ANDARES POLÍTICOS: ¿Quién amarra al tigre de la intolerancia?

Benjamín TORRES UBALLE

El nivel de polarización que existe en México está en niveles extremadamente peligrosos y no hay señales de que vaya a disminuir, no al menos en el corto plazo, al contrario, hay visos de que la confrontación entre los bandos en que está partido el país, arrecie a niveles de gran tragedia social.

“Yo propongo que, si se pudiera regresar a la época de la inquisición, quemaba vivo a cada uno de los morenistas en el zócalo capitalino”, afirmó el escritor y periodista Francisco Martín Moreno, en entrevista con Pedro Ferriz de Con, el pasado día primero, en Central FM.

Por más que uno pueda simpatizar en ocasiones con la crítica de Martín Moreno, es inaceptable desde cualquier punto de vista su virulenta postura radical que no hace sino atizar el fuego de la intolerancia además de caer en el juego del presidente al que tanto critica y de los seguidores del tabasqueño cuyo único argumento racional de ataque y defensa es precisamente la violencia.

Con un mandatario que en el discurso incendiario lleva invariablemente la furia hacia quienes lo critican y exhiben sus yerros gubernamentales, alimentando, ahí sí, el “odio circular”, pues ni él ni sus adversarios están dispuestos a quedarse callados en una batalla de eternas descalificaciones.  De ese modo es que se fertilizó, desde hace tiempo, el campo propicio para que la intolerancia arda.

Mientras, López Obrador sigue montado en la cólera pueril por su patológica aversión a la crítica y se resiste a comprender de una vez por todas que la mejor y única manera de responder a los que él llama “conservadores” y “fifís” es una gestión incontrovertible, coherente, además de benéfica para todos los mexicanos, no sólo para la parte del “pueblo bueno” que le interesa electoralmente.

Si el presidente en sus adentros sueña con pasar a la historia como un prócer de la Patria, debe actuar en consecuencia, de lo contrario corre el alto riesgo de que se haga efectiva la sentencia de Ruth Zavaleta, quien en enero del 2008, siendo presidenta de la Cámara de Diputados, respondió de este modo a una hiriente crítica de López Obrador:

“Me extraña este tipo de comentarios de un político que consideré podía dar un salto a ser un estadista y que con sus comentarios, pues se rebaja a ser, pues un buscapleitos de taberna”. 

Hoy, el presidente López Obrador está en pleito con los empresarios –excepto sus consentidos-, comunicadores, gobernadores de la oposición, en especial con el de Chihuahua, Javier Corral y con el de Jalisco, Enrique Alfaro, también con intelectuales, grupos de mujeres y padres de niños con cáncer, entre otros sectores de la sociedad que no se sienten atendidos por el gobierno de AMLO.

Entretanto, asuntos a los que el Ejecutivo dio amplio espacio en sus conferencias mañaneras, de “súbito” se apagaron tras la difusión del video donde se exhibe a su hermanito Pío recibiendo bolsas de dinero que le entrega David León para el “movimiento”. Canija y descarnada casualidad. El obús pegó directo en la estima presidencial y en su hoy rasgada bandera anticorrupción.

No cabe duda de que el plantón del llamado movimiento FRENAAA –que exige la renuncia del señor presidente- extendido ya a toda la plancha del zócalo capitalino, tiene molesto al inquilino de Palacio Nacional quien considera a las protestas callejeras como una herramienta de presión política que sólo es de su uso exclusivo; tenerlas frente al lugar donde habita y despacha le incomoda al máximo.

Pero también, es necesario destacarlo: quienes se oponen a López Obrador y su proyecto autollamado “cuarta transformación”, para nada son hermanos de la caridad. Son empresarios poderosos, intelectuales, científicos, columnistas nada lerdos, y políticos bastante diestros en toda clase de estratagemas, sin faltar, por supuesto, ciudadanos de a pie que han sido afectados.

Resulta, por lo tanto, necesario subrayar que las diferencias se ahondan cada día entre el jefe del Estado mexicano y los que discrepan de su tarea. En la medida que aumentan los rencores entre ambos grupos -tal como los ha dividido AMLO- y los agravios van al alza, así la intolerancia es alimentada a la espera sólo de que alguien prenda una mecha que cada vez parece más corta.

En marzo del 2018, durante la Convención Bancaria, el candidato López Obrador advirtió que, si sus oponentes en el gobierno se atrevían a realizar fraude electoral, él se iría a su rancho, pero a ver quién “amarraba al tigre”. La amenaza cobra vigencia y se puede aplicar en el sentido de que si encienden la hoguera de la intolerancia, a ver quién logra apagarla.

Y al mal ejemplo del lopezobradorismo, lo secundan y siguen al pie de la letra ciertos lacayos; basta con recordar al pedestre Paco Ignacio Taibo incitando a fusilar en el Cerro de las Campanas a quienes apoyaron la Reforma Energética; sí, ese mismo vulgar que presumió de “meterla doblada”. Pero en esta clase de aberraciones, don Andrés Manuel López Obrador, guarda un ominoso silencio.

STATU QUO

Por cierto, los afanes intolerantes de López Obrador no pasan desapercibidos en el mundo. Este domingo, el diario británico Financial Times, lo calificó en su editorial como la nueva figura del autoritarismo en América Latina.

@BTU15  

Deja un comentario