ANDARES POLÍTICOS: No fue dislate, así es él

Benjamín TORRES UBALLE

Concluyó una semana que seguramente no fue del todo grata para el presidente de México. Diversos hechos y dichos exacerbaron las críticas hacia el mandatario en días recientes. Muchas conjeturas y el consabido golpeteo surgieron por declaraciones temerarias de Andrés Manuel López Obrador las cuales no dejaron de sorprender en el país y el extranjero. Atizó fuerte la controversia.

Y es que el calibre de varias afirmaciones del jefe del Estado mexicano rebasa el ámbito de su clientela local para adentrarse peligrosamente en un camino bastante intrincado en la esfera global. “Cuidamos a los elementos de las fuerzas armadas (…) pero también cuidamos a los integrantes de las bandas, son seres humanos, esta es una política distinta”, precisó categórico el jueves pasado.

El mensaje no deja duda alguna de las generosas consideraciones que el presidente López Obrador dispensa a los criminales. Desde el ignominioso suceso conocido popularmente como “El culiacanazo”, donde los militares sufrieron una de sus peores afrentas y fueron obligados, por órdenes del Presidente, a dejar en libertad a Ovidio, un hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán, se debilitó de forma brutal la imagen, respeto y el margen de maniobra de el Ejército y la Marina.

López Obrador lo sabe, por eso es que se afana en justificar a los militares cuando son agraviados, agredidos, e incluso cuando son perseguidos y expulsados de modo sumamente vergonzoso por el crimen organizado, tal como sucedió en Nueva Italia, Michoacán; “corretiza” exhibida en las benditas redes sociales la semana pasada. Es claro, los delincuentes no los temen, ni los respetan.

Se supone, y hay razones históricas para creerlo, que el Ejército representa el último ý más firme baluarte para proteger a la sociedad de los malandros; superado, la indefensión sería total. Por eso es de extrema gravedad que los militares huyan despavoridos amenazados por sicarios. Se confirma pues lo expresado por el jefe del Comando Norte de Estados Unidos, general Glen VanHerck, en marzo del 2021, respecto a que el crimen organizado opera en un tercio de nuestro territorio, «en áreas que son con frecuencia ingobernables».

Así es la peligrosidad de lo que está ocurriendo en un México donde la delincuencia llegó para sentar sus reales y convertirse, de facto, en un poder alterno, donde sin más, cobra otra clase de “impuestos” ante la mirada del atemorizado gobierno; tiene, además, su propio ejército; decide quién vive o muere; impone alcaldes; hace “justicia” por propia mano y se da el gusto de echar de sus dominios a punta de balas a quien se le pega la gana, a soldados, entre ellos.

Es lo que sucede en el México real, el que padece la abrumadora mayoría del pueblo bueno y sabio. Ese que es atracado en las calles, el transporte público, afuera de los bancos, dentro de los comercios. El mismo que sufre todos los días la sociedad por el evidente deterioro del estado de derecho cada vez más erosionado por una fallida estrategia de seguridad; también por la desbordada impunidad y la omnipresente corrupción en el aparato encargado de procurar e impartir justicia.

Las consecuencias de una mala gestión de gobierno hasta el día de hoy, son manifiestas. Y no se trata de descalificar a priori, los datos duros ahí están: 56 millones de pobres; más de medio millón de muertos por covid-19; 120 mil 174 homicidios dolosos en 42 meses de gobierno obradorista, que supera en 60%, el mismo periodo del impresentable Enrique Peña Nieto (datos de TResearch). Las masacres, los feminicidios, las extorsiones, el narcomenudeo y los asaltos en carretera no han cesado. Bajo ese entorno no se puede vivir en paz, no hay certidumbre, tampoco gobernabilidad.

Toda palabra que sale de la boca del presidente López Obrador tiene repercusiones para bien o para mal. De esa manera su aclaración de que no fue dislate el que su gobierno protege a los criminales de los cárteles, es uno de los más grandes y extremadamente peligrosos yerros políticos que viene, por añadidura, a confirmar la sospecha popular en el sentido de que esas bandas no tienen porque preocuparse en este sexenio, si el comandante supremo de las fuerzas armadas los defiende y los tiene en tan alta estima. Hoy se explica cabalmente la recomendación de mejor darles abrazos.

Resulta inaceptable la excusa presidencial de que también son seres humanos. En todo caso, ¿no lo son también las miles de víctimas abatidas por las balas de esos “seres humanos”, crueles a niveles demoniacos; que destrozan cuerpos, familias, comunidades enteras, sin una partícula de piedad?

Algo muy preocupante sucede con el titular del Ejecutivo. Con tantos muertos a causa de la inseguridad y violencia; con una inflación galopante que daña las economías familiares; con tantos ciudadanos en la informalidad; con los reiterados mimos a dictadorzuelos y las provocaciones a los EE.UU., nada bueno puede surgir de ello. Es urgente una reflexión profunda en Palacio Nacional.

@BTU15

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