador de Tabasco. La ministra en retiro pasó de noche por el Palacio de Cobián, ahora será la presidenta de la Mesa Directiva del Senado donde Ricardo Monreal es rey, la llegada de Sánchez Cordero es una llamarada de petate que no espanta al hábil zacatecano.

No ha llegado a la mitad del sexenio y López Obrador siente como se va esfumando su poder…

@BTU15

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