ANDARES POLÍTICOS: La ejecución de Valeria

Benjamín TORRES UBALLE

La escena era conmovedora: una madre, a cientos de kilómetros, lloraba la muerte de su hija. La joven estudiante de medicina había sido acribillada de nueve tiros por un sicario. El crimen sucedió en Ciudad Mendoza, municipio de Veracruz, mientras Valeria Cruz Medel se ejercitaba en un gimnasio. Parecía una más de las innumerables ejecuciones que desde hace años se volvieron recurrentes en la República y que colocan al país como uno de los más violentos en el mundo.

Pero el asesinato de Valeria no es simplemente otro en la extensa cadena de muertes violentas que aquejan a las mujeres en México. La chica de tan sólo 22 años, era hija de la diputada federal por Morena, Carmen Medel Palma. La señora recibió la brutal noticia en plena sesión de la Cámara de Diputados el jueves pasado. De inmediato se suspendió la asamblea en el recinto de San Lázaro.

El presidente de la Cámara baja, Porfirio Muñoz Ledo, se refirió en estos términos a lo sucedido: “No puedo dejar pasar este momento sin subrayar el grave estado en que se encuentra la nación, la vulnerabilidad de las familias y, sobre todo, la impunidad, que en este caso no la haya”.

Y cuánta razón le asiste al experimentado político, hoy enrolado en las filas morenistas. La indefensión de la sociedad, en su abrumadora mayoría, es total. El estado de derecho en México es sinónimo de impunidad. Cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, dependiente de la Secretaría de Gobernación, muestran que de enero a septiembre del año en curso, se tienen registrados un millón 383 mil 099 delitos, lo cual no incluye la cifra negra.

De acuerdo a ese dato oficial, en el territorio se cometen diariamente unos 5 mil 125 actos ilícitos en perjuicio de la sociedad. De ellos, está comprobado que sólo una parte mínima es castigada. Es decir, que no sólo impera la voluntad de los criminales, sino una reiterada impunidad que alienta la reincidencia por motivos multifactoriales. La incapacidad y corrupción policial, aunadas a las propias corruptelas en el desprestigiado sistema judicial colaboran decididamente al quebranto del orden jurídico y la convivencia armoniosa entre los mexicanos. Ahí están los datos duros que no engañan.

No es posible siquiera imaginar el profundo dolor de la madre de Valeria y toda la familia. Muchas voces –nunca suficientes-, principalmente en el ámbito político, exigen justicia y que se encuentre a los verdaderos culpables intelectuales para que paguen por la atrocidad – las autoridades veracruzanas aseguran que el asesino material fue encontrado acribillado dentro de una camioneta- y el reclamo es justo y obligado en un país donde toda vida carece de valor para los criminales.

Claro que la indignación por la muerte de Valeria es absoluta y a ella nos unimos en este espacio. Aquí no estamos interesados en las causas que la ocasionaron, éstas, corresponde a las autoridades determinarlas con precisión. Nos preocupa sobremanera la agresión en sí misma que segó la vida de otra mujer; de una joven en plenitud, de una mujer llena de sueños y esperanzas como las hay millones en esta nación y que están en riego constante de ser agredidas ante la incapacidad del gobierno y un grupúsculo de autoridades aldeanas y podridas.

Si bien la ejecución de Valeria tuvo y sigue teniendo amplia difusión mediática debido a la actividad política de su madre. Es indispensable dar la misma cobertura y atención a cada uno de los crímenes en contra de las mujeres. No existe asesinato insignificante. Cada uno de ellos debe ser castigado con el máximo rigor legal, sin excepción alguna. Puesto que no hay mexicanas de primera ni de segunda, la atención debe ser inexcusablemente la misma en todos los casos; más aún, el repudio social debe darse sin regateos mezquinos y de manera contundente, sin importar el estrato de la víctima y que ésta sea una “desconocida” y sin interés para los medios de comunicación. El dolor de las familias por cada mexicana que muere violentamente es inconmensurable, desgarrador en todos los casos, igual al que hoy sufre la familia de Valeria.

Visibilizar todos y cada uno de los atentados en contra de las mujeres es el primer paso para frenar la barbarie. Menospreciar tan sólo un asesinato, es deleznable y muestra a una sociedad irresponsablemente tolerante de un gravísimo problema en México que atañe a todos. Es inmoral voltear hacia otra parte cuando miles de féminas han sido masacradas y millones están en riesgo.

En el penoso caso del atentado y muerte de la joven Valeria, no deja de sorprender la inusual y sospechosa rapidez con la que actuó el gobierno de Miguel Ángel Yunes Linares. Este domingo, el mandatario jarocho dio a conocer la detención de cinco individuos relacionados con el caso, entre ellos, el presunto autor intelectual del asesinato de la alumna de la Universidad Veracruzana. Ojalá que así de veloz fuesen siempre las investigaciones y no sólo las que tienen resonancia nacional.

STATU QUO

Por cierto, desconocemos si Andrés Manuel López Obrador, en su filosofía del “amor y paz”, pedirá a la diputada Carmen Medel Palma, mamá de Valeria, que perdone a los asesinos de su hija. Tampoco sabemos que le respondería la legisladora de Morena. Resulta fácil perdonar teóricamente, cuando no se está en los zapatos ni en el abismal dolor de las familias dañadas por la violencia.

@BTU15

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